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Pakistán sacude el equipo tras desastre en Inglaterra

Pakistán ha reaccionado a su hundimiento en la serie ante Inglaterra con un golpe de timón tan drástico como insólito: siete jugadores fuera, cinco debutantes convocados y el seleccionador principal relevado antes del último Test.

La gira, hasta ahora, ha sido un calvario. Dos derrotas abrumadoras en los dos primeros Tests, un equipo superado en todas las fases del juego y una estadística demoledora: cuatro entradas, cuatro veces por debajo de los 200 runs. Con ese telón de fondo, la federación ha decidido dinamitar el plan inicial antes del tercer y último duelo en Edgbaston, que arranca el 9 de septiembre.

Siete sacrificados, cinco caras nuevas

El hachazo a la plantilla es contundente. Muhammad Rizwan, Imam-ul-Haq, Salman Ali Agha, Ali Usman y Khurram Shahzad, todos con participación en la serie, han sido descartados para el Test de Birmingham. Aamir Jamal y Muhammad Awais Jafar ni siquiera han tenido la opción de debutar: también han sido enviados de regreso a casa sin jugar un solo over.

En su lugar, llega una oleada de cambios. Saim Ayub y Abdullah Fazal, bateadores con experiencia previa en Test cricket, regresan al grupo para reforzar una alineación que no ha encontrado respuestas ante el ataque inglés. Junto a ellos, un bloque de cinco jugadores sin estrenar en este formato que encarna la apuesta por el riesgo.

El spin-bowling all-rounder Arafat Minhas, el seamer zurdo Mohammed Imran Jr, el wicketkeeper Said Baig y los all-rounders Mohammad Imran y Razaullah reciben su primera llamada para un Test. Un salto directo al fuego de Edgbaston, con la serie ya perdida pero con la reputación en juego.

No se trata de un simple ajuste. Es una purga deportiva en toda regla, algo prácticamente inaudito en mitad de una serie fuera de casa.

Terremoto en el cuerpo técnico

El temblor no se detiene en el vestuario. Sarfaraz Ahmed, seleccionador principal en esta gira, y su asistente Umar Gul han sido liberados de sus funciones antes del tercer Test. La federación recurre ahora al técnico de white-ball, Mike Hesson, que asumirá el mando para el cierre de la serie, acompañado por el ex seamer australiano Ashley Noffke.

El mensaje es claro: la dirección considera inaceptable lo visto en Headingley y Lord’s. En el primer Test, derrota por una entrada. En el segundo, caída por 194 runs. En ambos, la misma imagen: un equipo sin capacidad de resistencia, incapaz de construir entradas largas y siempre a remolque.

Cuando una selección se desploma así, las críticas suelen centrarse en la ejecución. Esta vez, Pakistán ha ido mucho más allá. Ha puesto en cuestión el proyecto entero en pleno tour.

Un historial de decisiones extremas

El movimiento, por radical, encaja con una tradición reciente. Pakistán ya ha demostrado otras veces que no teme decisiones extravagantes tras un golpe deportivo.

En la última visita de Inglaterra a Pakistán en 2024, los locales respondieron a una derrota histórica en el primer Test —con los ingleses superando los 800 runs en total— con una maniobra que dejó perplejo al mundo del cricket: disputar el segundo Test en Multan sobre el mismo pitch.

Aquel experimento rozó lo surrealista. Para acondicionar la superficie y favorecer a sus spinners, el staff local recurrió a calefactores de jardín y ventiladores para secar y modificar el comportamiento del terreno. Contra todo pronóstico, la apuesta salió bien. Pakistán ganó los dos siguientes Tests y se llevó la serie 2-1.

Ese recuerdo planea ahora sobre Edgbaston. Entonces, la osadía cambió una historia que parecía escrita. Hoy, la federación vuelve a romper el molde con una remodelación masiva del equipo y del cuerpo técnico.

La pregunta es si esta vez el giro brusco devolverá a Pakistán al camino competitivo o si el tercer Test en Birmingham quedará como el símbolo de una crisis más profunda. El veredicto llegará en el césped de Edgbaston.