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Novak Djokovic: El mentor inesperado en el circuito

Novak Djokovic siempre ha vivido en el filo. Idolatrado por millones, cuestionado por otros tantos. Deportado de Australia, descalificado del US Open 2020, convertido en símbolo de resistencia para unos y de polémica permanente para otros. Pero lejos de los focos, en los pasillos y en las pistas de entrenamiento, la historia cambia de matiz.

Ahí aparece otro Djokovic. Uno que, según quienes trabajan con él a diario, no encaja en el molde del villano fácil.

El mentor inesperado del vestuario

Carlos Costa, su fisioterapeuta, lo ve de cerca. Y lo que cuenta rompe con la caricatura del campeón frío y distante.

“Le encanta ayudar a los jugadores jóvenes. Muchas veces para el entrenamiento para dar consejos a otros jugadores, incluso a aquellos contra los que compite en el circuito”, relata Costa. No es una escena aislada. Es rutina.

Hace poco, Felix Auger-Aliassime se le acercó para pedirle orientación. Djokovic no dudó. Lo mismo ocurrió con Joao Fonseca. Rival hoy, alumno por unos minutos en la pista de entrenamiento. “La gente no tiene ni idea de cuánto ayuda a otros jugadores”, insiste el fisio.

Este año, el serbio se ha cruzado con ambos en Grand Slams. En Wimbledon, Djokovic sobrevivió a un maratón de cuartos de final ante Auger-Aliassime: 7-6, 3-6, 6-3, 6-7, 7-6. En Roland Garros, fue Fonseca quien dio el golpe, remontándole en tercera ronda: 4-6, 4-6, 6-3, 7-5, 7-5.

Ni la victoria ni la derrota cambian el patrón: Djokovic aconseja antes, durante la gira, y después, cuando las cámaras ya no apuntan.

Y no solo con quienes comparte cuadro. La joven estadounidense Iva Jovic también ha recibido indicaciones directas del 24 veces campeón de Grand Slam. No es el tipo de gesto que mejora su palmarés. Pero sí habla de cómo entiende el oficio: dejar algo al deporte que lo ha hecho todo.

La próxima vez que se ponga en duda su carácter, conviene preguntarse cuántos de los jugadores a los que se anima desde el sofá han pasado antes por una charla privada con el serbio.

Un obseso del detalle que no deja pasar nada

Costa va más allá del lado humano. Lo que más le impresiona es la intensidad diaria de Djokovic, su manera de exprimir cada minuto de trabajo.

“No he visto nunca nada como Novak Djokovic. Su visión, lo que pone cada día en la pista, su intensidad”, explica. Ha tratado a otros deportistas de élite, ha visto dedicación extrema, pero no con esta constancia. No con esta vigilancia casi obsesiva del detalle.

Hasta el tiempo que tarda el equipo en alcanzarle la toalla importa. Si algo se sale del plan, hay fricción. Nada se deja al azar. Djokovic convierte la rutina en laboratorio.

“Llega incluso a crear pruebas dentro del equipo para comprobar si realmente estamos buscando las mejores estrategias de recuperación y ofreciendo los mejores tratamientos”, cuenta Costa. No es una figura de autoridad que delega y se desentiende. Es un supervisor permanente.

Un ejemplo lo resume todo. En un momento dado, Djokovic preguntó por qué Jannik Sinner hacía entrenamientos específicos de visión y él no. No lo dejó pasar como una curiosidad. Lo convirtió en un reto para su propio equipo.

Costa, que se forma con fisioterapeutas de otros deportes y busca actualizarse de manera constante, admite que el impulso suele venir del propio jugador: Djokovic ve un vídeo, observa algo en el vestuario, detecta un ejercicio distinto… y lanza la pregunta incómoda: “¿Por qué nosotros no hacemos eso?”. Y la respuesta no puede tardar. El margen de reacción, en su universo, es mínimo.

La sombra de Sinner y la carrera por el 25º grande

No es casual que Sinner aparezca en el radar de Djokovic. El italiano es el número uno del mundo, ha levantado cinco Grand Slams desde el último título grande del serbio y domina el cara a cara entre ambos por 7-5. Este año, además, lo superó con autoridad en Wimbledon.

Djokovic, a los 39 años, ya no juega solo contra sus rivales. Juega contra el tiempo, contra la nueva generación y contra la exigencia de sostener un estándar que él mismo ha elevado.

Si quiere volver a la cima del tenis masculino y alcanzar ese esquivo 25º Grand Slam, necesitará cada pequeño margen. Cada ejercicio nuevo. Cada ajuste en la recuperación. Cada conversación técnica que arranque en un vestuario cualquiera.

Su próximo paso será en Pekín, en el China Open, donde reaparecerá tras el US Open el lunes 28 de septiembre. Allí comenzará otra prueba: la de demostrar si, en un circuito que ya mira a Sinner como referencia, todavía hay espacio para que el viejo maestro vuelva a dictar lecciones.