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Katie Taylor se despide en Croke Park: una coronación perfecta

Katie Taylor eligió el escenario más grande y el final más arriesgado. Y lo convirtió en la noche más especial de su vida deportiva. A los 40 años, en un Croke Park repleto con 80.000 aficionados, la irlandesa cerró tres décadas de boxeo como amateur y profesional convirtiéndose en campeona indiscutida por tercera vez y firmando el epílogo soñado.

Delante estaba Flora Pili, invicta hasta ahora. Sobre el papel, un último escollo. En la realidad, un recital. Taylor la desbordó de principio a fin y se llevó una victoria unánime con tarjetas de 100-90, 100-90 y 98-91, un veredicto que reflejó con crudeza lo que había ocurrido en el ring: una campeona en pleno control, apurando las últimas gotas de su grandeza.

Una noche que supera incluso al oro olímpico

Taylor no dudó al poner esta velada por encima de todo lo demás. Y el listón era altísimo: oro olímpico en Londres 2012, cartel principal en Madison Square Garden, trilogía con Amanda Serrano. Nada, según ella, se compara a lo vivido en Dublín.

“Este fue definitivamente el punto culminante de toda mi carrera”, afirmó. “No pensaba que nada pudiera ser más grande que Londres 2012, y luego llegó MSG. No pensaba que nada pudiera superar aquella primera pelea con Serrano y ahora aquí estamos, en Croke Park”.

La frase que resume su legado llegó sin adornos: terminó “en la cima”, como sueña cualquier deportista. “En mis términos, y como campeona indiscutida. Era exactamente así como quería que terminara. Era tan importante para mí acabar bien”.

Caminata al ring de piel de gallina, dominio de principio a fin

La noche empezó a tomar forma mucho antes del primer golpe. La salida de Taylor al ring desató un rugido que se sintió más como un agradecimiento colectivo que como una simple bienvenida. Un país entero acompañando a su referente, consciente de que estaba asistiendo a algo irrepetible.

Cuando sonó la campana, el ambiente se transformó en concentración absoluta. Taylor marcó el ritmo, manejó la distancia, castigó con precisión y negó a Pili cualquier atisbo de esperanza. Diez asaltos de control, de experiencia y de una competitividad que no entiende de despedidas suaves.

El cierre fue puro instinto competitivo. En los últimos diez segundos, la irlandesa se lanzó a un asalto total, como si fuera el primer combate de su vida y no el último. El público se levantó, rugió con cada golpe. Cuando sonó la campana final, Taylor sonrió, abrazó a su rival y supo que aquellos habían sido sus últimos puños como profesional.

“Esta noche fue todo lo que esperaba y más”, confesó después. “Por suerte pude controlar mis emociones, porque estuve emocionándome toda la semana hablando de este evento. Los últimos meses de preparación fueron muy emotivos. Pero la atmósfera fue tan especial… más allá de mis sueños más salvajes. Increíble”.

Un país detrás de su campeona

Lo que se vivió en Croke Park fue también un retrato de Irlanda. De su manera de abrazar a sus héroes y heroínas. De su vínculo con Taylor.

“Creo que no hay otro país en el mundo que venda 80.000 entradas para una atleta femenina”, subrayó. “Estoy convencida de que Irlanda es el único país que lo haría. Qué forma de terminar este viaje increíble”.

Esa palabra, “viaje”, le sirve para abarcar una vida entera en el boxeo. Empezó con un sueño muy concreto: ser campeona olímpica. Lo consiguió. Y luego llegó una década inolvidable en el profesionalismo. “Estos últimos 10 años han estado más allá de mis sueños más salvajes. Han sido 10 años notables”.

Eddie Hearn: “La mejor deportista irlandesa de todos los tiempos”

Eddie Hearn, visiblemente impactado por lo vivido, no escatimó elogios cuando habló para DAZN. Para el promotor, lo de Croke Park no fue solo una gran velada: fue la mejor atmósfera que ha visto el boxeo.

“Entramos en este evento diciendo que sería la mejor atmósfera y la mejor ocasión que el boxeo haya visto, y Croke Park, lo lograste esta noche”, afirmó. “Había 83.000 personas aquí y siguen aquí. Esto se hizo para hacer algo que no habíamos hecho antes. Esta es una mujer que se negó a aceptar un no por respuesta y golpeó todas las puertas. Es la mejor deportista irlandesa de todos los tiempos. Ella hizo que esto sucediera. Lo hizo porque toda la nación la apoyó con orgullo”.

Un final que parece un principio

Taylor se marcha como quería: invicta en espíritu, dueña de su historia, campeona indiscutida y con un estadio mítico a sus pies. No hay revancha pendiente ni duda por resolver. Solo una carrera que se cierra en el punto más alto posible.

No todos los grandes saben irse. Ella sí. Y lo hizo en casa, con 80.000 voces empujando cada paso hacia el adiós. El boxeo irlandés, y el boxeo mundial, tardarán mucho en ver otra despedida así. La pregunta ya no es qué más podía ganar Katie Taylor.

La pregunta, ahora, es cuánto tiempo tardará el deporte en encontrar a alguien capaz de llenar un vacío tan grande.