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Joshua Van defiende su título en UFC 331 y se consagra como rey de las 125 libras

Joshua Van sólo tiene 24 años, pero ya pelea como si llevara una década sentado en el trono. En la noche eléctrica de UFC 331, en el Crypto.com Arena de Los Ángeles, el campeón flyweight convirtió las dudas en ruido de fondo y firmó una defensa de título que huele a cambio de era.

Nueve meses después de aquel final anticlimático en UFC 323, cuando una lesión de brazo de Alexandre Pantoja a los 26 segundos apagó la pelea y encendió las críticas, el cinturón se puso realmente en juego. Esta vez no hubo accidentes, ni excusas, ni asteriscos. Hubo guerra.

Van se impuso por decisión unánime (49-46, 49-47, 50-45) tras cinco asaltos de ritmo salvaje, selló la segunda defensa de su cinturón flyweight y se afianzó como el nuevo rey de las 125 libras. El primer campeón nacido en Myanmar en la historia de UFC ya no vive de una etiqueta de promesa: vive como referencia.

De la “casualidad” al manifiesto

La narrativa que rodeaba al campeón era clara: muchos consideraban su primer triunfo sobre Pantoja un accidente, un título ganado por un giro cruel del destino y no por superioridad. El brasileño, leyenda de la división, llegó a la revancha aún considerado por muchos como el mejor libra por libra del mundo, mientras Van aparecía bastante más abajo en esos debates.

La tensión entre ambos había ido subiendo durante todo 2026. Cruces, reproches, cuentas pendientes. Todo eso estalló en 25 minutos de desgaste brutal, un combate que se metió de lleno en la conversación por Pelea del Año.

Pantoja, 36 años, ex campeón y veterano de mil batallas, salió a marcar territorio desde el primer segundo. Tiro de cadera perfecto, derribo limpio y Van al suelo. Fue el primero de los cinco takedowns que el brasileño consiguió en la noche. Parecía un aviso: el viejo rey aún sabía cómo dictar las normas.

Pero el Van de mayo, el que ganó el título ante Tatsuro Taira, no era el mismo Van que se vio en esta revancha. El campeón mostró una defensa de derribos afinada, fría, madura: frenó 11 de los 16 intentos de Pantoja y, cuando caía, se negaba a quedarse abajo. Se levantaba, peleaba las manos, giraba cadera, se escapaba. Minuto a minuto, el plan del retador empezaba a resquebrajarse.

El campeón en su elemento

En cuanto la pelea se mantuvo de pie, la noche cambió de dueño. Van se soltó. Empezó a lanzar combinaciones largas, a mezclar alturas, a castigar cuerpo y cabeza con un volumen que agotaría a cualquiera. No había golpes aislados: eran ráfagas, oleadas.

Tras un primer asalto en el que Pantoja acumuló tiempo de control y dejó claro que su lucha seguía siendo un arma seria, Van pisó el acelerador en el segundo y tercer round. Encontró el rango, encontró el timing y encontró la cara del brasileño una y otra vez. Abrió cortes, marcó el rostro de Pantoja y lo obligó a retroceder más de lo habitual.

Las cifras lo explican bien: Van conectó 259 golpes de 392 lanzados; Pantoja, 159 de 300. Entre ambos rozaron los 700 intentos de golpe. Un ritmo casi insostenible para una pelea de cinco asaltos. Y, sin embargo, ninguno de los dos quiso levantar el pie.

Pantoja, orgulloso, no se descompuso. En el cuarto asalto, cuando parecía que el campeón empezaba a escaparse en las tarjetas, el brasileño apretó los dientes y firmó su mejor ronda. Volvió al libreto original: derribo, control, castigo desde arriba. Se llevó a Van al suelo y lo mantuvo allí casi todo el asalto, descargando puños y codos desde la guardia y media guardia. El campeón absorbía, se encogía, sobrevivía. Pero no se rendía.

El mensaje era claro: si Van quería que el cinturón siguiera en su cintura, tendría que salir a arrancar el quinto asalto.

Un cierre de campeón

Van entendió el momento. Salió al último round como si el título estuviera empatado, como si todo dependiera de esos cinco minutos. Subió el ritmo, otra vez. Empezó a castigar a un Pantoja ya muy tocado, con el rostro abierto y las piernas cada vez más pesadas.

El clímax llegó con la única caída del combate: un uno-dos limpio, directo a la mandíbula, que mandó al brasileño al suelo. No fue un nocaut, pero sí una declaración. Pantoja, guerrero hasta el final, se levantó y siguió, pero la imagen quedó grabada: el joven campeón imponiendo su ley, el veterano intentando resistir en un mar de golpes.

Cuando sonó la campana final, Pantoja caminaba ensangrentado, tambaleante, pero orgulloso. Van, jadeando, sabía que acababa de firmar la actuación que llevaba un año buscando. La que borraba la palabra “fluke” de su currículum.

Las tarjetas de los jueces confirmaron lo que se había visto en la jaula: dominio creciente del campeón, con el brasileño arrebatando momentos, no el combate. Van levantó los brazos, ya sin necesidad de explicaciones.

Noche grande en UFC 331

La velada dejó mucho más que la consagración de Van.

  • En el peso ligero, Arman Tsarukyan necesitó apenas 4:56 del primer asalto para noquear con codos a Mauricio Ruffy. Una definición violenta, quirúrgica, que refuerza su condición de amenaza seria en la división.
  • En pluma, Patricio Pitbull liquidó a Doo Ho Choi por TKO a los 3:28 del primer asalto, recordando por qué su nombre pesa tanto en cualquier conversación sobre grandes de las 145 libras.
  • En los pesados, se produjo una sacudida monumental: Sean Sharaf noqueó a Gable Steveson con un solo puñetazo a los 12 segundos del primer asalto, una sorpresa histórica que puede cambiar el mapa de la división.
  • En semipesado, Alonzo Menifield se llevó una ajustada decisión dividida (29-28, 28-29, 29-28) ante Iwo Baraniewski, en una pelea cerrada que se decidió en detalles.
  • En las preliminares, Marlon Vera firmó un TKO sobre Charles Jourdain a los 2:02 del tercer asalto, mientras Robelis Despaigne se impuso por decisión dividida a Tai Tuivasa (29-28, 28-29, 29-28), en una noche amarga para el australiano, que igualó el récord histórico de derrotas en UFC. Michael Aswell Jr. superó por decisión dividida (28-29, 29-28, 29-28) a Joo Sang Yoo, y Ryan Gandra noqueó a Ozzy Diaz a los 2:04 del primer asalto.
  • En los primeros combates de la noche, Edmen Shahbazyan venció por decisión unánime a Brunno Ferreira (29-28, 29-28, 30-27), Casey O’Neill sometió a Eduarda Moura con un armbar a los 3:22 del primer asalto, y Joanderson Brito fulminó a Giga Chikadze por nocaut a los 1:57 del primer round.

Pero cuando las luces se apagaron en el Crypto.com Arena, la imagen que quedó flotando fue una: Joshua Van, 24 años, cinturón en la cintura, la cara marcada y la mirada de quien ya no tiene nada que demostrar, sólo cosas grandes por conquistar.

La división flyweight tiene nuevo monarca indiscutible. La pregunta ahora es quién se atreve a ir a por su corona.