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Leclerc se estrella en Monza y provoca bandera roja para Ferrari

El rugido de Monza se convirtió en un suspiro ahogado en apenas dos vueltas. Charles Leclerc, el hombre llamado a encender el tifosi, terminó contra las barreras de la Parabólica y dejó a Ferrari sin una de sus cartas principales en el Gran Premio de Italia.

Todo se torció al final de la segunda vuelta. Leclerc defendía con uñas y dientes la cuarta posición frente al McLaren de Oscar Piastri cuando el Ferrari se le descolgó de atrás en pleno apoyo, a altísima velocidad, en la rapidísima derecha de la Parabólica. Un latigazo de sobreviraje, el coche se cruzó y salió disparado hacia las protecciones exteriores.

El impacto fue duro, seco, de esos que hacen contener la respiración en la grada. El Monegasco dio varias vueltas sobre sí mismo antes de acabar incrustado en las barreras, pero logró salir por su propio pie. Caminó hacia el coche médico, visiblemente contrariado, mientras el circuito entero trataba de asimilar el golpe deportivo y emocional para Ferrari en su carrera de casa.

La dirección de carrera sacó primero el coche de seguridad, pero el daño en las protecciones obligó a ir más allá: bandera roja. Los operarios necesitaban tiempo para reparar las barreras y garantizar la seguridad antes de relanzar la prueba.

Para Ferrari, el accidente llegaba después de un arranque ya turbulento. En la salida, Leclerc había empujado a su compañero Lewis Hamilton fuera de pista, lo que dejó al británico relegado al octavo lugar. El incidente encendió al siete veces campeón, que explotó por radio: “Charles pushed me off”. Los comisarios, sin embargo, decidieron no abrir investigación.

Mientras tanto, al frente de la carrera, el guion también sorprendía. George Russell heredó el liderato con el Mercedes, superando al inesperado poleman Pierre Gasly con el Alpine. Por detrás, se alineaban Max Verstappen y Franco Colapinto, listos para atacar en la resalida.

Leclerc fue trasladado al centro médico del circuito para someterse a controles de precaución, obligatorios tras un golpe de esa magnitud. Las pruebas trajeron al menos una buena noticia para Ferrari: fue declarado apto y sin lesiones.

La pausa abrió una ventana estratégica. Con la bandera roja, los equipos pudieron cambiar neumáticos durante la interrupción, preparando el terreno para una nueva carrera a partir de las 15:39 hora local, esta vez con salida detenida de nuevo en la parrilla.

Entre tanto caos, el campeón del mundo y líder del campeonato, Kimi Antonelli, tejía su propia remontada silenciosa. Penalizado en la parrilla por un cambio de motor, había arrancado 19º y ya se había abierto camino hasta la 12ª posición cuando llegó la interrupción. Una escalada que dejaba claro que todavía quería tener algo que decir en Monza.

Cuando las luces volvieron a ser protagonistas en la recta principal, el rugido de la grada ya no tenía a Charles Leclerc como bandera. Ferrari, una vez más, se veía obligado a levantarse del golpe en el templo de su propia historia. Monza no perdona. Y esta vez, tampoco tuvo piedad con su hijo predilecto.