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Zverev y su lucha por el título del US Open tras cinco horas de maratón

En un maratón que rozó las cinco horas y exprimió hasta la última gota de energía, el vigente campeón de Roland Garros volvió a demostrar por qué se mueve con tanta naturalidad en el filo del abismo.

“Estoy simplemente feliz de haber ganado. Batalla increíble. Muchos altibajos. Casi cinco horas para una primera ronda. Creo que es el partido de primera ronda más largo que he jugado en mi vida”, confesó después del encuentro en declaraciones a la ATP Tour.

No sonaba a tópico: se le notaba exhausto, pero satisfecho. Había sobrevivido.

El fantasma de 2020 y la ambición intacta

El alemán, finalista en Wimbledon en julio, carga todavía con una herida abierta en Nueva York. En 2020 rozó su primer título del US Open en individuales, pero acabó cediendo ante Dominic Thiem en una final que aún le persigue. Él mismo lo admitió la semana pasada en rueda de prensa: “Sigo sintiendo que debería haber ganado en 2020, eso no cambia”.

No es una frase lanzada al aire. Es una declaración de intenciones. Ese recuerdo no le frena; le alimenta. Y, pese a la dureza de su estreno, no se coloca en un pedestal por encima de nadie: “Siento que soy uno de los 128 jugadores que son favoritos en el cuadro”, añadió, subrayando la brutal igualdad de un Grand Slam donde cualquier despiste se paga con el billete de vuelta a casa.

La primera ronda le recordó esa realidad. Un partido interminable, repleto de vaivenes, en el que tuvo que ajustar su tenis y su cabeza una y otra vez. Pero aguantó. Cerró. Y salió vivo.

Un rostro fijo en su box

Entre tanto caos en la pista, una figura permanece inamovible en su caja de jugadores: Sophia Thomalla. Más de cinco años a su lado, siempre en primera fila cuando el partido se convierte en un pulso mental.

En medio de los cambios de entrenador, de lesiones, de finales perdidas y títulos conquistados, ella se ha mantenido como una constante. Para un jugador que ha atravesado tantos picos y valles, esa estabilidad fuera de la pista pesa más de lo que se ve en televisión.

¿Quién es Sophia Thomalla?

Sophia Thomalla nació el 6 de octubre de 1989 en Berlín Este, en plena resaca de otra época, hija de dos actores: Simone Thomalla y André Vetters, que se separaron en 1995. Su infancia empezó en la capital alemana, pero pronto se convirtió en un ir y venir de ciudades: primero Colonia, luego Kleinmachnow, siempre de la mano de su madre.

Con el tiempo, se hizo un nombre propio en el mundo del espectáculo alemán, pero también construyó una imagen inconfundible. Sus tatuajes forman parte de su carta de presentación. No son detalles menores: empezó a tatuarse joven, con piezas que cuentan historias muy personales. Una de las más llamativas incluye el nombre y la fecha de nacimiento del actor Sven Martinek, quien mantuvo una relación con su madre a finales de los años noventa, según recogió el tabloide alemán Klatsch-Tratsch.

Ese gusto por el riesgo estético, por la marca indeleble en la piel, encaja con la intensidad del tenis de élite. No es difícil trazar el paralelismo: mientras Zverev se juega cada punto como si fuera el último, Thomalla lleva en el cuerpo recuerdos que no se borran.

Hoy, cuando el alemán vuelve a perseguir el título que se le escapó en 2020, lo hace con algo más que un ranking o un cuadro complicado. Lo hace con la memoria de una final perdida, la resistencia de un campeón de Roland Garros… y la mirada fija, desde el box, de alguien que ha estado ahí en cada subida y en cada caída. La pregunta ya no es si puede ganar en Nueva York, sino cuánto está dispuesto a sufrir otra vez para escribir, por fin, la versión que le falta de esa historia.