Serena y Venus Williams: Un regreso épico en el US Open
Serena y Venus, el último gran acto que se escapó en el supertiebreak
Arthur Ashe Stadium se detuvo para verlas. De nuevo. Serena y Venus Williams regresaron al US Open como si el tiempo, las despedidas y las rodillas castigadas fueran un simple detalle de la historia. En las gradas, Carlos Alcaraz lo tenía claro: su plan tras ganar era estirarse en la camilla… y ver a las hermanas Williams jugar dobles en la sesión nocturna.
No era un partido cualquiera. Era su primera aparición en Nueva York desde 2022, en el Grand Slam que conquistaron juntas en 1999 y 2009. Y el torneo les dio un lugar acorde a su leyenda: turno estelar en Arthur Ashe para una primera ronda de dobles, algo casi impensable para cualquier otra pareja.
Un regreso de película… hasta el 5-0
En la pista, el guion rozó lo cinematográfico. Serena, con 44 años y recién vuelta al circuito este verano. Venus, a los 46, aferrada a una carrera que se niega a apagarse. Enfrente, Hao-Ching Chan y la joven australiana Maya Joint, sin el peso de la historia pero con piernas frescas y una convicción fría.
El inicio fue duro para las hermanas: 6-3 para Chan y Joint en el primer set. La respuesta llegó a base de orgullo. Serena y Venus elevaron el nivel, apretaron desde el resto, se animaron entre punto y punto, y forzaron el desempate en la segunda manga. Lo ganaron 7-6 (6), encendiendo la noche y recordando por qué su nombre sigue llenando estadios.
El tercer set pareció escaparse cuando se vieron 4-1 abajo. Otra vez, se rebelaron. Remontaron hasta igualar el parcial, soltando golpes que parecían de otra época, con el público de su lado y la sensación de que, si había drama, ellas sabían manejarlo mejor que nadie.
Todo desembocó en un supertiebreak a 10 puntos. Y ahí, cuando la historia parecía dispuesta a regalarles otro capítulo glorioso, llegó el giro cruel: 5-0 arriba… y derrota 10-7.
Dobles faltas, nervios y un silencio pesado
Puedes que fueran los años. Puede que el largo parón de Serena. O simplemente, los nervios de saber que cada punto podría ser uno de los últimos juntas en un Grand Slam. Lo cierto es que, después de un tramo brillante al final del tercer set y en los primeros puntos del desempate, ambas encadenaron dobles faltas en el supertiebreak. El juego que habían tejido con paciencia se deshilachó de golpe.
Chan y Joint no perdonaron. Cerraron el partido 6-3, 6-7 (6), 7-6 (10-7), silenciando a un estadio que había olido la remontada épica y acabó tragándose una de las derrotas más dolorosas de la pareja.
La USTA informó después de que las hermanas no estarían disponibles para hacer declaraciones. Nada de palabras finales. Solo el eco de una noche que pudo ser celebración y terminó en una mueca contenida.
Una rival incómoda llamada Maya Joint
Para Serena, el nombre de Maya Joint empieza a convertirse en un problema recurrente. Ya había caído ante la australiana este verano en Wimbledon, en su regreso a la competición individual, también en tres sets. Después, una lesión de rodilla obligó a las hermanas a retirarse del dobles en el torneo británico, retrasando su vuelta al gran escenario hasta este US Open.
En Nueva York, donde juntas suman ahora un balance de 27-8 en 10 participaciones, el regreso terminó otra vez con un desenlace amargo. No solo por el resultado, sino por la forma: dos ventajas levantadas, la del 4-1 en contra y la del 5-0 a favor, que se transformaron en una derrota difícil de digerir.
La grandeza que no se borra
Durante años, Serena y Venus dominaron el dobles femenino con una autoridad casi intimidante: 14 títulos de Grand Slam y oros olímpicos en 2000, 2008 y 2012. Compartieron el número 1 del mundo en la modalidad durante ocho semanas y marcaron una era en la que su sola presencia cambiaba el tono de cualquier cuadro.
Por eso, aquel tropiezo en primera ronda en 2022 pareció entonces un último baile discreto. Serena se despidió del tenis ese año con 23 títulos de Grand Slam en individuales, una cifra que la dejó en la cumbre de la historia moderna del deporte. Todo apuntaba a que el capítulo de dobles con Venus estaba cerrado.
Sin embargo, este verano decidió volver. Y el destino, lejos de ser amable, le ha entregado ya dos derrotas desgarradoras junto a su hermana mayor: primero en Cincinnati, también en un match tiebreak, y ahora en el escenario más grande del mundo del tenis.
Venus tampoco encontró alivio en individuales: cayó en primera ronda, confirmando que su lucha actual es más contra el calendario y el físico que contra las rivales.
Alcaraz vuela, Sabalenka huele a reto… y a marihuana
Mientras la noche giraba alrededor del regreso de las Williams, el cuadro individual siguió su curso. Carlos Alcaraz se metió de nuevo en octavos de final con una autoridad que encaja con su condición de bicampeón del torneo. Superó a Wu Yibing por 6-3, 6-4, 6-1, un marcador que refleja tanto su superioridad como la confianza con la que ha vuelto tras cuatro meses fuera por una lesión en la muñeca derecha.
“Para ser honesto estoy mejor de lo que pensaba”, admitió después. Sus sensaciones avalan la frase: ritmo alto, golpes limpios y una marcha más cuando el partido lo exige. Su siguiente escollo será el cabeza de serie número 20, Tommy Paul, que necesitó cinco sets para eliminar al número 15, Alexander Bublik. Un duelo con aroma a batalla larga y con el estadounidense dispuesto a incomodar al campeón.
Aryna Sabalenka, por su parte, tuvo por fin un día con resistencia real. La número 1 del cuadro femenino venció a Kamilla Rakhimova por 6-3, 6-4, pero el segundo set se alargó hasta los 54 minutos, uno más que la duración total de su encuentro anterior. Esta vez, la bielorrusa no solo tuvo que gestionar el empuje de su rival, sino también un elemento inesperado: el olor a marihuana en la pista, un detalle que añadió incomodidad a un partido ya de por sí exigente.
Sabalenka persigue un reto mayúsculo: convertirse en la primera jugadora que gana tres US Open consecutivos desde Serena Williams entre 2012 y 2014. Para seguir en esa ruta, deberá superar en octavos a Taylor Townsend, una rival con talento y carisma que conecta con el público neoyorquino.
El US Open se mueve entre pasado y presente. Mientras Alcaraz y Sabalenka empujan hacia una nueva era, la imagen de Serena y Venus marchándose de la pista tras otro supertiebreak cruel deja una pregunta flotando en el aire: ¿habrá todavía un último giro en la historia de las hermanas Williams, o esta fue la noche en que la leyenda empezó, de verdad, a bajar el telón?






