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Carlos Alcaraz regresa triunfal a Nueva York tras 139 días

Arthur Ashe Stadium no había olvidado a Carlos Alcaraz. Solo lo estaba esperando. Tras 139 días fuera del circuito por una lesión en la muñeca derecha, el campeón defensor del US Open regresó al mayor escaparate del tenis y lo hizo como si nunca se hubiera marchado: victoria por 6-4, 6-4 y 6-4 ante el ruso Roman Safiullin y una noche de pura electricidad en Flushing Meadows.

El regreso del campeón

Alcaraz, siete veces campeón de Grand Slam, reapareció con una manga de compresión en el brazo derecho, pero sin rastro de timidez en el golpeo. Su derecha, el latigazo que ha redefinido el tenis reciente, volvió a mandar. De los 28 golpes ganadores que firmó, la mayoría salieron de ese brazo que tantos interrogantes había generado en los últimos meses.

Desde el primer juego dejó claro que no venía a tantear el terreno. Cada winner, cada punto importante, terminaba con el puño cerrado y un “vamos” escupido hacia su box, como si necesitara recordarse a sí mismo que estaba de vuelta en su escenario favorito. Y el estadio respondió. Siempre responde a los que juegan sin freno.

“Echaba de menos al público, la energía, la competición, lo echaba todo de menos”, confesó después sobre la pista, con una sonrisa que no había perdido ni en los meses más largos de rehabilitación. “Estoy muy, muy feliz de poder competir otra vez”.

Cuatro meses mirando desde fuera

Durante el verano, Alcaraz tuvo que ver desde el sofá cómo Alexander Zverev levantaba Roland Garros y Jannik Sinner se coronaba en Wimbledon. Para un jugador que vive del vértigo de los grandes escenarios, la impotencia fue tan dura como la propia lesión.

Por eso, el partido ante Safiullin tuvo algo de catarsis. El español no solo compitió: disfrutó. Sonrió entre puntos, bromeó con su banquillo, se permitió incluso cantar por unos segundos una canción de Michael Jackson en un cambio de lado. El tenis como espectáculo, pero también como alivio personal.

En uno de los puntos de la noche, quizá el más simbólico, cerró un peloteo intenso con una dejada perfecta en su último juego de servicio. Acto seguido levantó el puño hacia el cielo, se señaló la oreja y agitó los brazos pidiendo más ruido. No era una celebración cualquiera: era una declaración de regreso.

El ex campeón de Wimbledon Pat Cash lo resumió en la radio británica: cada pequeño triunfo en pista parecía una celebración para Alcaraz. Y se notó.

“Lo que realmente quiero es disfrutar cada vez que entro a la pista, sentir la energía de la gente”, explicó el español. “Eso es lo que voy a hacer en este torneo. Los resultados llegarán después. Por eso disfruté tanto hoy, no fue una sorpresa, porque vine aquí a disfrutar”.

Un tenis reconocible… con tareas pendientes

Aunque el marcador fue limpio, el partido dejó también material para el laboratorio. La derecha funcionó, las dejadas volvieron a ser un cuchillo y el despliegue físico no delató grandes carencias. Pero el saque todavía no está donde suele estar.

Solo dos aces y cinco dobles faltas para el defensor del título. Aun así, números sólidos en primeras: 68% de primeros servicios dentro y un 66% de puntos ganados tras ese primer impacto. Suficiente para controlar el partido, pero lejos de su versión más intimidante.

“El saque es el golpe con el que más estaba sufriendo”, admitió Alcaraz, dejando claro que parte de esa menor velocidad fue también un recurso táctico para sorprender a Safiullin. “Voy a intentar sacar mejor. La idea es intentar sacar normal, pero es un golpe con el que siempre he tenido altibajos. Volverá, seguro”.

El físico, en cambio, respondió mejor de lo que él mismo esperaba. Aun así, no ocultó que los fantasmas le rondaron la cabeza antes del debut.

“Hubo dudas durante el partido, no voy a mentir”, reconoció. “He estado pensando: ‘¿Voy a aguantar al mejor de cinco? ¿Voy a aguantar jugando cuatro sets, cinco sets?’. Necesito más partidos, más horas en pista para volver al ritmo del torneo. Estoy bastante seguro de que voy a ir a mejor cada día”.

Un cuadro que se abre

La victoria ante el número 99 del mundo era un paso obligatorio. Los desafíos de verdad están por venir. El siguiente será el portugués Jaime Faria, número 72 del ranking, un rival que no debería despistarlo pero que llega con poco que perder.

Lo que ha cambiado, y mucho, es el paisaje del torneo.

Jannik Sinner, número uno del mundo, ni siquiera está en Nueva York por un problema de rodilla. Novak Djokovic, campeón de 24 Grand Slams, se marchó de forma inesperada en primera ronda ante el argentino Mariano Navone, en uno de los grandes golpes del torneo. Arthur Fils, décimo cabeza de serie y reciente campeón del Masters de Cincinnati, también hizo las maletas tras caer ante Stefanos Tsitsipas.

De pronto, el cuadro de Alcaraz parece menos minado de gigantes. Como segundo cabeza de serie, va por la parte opuesta del cuadro a Zverev, campeón de Roland Garros y primer favorito, al que solo podría encontrarse en una hipotética final. Hasta semifinales, el único top-10 al que podría enfrentarse es el estadounidense Ben Shelton, posible rival de cuartos.

El camino, sobre el papel, se ha despejado. Pero el verdadero cambio no está en el cuadro, sino en la pista central: Carlos Alcaraz ha vuelto a sentir la adrenalina de la noche neoyorquina. Y cuando el campeón defensor empieza a disfrutar, el torneo entero toma nota.