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Andoni Iraola enfrenta la dura realidad del Liverpool

En apenas cuatro semanas de competición, Andoni Iraola ya ha descubierto una verdad incómoda del calendario inglés: aquí no se perdona a nadie. Ni a los recién llegados, ni a los grandes. Y mucho menos a un Liverpool que pretende pelear por todo mientras se acostumbra a un nuevo entrenador, un nuevo estilo y un calendario que no deja respirar.

El técnico lo asume con naturalidad, pero sin engañarse. No puede alinear siempre a los mismos, por mucho que le tiente la idea.

“No. Puedes decidir y poner a los mismos jugadores en cada partido. El problema es que llegará un momento en que estarán realmente cansados. Y habrá más riesgo de lesión”, admite.

En su voz hay más diagnóstico que queja. Sabe lo que viene.

Hay futbolistas que parecen hechos de acero, capaces de competir cada tres días sin que se les mueva el rendimiento. “Son muy robustos, sus actuaciones no cambian demasiado”, explica. Otros, en cambio, se resienten antes, bajan un punto cuando el cuerpo pide descanso. El reto, en pleno arranque de curso, es identificar a unos y a otros a toda velocidad.

“Estoy aprendiendo quién está listo para jugar cada tres días y quién necesita un respiro para que su nivel no se vea afectado”, reconoce. Creía tener el mapa bastante claro con algunos. Con otros, no tanto. Son jugadores que nunca habían encadenado tantos minutos, tantos viajes, tanta exigencia. Para ellos también es territorio desconocido. “Estamos aprendiendo”, resume el técnico.

Un Liverpool obligado a rotar… ante Tottenham

Ese aprendizaje se acelera con el sorteo de la Carabao Cup. Nada de un desplazamiento cómodo a un campo de Championship para probar canteranos sin demasiada presión. A Liverpool le ha tocado Tottenham. Rival directo. Escaparate grande. Y un dilema evidente.

En las primeras rondas de la EFL Cup, los equipos de Premier suelen abrir la puerta a los suplentes, a los chicos de la academia, a los que necesitan minutos. Esta vez la ecuación es distinta. Tottenham llega tocado por un mal inicio de temporada, pero sigue siendo un conjunto de Premier League, con calidad suficiente para castigar cualquier alineación blanda.

¿Qué pesa más en Anfield? ¿El deseo de reaccionar tras un empate frustrante en liga con un once potente? ¿O la necesidad de proteger piernas, repartir esfuerzos y pensar en el maratón que se viene?

Iraola lo sabe: cualquier decisión entraña riesgo. Un once fuerte puede devolver confianza y ritmo… o pasar factura física en octubre. Un equipo muy alternativo puede dar oxígeno al grupo… o alimentar las dudas si el resultado no acompaña.

El contexto no ayuda. El Liverpool llega con dos empates seguidos en casa en Premier y con la sensación de que el cuerpo empieza a notar los viajes europeos. No es el escenario ideal para regalar nada en un torneo que, históricamente, ha vestido de rojo.

La Copa de la Liga, territorio Liverpool

Porque si hay una competición que explica la relación del Liverpool con los títulos nacionales, ésa es la League Cup. Nadie la ha levantado más veces. Diez trofeos. Una historia que atraviesa generaciones.

El idilio arrancó en 1980-81, primera de cuatro coronas consecutivas que marcaron una era y se cerraron en 1984. Después llegó el silencio. Más de una década de espera hasta que Steve McManaman, con un doblete ante Bolton en Wembley en 1995, devolvió la copa a las vitrinas de Anfield.

El nuevo milenio trajo otro impulso. En 2001, con Gerard Houllier al mando, el Liverpool volvió a conquistar el torneo. Dos años después, el francés repitió éxito en una final con sabor especial: victoria ante el eterno rival, Manchester United.

En 2012, en su segunda etapa en el banquillo, Kenny Dalglish añadió otra pieza a la colección tras superar a Cardiff City en una tanda de penaltis que se hizo eterna. El club volvió a mirar a la copa como una vía rápida para alimentar la cultura ganadora.

La siguiente alegría tardó en llegar, pero lo hizo a lo grande. En 2022, con Jürgen Klopp, el Liverpool se impuso a Chelsea en una tanda inolvidable: 11-10 desde los once metros. Dos años más tarde, en 2024, el alemán firmó el décimo título del club en la competición, de nuevo ante los londinenses.

Diez trofeos. Un listón altísimo. Y una pregunta inevitable: ¿puede Andoni Iraola llevar al Liverpool al número 11?

Un Anfield cansado: dos partidos, dos empates

La respuesta pasa por resolver un problema más urgente: el equipo se ha quedado sin gasolina demasiado pronto. Dos partidos de Premier en Anfield, dos empates. Un dato que golpea la estadística: es apenas la tercera vez en 63 años que el Liverpool no gana ninguno de sus dos primeros encuentros ligueros en casa.

Después de una actuación muy convincente ante Atlético de Madrid en Champions, con ritmo alto y agresividad, el 0-0 frente a Fulham dejó una sensación de caída brusca. El rival llegaba tocado, con siete goles encajados en sus tres primeros partidos de liga. El escenario parecía perfecto para un triunfo cómodo. No lo fue.

