logo

Sabalenka avanza con autoridad en el US Open

La campeona de las dos últimas ediciones del US Open necesitó menos de una hora para mandar un mensaje. O quizá dos. Uno a sus rivales, con la raqueta. Otro a la sala de prensa, con las palabras.

Aryna Sabalenka, número uno del mundo, trituró a la debutante Polina Iatcenko por 6-1 y 6-1 en apenas 53 minutos en la segunda ronda en Nueva York. Un marcador demoledor, una actuación implacable. Y, aun así, la bielorrusa no pareció del todo satisfecha.

Un rodillo en modo automático

El partido, como tal, duró poco. Iatcenko, 22 años, número 160 del ranking y procedente de la fase previa, saltó a la Arthur Ashe Stadium con la mirada de quien sabe que está ante el día más grande –y más duro– de su carrera. Le tembló el pulso desde el primer intercambio.

Sabalenka olió la sangre y no tuvo piedad. Golpe plano, seco, profundo. Ritmo altísimo desde el resto, sin regalar un solo punto. La diferencia de potencia fue abismal: 24 golpes ganadores para la primera cabeza de serie, solo 3 para la rusa.

Con 5-0 en el marcador, el duelo parecía un entrenamiento a puerta abierta. Iatcenko por fin logró estrenar su casillero y se permitió una sonrisa liberadora al 5-1. Fue un pequeño respiro, nada más. Sabalenka cerró el set en blanco en menos de 90 segundos. 6-1 en un suspiro.

A pesar de haber estado en pista solo 24 minutos, Iatcenko pidió un descanso para ir al baño y cambiarse de ropa. Oficialmente, para ajustar el equipamiento. En realidad, para intentar recomponer la cabeza. Mientras tanto, Sabalenka se mantuvo activa, afinando el saque para no perder el hilo.

La reanudación no cambió el guion. Doble break de salida, 3-0 y sensación de rodillo. Hubo un pequeño borrón: un juego de servicio descuidado en el 3-0 que permitió a la rusa romper por primera vez. Duró poco la rebelión. Sabalenka volvió a apretar, encadenó dos nuevos breaks y firmó otro 6-1 que sonó a lección severa para la debutante.

Iatcenko se marcha con una derrota dura, pero también con algo de consuelo: experiencia en la pista más grande del mundo ante la número uno y un cheque importante. Llegaba al torneo con unos 300.000 dólares acumulados en premios en toda su carrera y se lleva 190.000 más de Nueva York para invertir en su futuro.

Un número uno bajo presión

El resultado no deja dudas. El contexto, sí. Sabalenka atraviesa una temporada extraña: brillante en los grandes escenarios, irregular en el tramo reciente del curso. A sus 28 años, persigue su primer título de Grand Slam de un año que empezó como un vendaval y se ha ido nublando con el paso de los meses.

Su arranque fue casi perfecto: final en el Australian Open y títulos consecutivos en Indian Wells y Miami para completar el llamado Sunshine Double. Hasta perder con Elena Rybakina en Melbourne, solo había cedido un partido en sus primeros 27 encuentros de 2026.

Desde entonces, la curva descendió. Llegó al US Open con un balance de 17 victorias y 7 derrotas tras la gira estadounidense, y apenas una semifinal WTA en los últimos cinco meses. Antes del último grande del año, reconoció que había estado “lidiando con varias cosas” y que su nivel estaba “muy por debajo” de lo que exige su propio listón.

En Nueva York, la ecuación es sencilla y cruel: necesita levantar el trofeo otra vez para tener alguna opción de conservar el número uno. Ni siquiera depende de sí misma. Si Rybakina alcanza las semifinales, desbancará a Sabalenka del trono, incluso aunque la bielorrusa logre el triplete de títulos en Flushing Meadows.

La victoria ante Iatcenko, tan contundente como poco exigente, no sirve para medir con precisión su nivel real, pero sí le devuelve algo de lo que necesitaba: confianza, autoridad, sensación de control. “Estoy contenta con el nivel, con la concentración y con haber pasado este partido”, explicó después. El siguiente obstáculo será Kamilla Rakhimova, de Uzbekistán, en tercera ronda.

Cruce de miradas con la prensa

La tensión, sin embargo, afloró lejos de la línea de fondo. En la sala de prensa, Sabalenka se mostró especialmente susceptible cuando un periodista insinuó que había estado acudiendo a “muchas fiestas” en las semanas previas al US Open.

La número uno no dejó pasar la pregunta: “¿Qué clase de pregunta es esa? Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, ¿piensas que he estado de fiesta y sin entrenar?”, replicó, visiblemente molesta.

Cuando le insistieron si ahora, con el torneo en marcha, se estaba “poniendo seria”, respondió con ironía afilada: “Oh sí, no estaba siendo seria antes. Siguiente pregunta”. Frases cortas, tono seco. Una señal de que, detrás de la aparente calma en pista, hay ruido.

Sabalenka sabe que se juega más que un título. Se juega el relato de su temporada y el peso de su condición de número uno, con Rybakina, Jessica Pegula y Coco Gauff acechando en la clasificación.

Pegula y Gauff también apuntan a la cima

El miércoles dejó otra nota relevante en el cuadro femenino. Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, siguió firme en su intento de estrenar palmarés de Grand Slam en individuales con una victoria cómoda ante su compatriota Sofia Kenin. Se impuso por 6-3 y 6-1, sin sobresaltos, y mantiene viva su opción matemática de salir de Nueva York como número uno si levanta el trofeo.

Coco Gauff, cuarta favorita, está en la misma ecuación: necesita el título para tener su propia oportunidad de asaltar la cima. De momento, ambas cumplen y alimentan la presión sobre Sabalenka partido a partido.

La jornada se completó con triunfos sin ceder sets de Karolina Muchova, finalista en Wimbledon, de la dos veces semifinalista de Grand Slam Marta Kostyuk y de la joven sensación estadounidense Iva Jovic. Dos rondas y casi ningún sobresalto en el cuadro femenino. Las grandes siguen en pie, los guiones se respetan.

La pregunta es cuánto tiempo más podrá Sabalenka sostener el suyo: ganar, mandar y, al mismo tiempo, defender un número uno que ya siente el aliento en la nuca. En Nueva York, el margen de error se ha reducido a la mínima expresión.