Zverev sobrevive a un duro debut en el US Open
Alexander Zverev tuvo que mirar de frente al abismo en su estreno en el US Open. El primer cabeza de serie necesitó casi cinco horas, cinco sets y una resistencia casi obsesiva para escapar de la trampa que le tendió Lorenzo Sonego: 6-4, 3-6, 6-7(7), 7-5 y 6-4, en un duelo que se estiró hasta bien entrada la madrugada del miércoles en Nueva York.
No fue el estreno que sueña un campeón de Grand Slam. Pero sí uno que pone a prueba de inmediato su jerarquía.
El favorito, contra las cuerdas
Zverev aterrizó en Flushing Meadows por primera vez como ganador de un grande, después de su título en Roland Garros en junio. Sin Jannik Sinner en el cuadro y con Carlos Alcaraz aún retomando sensaciones tras su lesión, el alemán aparecía como el gran objetivo a batir. Y Sonego lo entendió al pie de la letra.
El número 1 del cuadro empezó firme. Dominó con el servicio, mandó con el revés y, aunque desperdició seis de las siete bolas de ‘break’ que generó, le bastó una para cerrar el primer set por 6-4. Parecía un arranque controlado, casi rutinario.
El italiano, sin embargo, no viajó a Nueva York para hacer de figurante.
En el segundo parcial subió la agresividad al resto, se adelantó con un quiebre temprano y no soltó la ventaja. Se adueñó de la pista con un tenis directo, cerró el set en blanco al saque y lo rubricó con un ace que dejó helado al estadio: 3-6 y partido nivelado, pero con la inercia claramente del lado del número 89 del mundo.
Un tiebreak que cambió el guion
El tercer set fue un intercambio de golpes sin dueño claro. Zverev intentó imponer su peso de golpe, Sonego respondió con valentía y el parcial se fue inevitablemente al desempate. Allí apareció el momento que pudo costarle el torneo al alemán.
Con todo en el aire, una doble falta de Zverev abrió la puerta que Sonego necesitaba. El italiano no perdonó y se llevó el tiebreak, adelantándose 2-1 en sets y dejando al máximo favorito del cuadro a un solo parcial de una eliminación histórica: ningún primer cabeza de serie caía en la primera ronda de un grande desde Lleyton Hewitt en Wimbledon 2003.
La noche empezaba a oler a sorpresa mayúscula.
El campeón despierta al borde del KO
En el cuarto set, la tensión se podía cortar. Los dos se quebraron el servicio, los nervios aparecieron en cada turno al saque y Zverev llegó a verse a apenas dos puntos de la derrota. Ahí, con el reloj corriendo y el margen reducido a la mínima expresión, emergió el campeón de Roland Garros.
Apretó con el resto, sostuvo un juego de servicio clave y, en el momento justo, rompió el saque de Sonego para forzar el quinto set. No fue brillante. Fue puro instinto de supervivencia.
El italiano empezó a acusar el desgaste. Cinco horas de intercambio a ese ritmo no perdonan.
Sonego se vacía, Zverev remata
En el set definitivo, Zverev olió la fatiga al otro lado de la red. Se movió mejor, eligió mejor los tiros y castigó cada segundo saque de Sonego. El italiano, que durante largos tramos había jugado al nivel de un top-10, comenzó a quedarse sin piernas y sin precisión.
El alemán no dejó pasar la oportunidad. Gestionó la ventaja, protegió su servicio y cerró el partido por 6-4 en el quinto, completando una remontada que le evita una mancha histórica en su nueva vida como campeón de Grand Slam.
Al terminar, sin grandes celebraciones, solo una frase que resumía la montaña rusa: “Estoy feliz de haber ganado, nada más. Fue una batalla increíble, casi cinco horas, muchos altibajos. Creo que ha sido mi partido de primera ronda más largo en un Grand Slam. Él habría ganado a muchos jugadores, pero yo estoy feliz de estar en la siguiente ronda”.
El susto ya está en el cuerpo. La pregunta es cuánto le habrá endurecido para lo que viene en Nueva York.