“El Liverpool pareció física y mentalmente cansado”, apuntan desde la grada de prensa en Anfield.

El equipo se pareció muy poco al que había doblegado a un conjunto de Diego Simeone que venía de alcanzar las semifinales de Champions la temporada pasada.

Era la primera prueba seria de cómo encaja el estilo Iraola en una dinámica de dos partidos por semana. El veredicto, de momento, es agrio. El técnico mantiene el invicto, pero seis puntos de doce posibles, con cuatro de ellos perdidos en casa ante Nottingham Forest y Fulham, más otro empate en Newcastle y una única victoria en Ipswich, saben a poco para las expectativas del club.

El ataque millonario no arranca

El foco se posa inevitablemente sobre el nuevo tridente ofensivo. Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz, 364 millones de libras en talento, compartieron por primera vez titularidad en un partido de Premier. El impacto, sin embargo, fue discreto.

Liverpool tuvo ocasiones, pero no las suficientes. Ni con la claridad ni con la continuidad que se espera de un frente de ataque de ese nivel.

Los números de Isak son elocuentes. Solo 16 toques en 90 minutos, la segunda cifra más baja para un jugador de campo del Liverpool desde que hay registros. La peor también lleva su firma: 14 toques frente a Forest dos semanas antes. Un delantero aislado, desconectado, que apenas aparece en zonas donde hace daño.

Wirtz, brillante en Europa ante el Atleti, pareció una sombra de sí mismo. Barcola e Isak dejaron algún destello, sí, pero la sensación general es que esa sociedad todavía está en fase de boceto. Falta entendimiento, automatismos, colmillo. Y el calendario no concede demasiadas sesiones para pulirlo.

Fulham se planta y resiste

El guion del partido ante Fulham explica bien el momento del Liverpool. Iraola introdujo tres cambios de inicio: Kostas Tsimikas, Ryan Gravenberch y Víctor Muñoz entraron por Milos Kerkez, Alexis Mac Allister y Rio Ngumoha. Al otro lado, Álvaro Arbeloa, que jugó 98 partidos con la camiseta red entre 2007 y 2009, llegaba muy cuestionado tras tres derrotas ligueras en su estreno como técnico en la élite inglesa.

Fulham, sin embargo, se plantó con orden y personalidad. David Affengruber debutó en el eje de la zaga en lugar de Joachim Andersen y Sander Berge sustituyó a César Palacios en el medio. El equipo londinense no se escondió.

De hecho, el primer aviso serio fue suyo. Un malentendido entre Alisson y Gravenberch dejó la portería expuesta y solo el despeje sobre la línea de Jeremy Jacquet evitó el 0-1 tras el disparo de Gonzalo García. Un susto completamente evitable, fruto de una desconexión impropia del nivel que se le exige al Liverpool.

Fulham mandó en la primera parte, pero no lo tradujo en el marcador. Alisson salvó un disparo de Josh King desde dentro del área y Antonee Robinson cabeceó desviado en otra buena llegada. Liverpool respondió a ráfagas: un cabezazo de Muñoz que Bernd Leno sacó con una gran mano y una volea de Barcola desviada a córner por Timothy Castagne.

Iraola movió el banquillo al descanso. Kerkez entró por un Tsimikas muy incómodo en los primeros 45 minutos. A la hora de juego, Gravenberch y Muñoz dejaron su sitio a Mac Allister y Cody Gakpo en busca de una sacudida. Llegaron algunos intentos, pero sin filo.

Isak se fabricó una ocasión que Leno atajó sin apuros y el meta alemán volvió a lucirse ante un potente disparo de Dominik Szoboszlai. El técnico red apuró recursos en el 72’, con Ngumoha y Jeremie Frimpong sobre el césped, pero el muro visitante aguantó.

En el añadido, Isak cabeceó fuera un córner que pudo cambiar la tarde. Fulham, que aún tuvo opciones en botas de King y Kevin, se llevó un punto de enorme valor. Para Arbeloa, su primer punto en la Premier. Para Liverpool, otra tarde de frustración.

Adaptarse o quedarse atrás

El diagnóstico es claro: el Liverpool no está roto, pero sí exigido al límite demasiado pronto. El equipo sigue invicto, la situación está lejos de ser una crisis, pero el margen de error se estrecha cuando aspiras a pelear por títulos en todas las competiciones.

Iraola y sus jugadores ya han chocado con la realidad de los “short turnarounds”, esos cambios de competición en cuestión de horas que marcan la vida de los grandes en Inglaterra. Con al menos siete partidos más garantizados en la Champions y una eliminatoria de Carabao Cup ante Tottenham a la vuelta de la esquina, el tiempo para aprender quién es “robusto” y quién necesita descanso se acorta.

La exigencia no va a bajar. La pregunta es otra: ¿cuánto tardará este Liverpool en encontrar el equilibrio entre la energía que pide Iraola y la gestión que impone el calendario? La respuesta puede definir no solo su relación con la League Cup, sino el techo real de la temporada.