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BRM resucita el P351 para volver a la pista

En 1949, dos británicos inquietos, Raymond Mays y Peter Berthon, levantaron un proyecto que acabaría marcando la historia del automovilismo: British Racing Motors. BRM fue el primer equipo británico de Fórmula 1, debutó en el campeonato del mundo en 1951 y tocó el cielo en 1962, cuando Graham Hill firmó el doblete de títulos de Constructores y Pilotos. Pero el sueño de la marca nunca se limitó a los monoplazas.

Con el tiempo, BRM amplió su radio de acción. Se atrevió con la resistencia, se asomó al rally, y en ese camino nació uno de sus coches más comentados, casi de culto: el P351. Un prototipo de Grupo C concebido para dejar huella en el Mundial de Sport Prototipos de 1992 y, sobre todo, en la joya de la corona: las 24 Horas de Le Mans.

No salió como estaba previsto. El P351 tuvo que abandonar prematuramente por problemas de transmisión. Su historia deportiva fue breve, pero no intrascendente. Antes de retirarse, el coche dejó un mensaje claro en la recta de Mulsanne del Circuit de la Sarthe: 216 mph, 348 km/h. Velocidad de auténtico gigante, al nivel de los Peugeot y Toyota de la época. Después, también se dejó ver en Silverstone, como recordatorio de lo que podía haber sido.

Bajo la piel, el P351 era pura ingeniería BRM: monocasco de material compuesto de carbono y un motor V12 atmosférico de 3,5 litros desarrollado en casa. Un conjunto pensado para aguantar el castigo de la resistencia y, a la vez, ofrecer la banda sonora que solo un V12 sabe interpretar. Esa configuración, sin embargo, no duró demasiado.

Tras sus primeras apariciones en carreras de resistencia, el coche cambió de rumbo. En la segunda mitad de los años 90, recibió un motor Nissan V6 biturbo, perdió el techo y pasó a manos de Pacific Racing, que lo inscribió como BRM P301. Otro nombre, otra configuración, otra etapa. El prototipo original quedaba, en apariencia, enterrado en el pasado.

Hasta que, de forma casi inesperada, la historia dio un giro. A finales de 2024, el coche regresó a las manos de BRM. Desde entonces, el equipo se lanzó a una tarea tan compleja como romántica: devolver el P351 a sus especificaciones originales. No se trataba de un simple lavado de cara para museo. Era una reconstrucción profunda, pieza a pieza, con la vista puesta en volver a escuchar al V12 a pleno rendimiento.

Ese trabajo ya ha terminado. El P351 renacido se presentó este pasado fin de semana en Silverstone, el mismo escenario que lo vio competir en su día, ahora luciendo una restauración minuciosa y fiel al diseño inicial. Misma silueta, mismo concepto, misma ambición.

BRM insiste: esto no es un truco publicitario. El plan es devolver el coche a la competición. El P351 llevará de nuevo su motor y transmisión “nativos”, completamente reconstruidos por Dawson Racing. El conjunto se ha adaptado a los nuevos tiempos: ahora funciona con combustible sostenible, un guiño claro a la era moderna sin traicionar el espíritu original del proyecto.

El coche también ha recuperado su cabina cerrada. El techo se ha recreado a partir de documentación original y fotografías de época, un ejercicio de arqueología técnica que ha permitido clavar las proporciones y los detalles. BRM señala que no ha estado sola en esta empresa: compañías como Motul, Goodyear y SKF Automotive han aportado soporte para que el regreso del P351 fuera posible.

Queda una incógnita que lo hace todo aún más interesante: dónde y contra quién correrá. BRM asegura que el coche volverá a la acción “pronto”, dentro de campeonatos que todavía no se han anunciado. También falta por conocer quién se sentará al volante de este prototipo renacido.

El P351 ya ha recuperado su voz y su forma. Ahora le falta lo más importante: una nueva batalla en la pista para escribir el capítulo que le quedó pendiente en 1992.