logo

Australia sobrevive a un final dramático en Harare

Australia se marchará de Harare con la serie en el bolsillo, pero también con un recordatorio brutal de lo frágil que puede ser una persecución en one-day cricket. Un solo wicket, una sola bola de margen y un estadio que contuvo la respiración hasta el último golpe.

Con el 3-0 asegurado ante Zimbabwe, el equipo de Mitchell Marsh ya piensa en Sudáfrica y en el Mundial de 2027. Pero este tercer ODI no fue un trámite: fue una prueba de carácter.

Inglis firma una obra clave en el caos

Josh Inglis fue el eje de todo. Su segundo siglo en ODI —103 de 102 bolas, con 11 fours— sostuvo una respuesta australiana que coqueteó demasiadas veces con el colapso.

La persecución de 272 comenzó torcida. Travis Head cayó por 6, Marsh apenas sumó 8. Dos golpes tempranos que marcaron el tono de una entrada donde los visitantes nunca dejaron de perder wickets a intervalos incómodos. El ritmo de anotación, eso sí, nunca se desplomó. Australia se mantuvo siempre a la par del objetivo, pero sin la seguridad de una asociación larga que cerrara el partido.

Ahí apareció Inglis. Jugó con madurez, manejó el ritmo, castigó cada error de longitud y convirtió una entrada inestable en algo que parecía controlado. Parecía. Porque cada vez que el partido se inclinaba hacia los australianos, Zimbabwe encontraba una puerta de regreso con otro wicket.

Cuando Inglis se fue, el nerviosismo volvió a instalarse en el banquillo visitante. La responsabilidad pasó a manos de la cola.

Ellis y Johnson, héroes improbables

El desenlace fue puro drama. Nathan Ellis, mejor conocido por su trabajo con la pelota, se quedó como ancla inesperada. Firmó 36 de 44 bolas, una entrada de sangre fría que sostuvo la persecución cuando el margen de error era nulo.

A su lado, en el número 11, Spencer Johnson aportó 7 de 13 bolas. No parecen cifras épicas, pero cada run pesó toneladas en un final que se decidió por detalles mínimos.

El momento clave llegó en la penúltima over. Wessly Madhevere dejó caer una oportunidad que pudo haber sentenciado a Ellis y, con él, el partido. Zimbabwe tenía el encuentro en la mano. Lo dejó escapar.

La factura llegó enseguida. En la última over, con 9 runs necesarios, Ellis conectó un seis en la primera bola. El golpe cambió la atmósfera. De la tensión al pánico en el lado local. De la duda a la convicción en el visitante. Australia cruzó la línea con una bola restante, cerrando un triunfo que rozó el desastre.

Mitchell Marsh lo admitió sin rodeos: se vieron favorecidos por la suerte en este cierre. Pero también subrayó las señales positivas de un grupo con caras nuevas y talento joven empujando fuerte.

Raza lidera y Zimbabwe se queda a un paso

Antes de todo ese caos, Zimbabwe había construido una entrada sólida, inteligente. Tras elegir batear primero, el capitán Sikandar Raza sostuvo el innings con una actuación de líder: 81* de 72 bolas, sin ceder al nerviosismo ni al desgaste.

Craig Ervine aportó 59 de 79, Innocent Kaia sumó 55 de 66. Entre los tres armaron la columna vertebral de un total de 272 que, en esas condiciones, parecía competitivo. No fue una exhibición explosiva, sino una acumulación paciente que obligaba a Australia a trabajar cada run.

Con la pelota, Brad Evans se encargó de mantener viva la esperanza local: 4-47 en sus 10 overs, siempre metido en el partido, siempre encontrando maneras de romper asociaciones. Del lado australiano, Ellis completó su noche redonda con 3-50 en 10 overs, decisivo en las dos facetas.

Raza, pese a la derrota, dejó claro su orgullo por el esfuerzo de su equipo. Para él, mejor perder un thriller que ver a Australia alcanzar el objetivo en 40 overs sin resistencia. La lección, aunque dolorosa, es valiosa para un conjunto que busca crecer.

Un ensayo general rumbo a Sudáfrica

Para Australia, el marcador global de 3-0 no cuenta toda la historia. Este tercer partido fue un aviso: incluso con el control aparente del run rate, la falta de solidez en el orden superior puede complicarlo todo.

Inglis, al mirar más allá de Harare, apuntó al gran objetivo: el Mundial de 2027, con la mayoría de los partidos en Sudáfrica y algunos en Zimbabwe y Namibia. Este tipo de finales al límite, dijo, serán parte del camino. Haberlos vivido ahora, con éxito, refuerza la confianza de jugadores como Ellis y Johnson.

El siguiente capítulo llega rápido. Pat Cummins y Mitchell Starc se unirán al grupo para la serie de tres ODI en Sudáfrica, que arranca en Durban el jueves. Después, tres Tests en Durban, Gqeberha y Ciudad del Cabo, el primer regreso australiano a una gira de Test allí desde el escándalo de manipulación de la pelota en 2018.

Inglis insistió en que el vestuario no se ha detenido a pensar en la recepción que les espera. La mirada está puesta en algo más grande: adaptarse a las condiciones, probar combinaciones nuevas, usar esta gira como banco de pruebas real para un título mundial que quieren defender en territorio ajeno.

En Harare, Australia encontró más preguntas que las que esperaba. También encontró respuestas en lugares inesperados. La gira por Sudáfrica dirá si este final al límite fue solo un susto… o el primer aviso de un campeón que aún está en construcción.