Pakistán conquista el bronce en críquet: victoria ante Bangladesh
La selección femenina de críquet de Pakistán se marchó de Nisshin con algo más que una medalla de bronce en el cuello. Se fue con una reivindicación. Victoria por 31 carreras ante Bangladesh en los Juegos Asiáticos y cierre perfecto a un torneo que la devuelve al podio continental.
Marcador final: Pakistán 145/8 - Bangladesh 114/7
Fatima Sana, capitana y martillo
Pakistán tambaleaba. Cinco wickets abajo con solo 67 en el tablero. El partido se inclinaba peligrosamente hacia el lado de Bangladesh cuando apareció la capitana.
Fatima Sana cambió el tono del encuentro con una entrada de puro liderazgo: 45 carreras en 30 bolas, tres fours y tres sixes, todos cargados de intención. No fue una acumulación tranquila; fue un contraataque.
A su lado, Aliya Riaz sostuvo la reconstrucción con 25 en 22 bolas. Juntas levantaron una asociación de 67 carreras en 43 entregas que dio la vuelta al guion. De un 67/5 frágil a un 145/8 competitivo. Esa fase media-alta del innings fue el corazón de la medalla.
Cuando cayó el último wicket, el total no parecía inalcanzable. Pero sí lo bastante incómodo como para exigir carácter a la persecución de Bangladesh.
Golpe temprano: Umm-e-Hani y Tasmia Rubab abren la herida
La respuesta de Pakistán con la bola fue inmediata. No hubo fase de estudio. Hubo asalto.
Umm-e-Hani y Tasmia Rubab se lanzaron sobre el top order de Bangladesh y, en apenas cinco overs, el marcador ya estaba contra las cuerdas: 20/3. Un inicio demoledor que marcó el tono del resto del encuentro.
Umm-e-Hani firmó la actuación de su vida en el formato. Cuatro overs, tres wickets, solo 10 carreras concedidas y un over en blanco con wicket incluido. Su mejor registro en Twenty20 internacionales, y en un partido por medalla. No se puede elegir mejor momento.
Cada dot ball aumentaba la presión. Cada wicket añadía peso al total de Pakistán. El bronce empezaba a tomar forma.
Resistencia de Bangladesh… pero sin remate
Bangladesh, sin embargo, se negó a rendirse. Con la parte alta del orden destrozada, necesitaba un ancla. Lo encontró en Sharmin Akhter.
Akhter terminó invicta con 46 carreras en 45 bolas, sosteniendo una persecución que nunca terminó de despegar del todo, pero que tampoco se derrumbó por completo. A su lado, la capitana Nigar Sultana aportó 25. Entre ambas construyeron una asociación de 47 carreras para el cuarto wicket que dio un respiro al equipo y mantuvo viva la esperanza.
El problema fue el ritmo. Mientras el required rate subía, el tablero de Bangladesh no aceleraba lo suficiente. Las manos pakistaníes no temblaron en los overs finales, y la persecución se fue apagando.
Fatima Sana, que ya había marcado el partido con el bate, volvió a aparecer con la bola para despedir a Ritu Moni y elevar su cuenta a 31 wickets en Twenty20 internacionales en 2026. Una cifra que encaja con la imagen que dejó en Nisshin: capitana, ejecutora y referencia.
Al final, 114/7. Cortas por 31. Demasiado lejos del objetivo como para hablar de remontada épica. Demasiado cerca como para no pensar en lo que pudo ser con un arranque menos traumático.
Un bronce con peso histórico
La medalla no es una más en el palmarés de Pakistán. Es la tercera presea en Juegos Asiáticos para el equipo femenino, que ya sabe lo que es tocar el techo del torneo: oro en 2010 y oro en 2014.
Esta vez el color es distinto, pero el contexto también. En los Juegos Asiáticos de 2022 en Hangzhou, en el duelo por el bronce, Bangladesh había sido verdugo de Pakistán. Ahora, en Nisshin, el guion se invirtió. Mismo escenario competitivo, rival cambiado de lado y una victoria que suena a revancha deportiva.
El camino hasta este podio no fue sencillo. Pakistán superó a Tailandia por tres wickets en cuartos de final, un aviso de que el margen de error era mínimo. En semifinales, se topó con un muro llamado Sri Lanka, que se impuso por ocho wickets y envió a las pakistaníes al partido por el tercer puesto.
Ahí, con la obligación de no marcharse de vacío, el equipo respondió.
El oro, esta vez, viajó a India, que arrasó a Sri Lanka con una final descomunal: 216/3 frente a apenas 69. Un resultado que marca la vara de medir en la región y eleva el nivel de exigencia para todas las demás.
Pakistán, con este bronce, vuelve a la conversación. No es el techo que ya conoció en 2010 y 2014, pero sí una señal clara: sigue ahí, compitiendo, golpeando fuerte cuando cuenta. La pregunta es obvia: ¿será este podio el punto de partida para volver a pelear por el oro en la próxima edición?






