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Katie Taylor se despide en Croke Park: una noche histórica

Katie Taylor eligió el único escenario capaz de estar a la altura de su carrera. Croke Park, 80.000 almas en las gradas, una Francia invicta enfrente y una Irlanda entera contenida en un solo apellido. La irlandesa, a los 40 años, cerró el círculo con una victoria rotunda ante Flora Pili y convirtió su despedida en una ceremonia nacional.

No hubo espacio para la duda. Ni para la nostalgia durante los asaltos. Taylor dominó de principio a fin los diez rounds y se llevó una decisión unánime que no admitía discusión: 100-90, 100-90 y 98-91 en las cartulinas. Control del centro del ring, ritmo, precisión y esa mezcla de fiereza y serenidad que la ha acompañado durante casi dos décadas en la élite.

Pili, que llegaba invicta (12-0 hasta anoche), descubrió demasiado pronto lo que significa enfrentarse a una leyenda en su casa. La francesa intentó ajustar la distancia, buscó sorprender con ráfagas aisladas, pero chocó una y otra vez contra el oficio de Taylor, que manejó los tiempos con una frialdad casi quirúrgica. Cada intento de rebelión encontraba respuesta inmediata. Cada atisbo de reacción, un directo que la devolvía a la realidad.

Con este triunfo, Taylor (26-1) se marcha como campeona indiscutida del superligero. Sumó el cinturón vacante del WBC a los que ya poseía de la WBO, WBA e IBF en las 140 libras (63,503 kg). Se va en la cima, con todos los títulos sobre la mesa y sin dejar interrogantes deportivos.

La escena posterior al combate fue puro símbolo. Taylor dejó sus guantes en el centro del ring, mientras su equipo colocaba los cinturones a su alrededor, como si rodearan una cápsula del tiempo. El cuadrilátero, convertido por unos minutos en altar. El estadio, en una ovación sostenida.

Cuando tomó el micrófono, el rugido se volvió himno. “Croke Park! We did it! The people of Ireland gave me a dream ending to a dream career. Nothing can top this. Without a doubt, this was the crowning moment of my entire career”, proclamó ante un público que sabía que estaba asistiendo al último capítulo de una historia que empezó mucho antes de las luces y las cámaras.

Porque el viaje de Katie Taylor no comenzó en los grandes pabellones ni en las noches de pago por visión. Empezó cuando las niñas no podían competir como amateurs en Irlanda y ella se veía obligada a inscribirse como “K Taylor” para poder subirse a un ring. De ahí, al oro olímpico en Londres 2012, en el debut del boxeo femenino en unos Juegos. De ahí, a cambiar para siempre la percepción del boxeo de mujeres.

Su carrera profesional arrancó en 2016 y desde entonces construyó un legado casi sin fisuras: 26 victorias, 6 de ellas por KO, y una sola mancha en el récord, la derrota ante la estadounidense Chantelle Cameron el 20 de mayo de 2023, cuando subió al superligero tras haber arrasado en el ligero. Aquella noche en el 3Arena de Dublín pareció, por un instante, el inicio del declive. Medio año después, en el mismo escenario, Taylor ajustó cuentas y se cobró una revancha completa, como si se negara a dejar cabos sueltos.

En paralelo, dejó grabada a fuego la trilogía frente a Amanda Serrano. Tres combates, tres victorias para la irlandesa, con un punto de inflexión histórico: abril de 2022, Madison Square Garden, el primer combate femenino en encabezar una velada en el mítico recinto neoyorquino. Aquella noche abrió puertas; la de Croke Park las cerró con llave.

La pelea ante Pili no tuvo la épica dramática de otros capítulos de su carrera, pero sí el peso de las grandes despedidas. Taylor manejó la distancia, castigó con combinaciones limpias y evitó el intercambio desordenado. No necesitaba demostrar valentía; eso ya lo había hecho durante años. Lo que ofreció fue control, maestría y una última lección de cómo se gobierna una pelea grande.

Cuando sonó la campana final, la emoción ya no pudo esconderse. Taylor levantó los brazos, pero su gesto no fue de desafío, sino de gratitud. Croke Park respondió como si acabara de ganar un Mundial. No era solo una victoria. Era el cierre de una era.

De la niña que tenía que ocultar su nombre para boxear a la mujer que llenó Madison Square Garden y Croke Park. De la pionera olímpica a la campeona indiscutida que decide irse en sus propios términos. Katie Taylor deja el ring con todos los cinturones alineados y una certeza: quien quiera ocupar su lugar no solo tendrá que ganar títulos, también tendrá que cambiar el deporte como ella lo hizo.

La pregunta ya no es qué más podía lograr. La verdadera incógnita es cuánto tiempo pasará hasta que el boxeo femenino vuelva a ver una figura con un impacto semejante.