Russell lidera el caos en Monza tras el accidente de Leclerc
El semáforo se apaga en Monza y el caos no tarda ni una curva en aparecer. La Italian GP 2026 arranca con Pierre Gasly defendiendo con uñas y dientes su primera pole, George Russell lanzado a por él y un viejo conocido, Lewis Hamilton, descolocado en la grava tras un cuerpo a cuerpo con Charles Leclerc en la primera chicane. El “Templo de la Velocidad” no espera a nadie.
Gasly se cruza con decisión hacia el interior para proteger el liderato. Russell mide, Hamilton se ve empujado fuera de la trazada en la frenada de la Variante del Rettifilo y pierde terreno de inmediato. Por detrás, Oscar Piastri se bate rueda a rueda con Max Verstappen en la segunda chicane, pero el neerlandés aguanta por fuera, mantiene la posición y clava la mirada en el Ferrari de Leclerc. El Red Bull huele sangre desde el primer giro.
Gasly aguanta, pero Russell no perdona
En la resalida tras el coche de seguridad, el pulso por el liderato se convierte en una partida de ajedrez a 330 km/h. Gasly resiste las primeras acometidas, pero Russell no se conforma con mirar el alerón trasero del Alpine. El británico de Mercedes prepara el ataque, estudia el rebufo y, cuando llega el momento, ejecuta.
Russell se lanza con decisión hacia la chicane, frena tarde, firme, y se abre paso por el interior. Adelantamiento limpio, contundente. El Mercedes se coloca en cabeza y Monza toma nota: el aspirante al título no está aquí para sumar puntos, está aquí para recortar a Kimi Antonelli como sea.
Gasly intenta responder, pero pronto tiene que mirar también por los retrovisores. Leclerc se suma a la fiesta en la frenada de la chicane, le arrebata la posición… solo por unos metros. El francés contraataca en plena Curva Grande, traza con más velocidad y recupera el segundo puesto. Un golpe de autoridad en uno de los puntos más rápidos del calendario.
Verstappen ataca donde casi nadie se atreve
Mientras tanto, Verstappen acecha. El tricampeón no suele desperdiciar oportunidades, y esta vez el escenario es de los que marcan carrera: la variante Ascari. No es el lugar habitual para un adelantamiento, pero Verstappen no suele seguir el guion.
Se pega al Ferrari de Leclerc, sale mejor lanzado y se tira por el interior en la aproximación a Ascari. Pasa. Maniobra quirúrgica, de altísimo riesgo, pero ejecutada con la frialdad de siempre. El Red Bull supera al ídolo local y se mete en la lucha directa por el podio. El público se queda sin aliento. Leclerc, tocado en lo anímico, empieza a defender más que a atacar.
Piastri, que no se ha desconectado en ningún momento, ve el hueco mental y deportivo. El piloto de McLaren olfatea la debilidad del Ferrari y se le echa encima camino de la Parabolica. El australiano aprieta, se enseña en los espejos, obliga a Leclerc a forzar más de la cuenta.
El golpe de la tarde: brutal accidente de Leclerc
Y entonces, Monza se queda helada.
A la salida de la Parabolica, el Ferrari de Leclerc pierde la zaga de forma súbita. El coche se descontrola en el límite exterior de la curva, se cruza y se va contra el muro de lado, con una violencia que corta el aire en la grada. Un impacto enorme. Chispas, fibra de carbono volando y un silencio instantáneo.
El monoplaza rebota destrozado, pero el monegasco consigue salir por su propio pie. Camina despacio, se aparta del coche y se queda solo unos segundos, la mirada perdida, hundido. El golpe ha sido durísimo, pero físicamente está bien. Deportivamente, un mazazo en casa.
El coche de seguridad entra de inmediato y, poco después, Dirección de Carrera muestra la bandera roja. El muro ha quedado seriamente dañado y la reparación no admite prisas. El Gran Premio se detiene.
Bandera roja y nuevo orden: Russell manda, Antonelli remonta
Con la carrera parada, el momento sirve para tomar aire y revisar el tablero. Russell lidera por delante de Gasly, con Verstappen ya instalado en el tercer puesto. Franco Colapinto ha aprovechado el caos inicial y se ha colocado cuarto, por delante de Piastri, que se había quedado atrapado en la batalla con Leclerc justo antes del accidente.
La sorpresa agradable para muchos está en la zona media: los dos Haas se han colado en el top 10, con Oliver Bearman por delante de Esteban Ocon. Gabriel Bortoleto rueda 11º, justo delante de Kimi Antonelli, que ha iniciado una remontada furiosa desde el 19º puesto de la parrilla. El líder del campeonato avanza con calma, pero con una determinación evidente.
Liam Lawson también firma una escalada notable: partía desde el pit lane y ya está 15º cuando se muestra la bandera roja. El pelotón se reordena, los ingenieros revisan datos y los mecánicos se preparan para un segundo inicio encubierto.
Un Monza cargado de historia… y de presión
Todo esto ocurre en un escenario cargado de simbolismo. Se cumplen 30 años de la primera victoria de Michael Schumacher con Ferrari en Monza, y el circuito se ha vestido de nostalgia. Rubens Barrichello y Sebastian Vettel han devuelto a la pista el rugido del Ferrari F2002, ese V10 que ayer pilotó el brasileño y que hoy ha llevado el alemán en una vuelta de exhibición que ha erizado la piel a más de uno en las gradas.
Pero la historia no concede ventajas. Ferrari llegó con una clasificación decepcionante y con la obligación moral de ofrecer un triunfo en casa. La salida de Leclerc de escena, con ese accidente brutal, golpea de lleno el relato de la Scuderia en su propio templo.
Del otro lado del garaje, la presión cambia de nombre: Pierre Gasly, con su primera pole, sueña con convertirla en su segunda victoria en F1. Russell, mientras tanto, ve la oportunidad dorada de recortar su desventaja en el campeonato frente a Antonelli, que todavía pelea desde el tráfico.
Monza, repleto hasta la bandera, contiene la respiración. La carrera está detenida, el muro se repara, los ingenieros redibujan estrategias. Russell al frente, Gasly resistiendo, Verstappen al acecho, Colapinto y Piastri listos para pescar en río revuelto, Antonelli remontando desde atrás.
Cuando se reanude la acción, la pregunta será sencilla y brutal: ¿aguantará el líder… o el “Templo de la Velocidad” dictará otra sentencia inesperada?






