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Katie Taylor: Despedida de Leyenda en Croke Park

Katie Taylor se marchó como viven los grandes campeones: ganando, mandando y dejando una imagen que quedará grabada en la memoria del boxeo. A los 40 años, la irlandesa cerró su carrera en un Croke Park abarrotado, más de 80.000 almas en Dublín, con una victoria a los puntos sobre la francesa Flora Pili y un nuevo hito: campeona indiscutida del peso superligero, sumada a su legado en el peso ligero.

No hubo drama en las cartulinas. Hubo dominio. Taylor estuvo más rápida, más precisa, más viva que su rival. Entró y salió, llegó antes con las manos, marcó el ritmo. Y cuando el combate se acercaba al final, apretó el acelerador una vez más: una última ráfaga de combinaciones, el público de pie, el ruido ensordecedor. Era la firma de la casa, una última demostración de lo que la convirtió en icono.

Se va con 26 victorias en 27 peleas profesionales, un oro olímpico y tres reinados indiscutidos en dos divisiones. Pero las cifras, por una vez, se quedan cortas.

El tributo de las campeonas

Las reacciones no tardaron. Algunas de las figuras más grandes del boxeo femenino se volcaron con Taylor, conscientes de que asistían al cierre de una era.

Caroline Dubois, campeona unificada del peso ligero, lo resumió con una frase que ya corre por las redes: “one of the best to ever do it”. Una de las mejores de todos los tiempos. La londinense, que creció viendo a Taylor abrir puertas que antes estaban cerradas, le dedicó un mensaje de gratitud y respeto, deseándole “felicidad, éxito y alegría” en la nueva etapa que comienza.

Desde Estados Unidos, Claressa Shields, que se autoproclama la “Greatest Woman of All Time”, se rindió también ante la irlandesa. Felicitación, reconocimiento y una imagen poderosa: Taylor merece “ride off into the sunset”, retirarse hacia el atardecer, habiéndolo ganado todo.

Alycia Baumgardner, campeona del superpluma, la definió con una palabra que se repite cuando se habla de Taylor: pionera. “Trailblazer”, escribió, alguien que abrió camino y preparó el escenario para todas las que hoy llenan carteleras y encabezados. “Qué legado”, añadió. “Ha sido un privilegio ver tu viaje desde el principio”.

Un adiós irrepetible

La noche en Croke Park tuvo algo de ceremonia nacional. Westlife sobre el escenario antes del combate, el estadio convertido en un santuario del deporte irlandés, y en el centro de todo, una boxeadora que nunca buscó el foco mediático pero terminó convertida en símbolo.

Carl Frampton, excampeón mundial, lo explicó con sencillez. Recordó que Taylor nunca ha disfrutado del escaparate, de la exposición constante, y sin embargo recibe una devoción pocas veces vista en el boxeo. Para el norirlandés, ella es distinta, especial, y no habrá otra igual.

Tony Bellew, excampeón del peso crucero, fue más allá al valorar el momento. Aseguró que en todos sus años siguiendo este deporte no había visto una despedida tan hermosa, tan adecuada, tan perfectamente alineada con la carrera de una campeona. A su juicio, Taylor se marcha como la mayor campeona de todas, y subrayó un detalle clave: abandona el ring como campeona indiscutida y por decisión propia. Algo al alcance de muy pocos.

Barry Jones, también excampeón mundial, se quedó con un instante concreto: los últimos 20 segundos. Esos intercambios veloces, ráfagas de golpes en combinación, la intensidad que definió sus grandes noches. Eso, dijo, es lo que uno recordará siempre de ella. Y así quiso cerrar su última pelea.

Las últimas imágenes

En las gradas, otra campeona, Mikaela Mayer, observaba de cerca. Lo que más le impactó no fue un golpe, ni una celebración, sino el gesto final: Taylor dejando sus guantes en el centro del ring. Un símbolo sencillo, casi silencioso, pero cargado de historia. Como si se cerrara un libro que todo el mundo ha leído, pero que nadie está preparado para terminar.

Taylor llevaba años soñando con pelear en Croke Park. Había dejado claro que quería ese escenario para el último capítulo. Lo consiguió. Y lo ganó. No hizo falta nada más.

Bellew, que la conoce bien, no ve margen para un regreso. “No hay manera”, aseguró al hablar de una posible vuelta al boxeo. La ve, eso sí, cerca de los cuadriláteros, guiando a las nuevas generaciones, aconsejando, ayudando desde la sombra a quienes intenten seguir sus pasos.

Porque Taylor se marcha del ring, pero no de la historia. Se aleja, como dicen sus compañeras, hacia ese atardecer que solo está reservado a los gigantes. Y la pregunta ya no es si alguien alcanzará sus números, sino si alguien será capaz de inspirar lo mismo que ella provocó en Croke Park cuando sonó la última campana.