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Ryan Garcia y Jai Opetaia brillan en Las Vegas

En una noche cargada de pólvora en Las Vegas, dos hombres salieron del ring con algo más que cinturones. Ryan Garcia y Jai Opetaia se marcharon con autoridad, con mensaje y con rivales mirando de reojo.

Garcia, TKO brutal y nueva arma en su repertorio

El combate estelar duró lo que tarda un error en pagarse caro. Conor Benn apenas tuvo tiempo de asentarse cuando la potencia y la velocidad de Ryan Garcia le pasaron por encima.

Ya en el primer asalto, el aviso fue claro. Un gancho de izquierda de Garcia hizo tambalear al inglés. Benn reaccionó con orgullo, siguió avanzando, pero el campeón del WBC welterweight había olfateado sangre y empezó a vaciar el tanque con series agresivas, algunas descontroladas, dejando su mentón expuesto y regalando opciones de contragolpe.

Parecía un riesgo innecesario. Hasta que llegó la derecha.

En el segundo asalto, Garcia sorprendió a todos con un derechazo demoledor que envió a Benn a la lona. No fue su icónico gancho de izquierda. Fue una derecha “ridícula”, como se describió en la retransmisión, que evidenció que el mexicano-americano no es unidimensional. Se levantó Benn, pero ya estaba atrapado.

Garcia olió el final y se lanzó sin piedad. Encerró a su rival contra las cuerdas y descargó una combinación feroz mientras el inglés se encorvaba, intentando cubrirse como podía. El árbitro intervino y detuvo la pelea, decretando un TKO en el segundo asalto que desató la polémica en algunos sectores por la aparente rapidez de la parada.

Las repeticiones no dejaron mucho margen a la duda: Benn estaba muy tocado, con daños serios y sin salida clara de aquella tormenta. La agresividad de Garcia fue tan contundente como su mensaje al resto de la división.

Con el oro del WBC bien sujeto, el californiano apuntó a lo más alto del peso welter. Pronunció los nombres de Teofimo Lopez y Devin Haney, otros campeones en la categoría, dejando claro que quiere unificar y que se siente el hombre más peligroso en las 147 libras.

Curiosamente, un nombre quedó fuera de su radar público: el australiano Liam Paro, flamante campeón del IBF tras coronarse este año en casa. Paro se cuela ya en un grupo de élite con Garcia, Lopez y Haney. Un cuarteto que convierte el peso welter en uno de los territorios más salvajes del boxeo actual.

En la arena, la imagen también habló por sí sola. Garcia, acompañado en su salida por la leyenda de la WWE Rey Mysterio, con las banderas de México y Estados Unidos sobre los hombros, se adueñó del ambiente. Controvertido, polarizante, pero con la grada de su lado y un título que respalda cada palabra.

Opetaia domina y apunta al trono indiscutido

Antes del estallido en el combate estelar, el turno fue para Jai Opetaia, que volvió a demostrar por qué tantos lo consideran el hombre a evitar en el peso crucero.

El australiano defendió con solvencia sus cinturones de The Ring y Zuffa ante Noel Mikaelian, en una actuación menos explosiva que la de Garcia, pero igual de contundente en términos de control y castigo acumulado.

Durante ocho asaltos, Opetaia manejó el ritmo y el espacio con una izquierda insistente, sin necesidad de golpes descomunales, pero con una precisión que fue desgastando a Mikaelian asalto tras asalto. El alemán intentó respirar cuando pudo, incluso aprovechó una pausa tras un golpe en la zona de la cintura que el árbitro consideró en el límite del reglamento y que le permitió tomar aire.

No bastó.

La sensación era clara: Opetaia estaba “aterrizando a placer” su mano izquierda, con un volumen y una constancia que iban vaciando el depósito de Mikaelian. En el noveno asalto, el australiano remató la faena con un TKO que mantuvo intacto su récord y su aura de campeón implacable.

Lo más interesante llegó después del último golpe.

Opetaia llamó al ring a David Benavidez, el hombre al que lleva tiempo persiguiendo para completar el puzle del peso crucero. Cara a cara, sin rodeos, ambos acordaron pelear el próximo año, en el fin de semana de Cinco de Mayo, fecha grande en el calendario del boxeo mundial.

Benavidez no escatimó elogios. Definió a Opetaia como el “boogeyman” de la división, el tipo al que nadie quiere enfrentar, y subrayó el respeto que le genera que el australiano busque precisamente ese duelo. La promesa es clara: un choque por el título indiscutido que puede marcar el 2027 boxístico.

Una cartelera con mensaje

La noche dejó también otras victorias importantes en la función de Zuffa Boxing: Da’Mazion Vanhouter fulminó a Raphael Akpejiori por KO en el primer asalto, Andres Cortes superó a Mark Magsayo por decisión unánime (97-93 en las tres tarjetas), Sean Garcia se impuso a Abraham Morales por decisión mayoritaria y Alexis Rocha dominó a Jose Carlos Ramirez por decisión unánime.

Pero el eco que saldrá de Las Vegas será otro.

Por un lado, un Ryan Garcia que no solo retiene su corona, sino que enseña una nueva arma y refuerza su candidatura a rey absoluto del peso welter. Por el otro, un Jai Opetaia que sigue sumando víctimas y ya tiene cita señalada con David Benavidez para intentar reinar sin discusión en el peso crucero.

La pregunta no es quién ganó esta noche. Eso quedó claro. La pregunta es quién se atreverá a quitarles el protagonismo en 2027.