logo

Naomi Osaka brilla en Nueva York: triunfo en tercera ronda

Naomi Osaka necesitó algo más que talento para seguir con vida en el US Open. Necesitó orgullo. Y un parón a tiempo. La japonesa, dos veces campeona en Flushing Meadows, se levantó de un serio bache en el segundo set para imponerse a Katerina Siniakova por 6-2, 5-7 y 6-1, y sellar su pase a la tercera ronda, donde le espera la cabeza de serie número 23, Elise Mertens.

Durante una hora, todo pareció bajo control. Osaka, de 28 años, volvió a pisar Arthur Ashe Stadium con el aura de las grandes noches. El martes había llamado la atención con un atuendo inspirado en Allen Iverson; este jueves apareció con un vestido blanco bordado con raquetas de tenis, una mezcla de elegancia y mensaje: estoy de vuelta, y quiero que se note.

En la pista, al principio, lo reflejó el marcador. Dominó el primer set en apenas media hora, 6-2, imponiendo su potencia habitual desde el fondo y manejando el ritmo a su antojo. Cuando rompió el servicio para ponerse 4-2 en el segundo parcial, el encuentro apuntaba a trámite. Osaka servía con autoridad, mandaba en los intercambios y la número uno del mundo en dobles sufría para sostenerse.

Entonces, el partido se torció.

Con 5-3 y saque para cerrar el duelo, Osaka encadenó errores y dejó escapar cuatro juegos consecutivos. De los 29 errores no forzados que cometió en todo el encuentro, 20 llegaron en ese segundo set. Su consistencia se evaporó justo cuando olía la victoria. Siniakova, competitiva y valiente, se agarró al partido, castigó cada titubeo y aprovechó la cadena de cuatro roturas seguidas para llevarse el parcial por 7-5.

Arthur Ashe se quedó en silencio unos segundos. Osaka también. La japonesa abandonó la pista para tomarse un respiro en el vestuario. Necesitaba resetear la cabeza más que las piernas.

El efecto fue inmediato.

A su regreso, la versión que había dominado el primer set reapareció, esta vez con un punto más de determinación. Osaka ajustó miras, redujo riesgos innecesarios y volvió a pegar con claridad. Siniakova ya no encontró las mismas rendijas. El tercer set se convirtió en una exhibición de autoridad: 6-1, ganando seis de los últimos siete juegos del partido y cerrando la cita en dos horas y dos minutos.

La propia Osaka reconoció ante el público de Arthur Ashe que el duelo había sido “realmente duro” y que se había castigado demasiado tras las oportunidades perdidas en el segundo set. Esa dureza consigo misma se notó en la pista. El parón en el baño, confesó, le sirvió para reagruparse y regresar con una consigna simple: salir sin arrepentimientos.

Lo consiguió. No fue un triunfo limpio ni lineal, pero sí uno de esos partidos que marcan carácter. Osaka ya está en tercera ronda y, frente a Elise Mertens, el examen subirá de nivel. La cuestión ahora es clara: ¿hasta dónde puede llegar en un torneo que ya siente como su casa?