Alcaraz acelera en Nueva York: victoria contundente ante Wu
Carlos Alcaraz ya no parece un jugador que vuelve de una larga lesión. Parece un candidato al título. En Flushing Meadows, el español arrolló a Wu Yibing por 6-3, 6-4 y 6-1 y se metió en octavos del US Open con una autoridad que empieza a imponer respeto en todo el cuadro.
Hace apenas unos días, su regreso al circuito individual tras 139 días fuera por una lesión de muñeca estaba rodeado de incógnitas. Hoy, la pregunta es otra: ¿quién lo frena en Nueva York?
De la duda a la amenaza
Su estreno en el torneo ya había sido una buena señal: victoria en tres sets, sin sobresaltos, para sacudirse el óxido competitivo. En segunda ronda, en cambio, tuvo que remar. Jaime Faria le arrancó el primer set y le obligó a subir el nivel, a competir de verdad. Lo hizo. Y ganó.
Ante Wu, el relato fue distinto. Más maduro. Más contundente.
Desde el primer juego marcó territorio con el saque, se adueñó del fondo de pista y empezó a abrir ángulos como en sus mejores noches. El 6-3 inicial reflejó la sensación del estadio: el partido tenía dueño.
En el segundo parcial, el chino intentó alargar los intercambios, variar alturas, incomodar. Le duró lo que tardó Alcaraz en ajustar la devolución y encontrar de nuevo el ritmo. Un break, 6-4 y el encuentro ya pendía de un hilo.
El tercer set fue un monólogo. El marcador, 6-1, habló por sí solo. El español cerró el duelo en dos horas y 20 minutos, sin rastro de fatiga evidente, con esa mezcla de agresividad y alegría que lo convirtió en campeón aquí.
“Estoy mejor de lo que pensaba”
El propio Alcaraz admitió que su evolución física va por delante de lo previsto. Reconoció que esperaba encontrarse mucho peor después del primer partido, pero que se está recuperando “realmente bien” gracias al trabajo fuera de la pista. Siente que ya ha “cogido el ritmo de la competición” y que su nivel actual es “realmente bueno”.
Lo más significativo no es solo cómo golpea la pelota, sino cómo se mueve. Cambios de dirección explosivos, apoyos firmes, confianza para entrar dentro de la pista en los momentos clave. Señales claras de que la muñeca ya no condiciona su tenis.
Y hay otro detalle: cada vez que entra en la pista, insiste en que lo da todo y que solo piensa en ser “mejor en cada partido”. Por ahora, la pista le da la razón.
Un viejo conocido en el horizonte
En octavos le espera Tommy Paul, cabeza de serie número 20. Un rival peligroso, con tenis para complicar a cualquiera, pero con una losa pesada: Alcaraz lo ha derrotado seis veces seguidas.
La estadística no gana partidos, pero pesa. El español conoce bien el juego del estadounidense, sus patrones, sus intentos de cambiar el ritmo. Paul, por su parte, sabe que necesita un encuentro casi perfecto para romper una racha que se ha convertido en obsesión.
Un cuadro que se abre
Mientras Alcaraz acelera, el cuadro masculino se ha ido despejando de gigantes. La ausencia por lesión del número uno del mundo, Jannik Sinner, ya había alterado la jerarquía del torneo. La caída temprana de Novak Djokovic, sorprendido en primera ronda por Mariano Navone, terminó de dinamitar el paisaje.
Felix Auger-Aliassime, tercer cabeza de serie, también se despidió antes de tiempo ante Karen Khachanov. Resultado: menos nombres ilustres, más espacio para que el español trace su camino.
Como segundo cabeza de serie, solo podría cruzarse con Alexander Zverev en la final. El alemán, campeón de Roland Garros y subcampeón en Wimbledon, lidera ahora el cuadro por la parte alta, pero sus noches en Nueva York están siendo largas y desgastantes: dos partidos a cinco sets, finalizados pasadas las dos de la madrugada. El peaje físico puede pasar factura en la segunda semana.
Por la parte de Alcaraz, el único top-10 al que podría enfrentarse antes de semifinales es Ben Shelton, octavo cabeza de serie. Si avanza, el cruce lógico en semifinales sería ante Daniil Medvedev, séptimo favorito.
Los precedentes también juegan a favor del español: tres victorias en tres partidos ante Shelton y un balance de 6-3 frente a Medvedev. Eso sí, el ruso ya le recordó este año, en Indian Wells, que sigue siendo capaz de desarmarlo si encuentra su día.
Zverev, la otra sombra
En la otra mitad del cuadro, Zverev mira de reojo hacia un posible cruce con Taylor Fritz, ídolo local, y con Flavio Cobolli, finalista en Roland Garros. Son obstáculos serios, pero el contexto físico del alemán convierte cada partido en una prueba de resistencia.
Mientras tanto, Alcaraz avanza con una sensación distinta: la de quien llega desde la duda y se instala, casi sin hacer ruido, en el centro del escenario.
Regresa de una lesión larga, pero ya no compite como un jugador que vuelve. Compite como un campeón que huele la oportunidad.
El US Open empieza a entrar en su tramo decisivo. Y en Nueva York, una vez más, el torneo parece preparado para girar alrededor de la raqueta de Carlos Alcaraz.






