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Zheng Qinwen logra una remontada histórica en el US Open

Zheng Qinwen resucita en Nueva York: de 0-5 y bola de partido a una remontada histórica

En el tenis hay giros, hay sorpresas… y luego está lo que hizo Zheng Qinwen en la Arthur Ashe. La campeona olímpica, salida de la fase previa y todavía en plena reconstrucción tras una delicada operación de codo, estaba prácticamente fuera del US Open: 1-6, 6-6, 0-5 y bola de partido en contra ante Madison Keys, campeona del Australian Open 2025 y favorita de la grada.

No importó. Sobrevivió al abismo y encadenó siete juegos seguidos para firmar un 1-6, 7-6 (7-3), 7-5 que sonó a milagro deportivo.

De paseo de Keys a tormenta perfecta

Durante 23 minutos, el partido tuvo dueña. Keys arrolló en el primer set, 6-1, golpeando profundo, mandando con el saque y silenciando cualquier intento de reacción. Parecía un trámite: la cabeza de serie número 22 navegaba con viento a favor, la grada con ella, y Zheng aún buscaba sensaciones.

Pero la china, que llegó a Nueva York como simple clasificada, se negó a marcharse sin dejar huella. Ajustó la devolución, empezó a encontrar ángulos, alargó los intercambios. No dominaba, resistía. Y esa resistencia cambió el guion.

El segundo set se convirtió en una batalla de nervios. Keys siguió teniendo la iniciativa, pero Zheng ya no cedía terreno gratis. Forzó el ‘tie-break’ y allí se soltó: 7-3, set para ella y un aviso claro de que el partido ya no era un paseo.

0-5, bola de partido… y resurrección

El impulso, sin embargo, volvió a teñirse de rojo, blanco y azul. En el tercer parcial, Keys apretó el acelerador otra vez y abrió un abismo: 5-0. Con saque en la mano y una bola de partido, lo tenía todo. Marcador, público, experiencia.

Zheng solo tenía algo: la negativa absoluta a rendirse.

Salvó la bola de partido. Sumó un juego. Después otro. La tensión se coló en el brazo de Keys, que empezó a fallar donde antes mandaba. Cada punto ganado por Zheng levantaba un murmullo, luego un rugido. Del 0-5 al 3-5. Del 3-5 al 5-5. La estadounidense se vio atrapada en un partido que creía cerrado.

La china ya jugaba liberada, casi en trance competitivo. Cerró el 7-5 final como quien se aferra a una tabla en medio del naufragio. Cuando la última bola de Keys se perdió, Zheng se lanzó al suelo, exhausta, incrédula, consciente de que no era solo una victoria más.

Un año de dudas, quirófano y caída libre

La escena tenía carga emocional acumulada. Zheng venía de doce meses que la pusieron contra las cuerdas, mucho antes de llegar al 0-5 de Nueva York.

En julio de 2025 pasó por el quirófano para corregir una lesión crónica en el codo, provocada por pequeños fragmentos óseos flotando en la articulación. Era el peaje tras un 2024 de explosión: final del Australian Open, oro olímpico y cuartos de final en el US Open. Un año que la lanzó a la élite y la llevó hasta el número 4 del ranking mundial, con unos cuartos de final en Roland Garros ya en 2025 que parecían confirmar su nueva jerarquía.

Entonces llegó el parón. Nueve meses fuera, ritmo competitivo perdido, dudas. Su regreso a un Grand Slam, en Roland Garros este año, terminó en lágrimas: derrota en primera ronda ante Maja Chwalinska, a la postre subcampeona. No era solo la derrota, era la sensación de no reconocerse en pista.

Su clasificación se desplomó hasta el puesto 160. Por primera vez en cuatro años tuvo que pasar por la fase previa de un grande. Para una campeona olímpica y finalista de Grand Slam, el golpe fue tan mental como deportivo.

“Después de volver de la lesión sentí que había perdido la energía y que había olvidado cómo competir”, admitió. Palabras que explican mejor que cualquier estadística lo que arrastraba cuando llegó a Nueva York.

De la previa a la historia del US Open

Por eso su camino en este torneo tiene un peso especial. Zheng se convirtió en la primera jugadora procedente de la fase previa que alcanza la cuarta ronda del cuadro femenino del US Open desde Emma Raducanu en 2021, año en el que la británica acabó levantando el título.

El dato no garantiza nada, pero sí marca el calibre de lo que está haciendo la china. No llega como promesa inesperada, sino como estrella que intenta reencontrarse con la versión que deslumbró al circuito antes del quirófano.

“Por fin, un poco de suerte está de mi lado”, dijo la jugadora de 23 años tras la remontada. No sonó a tópico, sino a alivio. A alguien que ha pasado por conferencias de prensa entre lágrimas, preguntándose si volvería a competir de verdad, no solo a entrar en pista.

“Tennis a veces se siente como una montaña rusa”, explicó. “Muchas veces ves a gente con bola de partido, pero al final logramos remontar”. Esta vez, la protagonista del giro fue ella.

Una advertencia para el cuadro… y para sí misma

El triunfo ante Keys no solo la coloca en octavos. Envía un mensaje al resto del cuadro y, sobre todo, a su propio vestuario interior: Zheng Qinwen recuerda cómo se compite en las grandes noches.

Hace tres meses lloraba en París. Hoy, en Nueva York, se levanta del suelo tras una de las remontadas más salvajes que se recuerdan en las últimas ediciones del torneo.

La pregunta ya no es si su codo aguantará. La cuestión es otra: ¿hasta dónde puede llegar ahora que ha recuperado, punto a punto, juego a juego, la memoria de campeona?