Sri Lanka arrasa en cuartos y avanza a semifinales del críquet
Sri Lanka no se limitó a ganar. Aplastó. El combinado femenino se aseguró su billete a las semifinales del torneo de críquet de los Juegos Asiáticos con una victoria por 86 carreras sobre Malaysia en el tercer cuarto de final disputado en Korogi Sports Park, en Nisshin, este viernes 18 de septiembre.
El marcador cuenta una historia clara. El juego, otra aún más contundente.
El despertar de Chamari Athapaththu
La mañana empezó fría para Sri Lanka. Solo 10 carreras en los primeros cuatro overs y la caída temprana de Imesha Dulani. Silencio en el marcador, dudas en el ritmo.
Entonces apareció Chamari Athapaththu.
En el quinto over, la capitana cambió el tono del partido con una sola decisión: atacar. Le sacó 23 carreras a Aisya Eleesa y encendió la mecha. De golpe, el partido dejó de ser una partida de espera y se convirtió en una persecución.
Hasini Perera se sumó al impulso con dos boundaries en el over siguiente y, de ir arrastrando los pies, Sri Lanka cerró el Powerplay en un sólido 38/1. La presión empezaba a caer sobre Malaysia.
Athapaththu ya no miró atrás. Golpeó con libertad, manejó los ángulos, castigó cada bola corta. Alcanzó su medio siglo en apenas 28 entregas, coronado con un seis en el over 11. La asociación en la parte alta del orden creció hasta 80 carreras, una plataforma ideal para un total grande.
Malaysia encontró un pequeño respiro cuando Nurin Imanina logró deshacerse de las dos bateadoras asentadas en un lapso de tres overs. Primero Athapaththu, luego Perera. Dos golpes que parecían devolver algo de equilibrio.
Duró poco.
Dilhari cambia el guion
Kavisha Dilhari tomó el relevo y, junto a Harshitha Samarawickrama, reconstruyó la entrada con una calma implacable. Sin estridencias al inicio, pero con una claridad absoluta: llegar al final con wickets en mano para atacar a muerte.
La sociedad entre ambas alcanzó 62 carreras y, a partir del over 16, Dilhari se desató. Sus seis boundaries llegaron en el tramo final, castigando cualquier error de longitud y de línea. Cada golpe alejaba un poco más a Malaysia del partido.
Sri Lanka cerró en 160/4, un total enorme en el contexto del encuentro y, sobre todo, en función de cómo se había desarrollado la primera fase de la entrada. De un arranque tímido a un final demoledor. La tendencia estaba marcada.
El golpe temprano con la bola
Con la ventaja en el bolsillo, Dilhari no se conformó con lo hecho al bate. Volvió al campo con la bola en la mano y destrozó el orden superior de Malaysia.
Ya en el primer over, Ainna Hamizah Hashim quedó fuera por un run-out que encendió las alarmas. El inicio fue nervioso, trabado, sin fluidez. Y en el sexto over, Dilhari remató el daño: Wan Julia y Mas Elysa cayeron en bolas consecutivas. Dos wickets seguidos que dejaron a Malaysia tambaleando.
Al cierre del Powerplay, el tablero mostraba un 25/3 que rozaba la sentencia. El ritmo de anotación no acompañaba, los wickets caían, y la montaña de 161 carreras parecía ya demasiado alta.
A partir de ahí, Sri Lanka manejó el partido con frialdad. Línea ajustada, pocos errores, nada de concesiones gratuitas.
Asfixia total: sin boundaries, sin remontada
El dato que mejor describe la tarde de Malaysia es brutal: entre los overs 7 y 18 solo lograron un boundary. Apenas 40 carreras en ese tramo. Una persecución que nunca arrancó.
La entrada se convirtió en un ejercicio de supervivencia más que en un intento real de caza del objetivo. Cada over que pasaba sin un gran golpe era un paso más hacia la eliminación.
Cuando Chamari Athapaththu volvió al protagonismo con la bola en el over 19 y se llevó dos wickets, el resultado ya no admitía discusión. Solo quedaba por definir el margen final.
Mithali Ayodhya añadió dos wickets más en el último over y selló la actuación colectiva: Malaysia quedó limitada a 74/7. Una diferencia de 86 carreras en un cuarto de final que, sobre el papel, prometía mayor resistencia.
Próxima parada: Pakistan
Con esta victoria, Sri Lanka se instala en semifinales y se medirá a Pakistan el domingo 20 de septiembre en la primera llave.
Athapaththu y Dilhari llegan al duelo decisivo en modo dominante, aportando con bate y bola, y el equipo luce compacto, agresivo y seguro de su plan.
La pregunta ya no es si Sri Lanka está en forma. La cuestión es si alguien podrá frenar este impulso cuando el torneo entra en su tramo más cruel: ganar o volver a casa.






