logo

Croke Park se rinde ante Katie Taylor: ídolos la apoyan en su última batalla

La última pelea de Katie Taylor no se disputará solo entre las cuerdas. Desde horas antes de que suene la campana en Croke Park, la campeona de Bray ya camina hacia el ring escoltada por algo más que su esquina: la cultura popular irlandesa entera se ha alineado detrás de ella.

Esta noche, ante 80.000 personas en Dublín, Taylor afronta su combate número 27 y último como profesional frente a la francesa Flora Pili, de 29 años. Un cierre de carrera con tintes casi míticos, al que se han sumado voces tan potentes como Bono, Rory McIlroy o Ed Sheeran, todos volcados en desearle suerte a través de mensajes en Instagram recopilados por sus promotores.

Bono eleva el tono épico

El primero en aparecer, como no podía ser de otra manera en una noche de himnos, fue Bono. El líder de U2 situó a Taylor en una dimensión histórica, hablando de “una mujer irlandesa como nunca antes” que ha pasado 28 años peleando hasta llegar “a la pelea de su vida”.

Su mensaje, más plegaria que simple felicitación, apuntó al corazón del país: pidió que termine “sana y salva”, “tan firme como la campana que dará inicio a su última pelea profesional en Croker esta noche”. Cerró con un orgullo que sonó a despedida de leyenda: “Tan orgulloso de ti, tan orgulloso de conocerte, Katie”.

McIlroy, entre deportistas de élite

Desde otro templo del alto rendimiento, Rory McIlroy conectó con la dimensión deportiva del momento. El golfista subrayó lo que significa pelear en casa: aseguró que hacerlo ante su gente será “absolutamente increíble” y le pidió que ofrezca “el espectáculo de siempre”.

McIlroy no se quedó en el tópico. Habló de una carrera “increíble”, de lo “entretenido” que ha sido verla competir, y remató con una frase que suena a misión para esta noche: “Termínalo de la manera correcta”.

Ed Sheeran y Niall Horan, presentes pese a la distancia

La música también se hizo notar más allá de las fronteras irlandesas. Ed Sheeran confesó que lamenta no poder estar en Dublín, pero le deseó una “pelea increíble” y dejó claro su deseo: que gane.

Niall Horan, otro de los ídolos globales con raíces irlandesas, reconoció estar “absolutamente destrozado” por no poder asistir. Aun así, subrayó lo que ha significado Taylor para su país: ha sido “increíble” verla “inspirar a toda una nación”. No es solo una boxeadora; es un símbolo en activo.

Hozier, elegancia y respeto

Hozier aportó un tono más contemplativo. Contó que ha seguido su carrera “con la misma admiración que todos” mientras veía cómo iba “de fuerza en fuerza”, creciendo combate a combate.

Su mensaje apuntó al legado: recordó que Taylor representa su deporte, su disciplina y “a todo el país” con brillantez, y destacó la manera en que lo hace: “con tanta gracia”. Cerró con una confesión sencilla, pero contundente: “Tengo tanta admiración y tanto respeto por ti”.

La historia ya la reclama

Ronan Keating fue directo al punto que todos intuyen: el lugar de Taylor en la historia. Le aseguró que “entrará en los libros de historia” y la definió como “una de las grandes”. No hay matices ahí, solo una constatación del impacto de su figura.

Desde otra trinchera del alto rendimiento, la velocista olímpica Rhasidat Adeleke le dio un giro generacional al homenaje. Le agradeció por mostrarle “lo que es posible”. Su frase, “si no puedes verlo, no puedes creerlo, y tú me permitiste creerlo”, resume el efecto Taylor sobre las deportistas que vienen detrás: no solo abre puertas, cambia imaginarios.

Una constelación alrededor del ring

El respaldo no se quedó en la música y el deporte individual. El exrugby internacional Brian O’Driscoll, y actores como Andrew Scott y Jamie Dornan también se sumaron a la ola de apoyo, poniendo rostro a un sentimiento colectivo que atraviesa disciplinas y públicos.

Croke Park será esta noche un estadio de boxeo, pero el eco va mucho más allá del cuadrilátero. Taylor se despide en casa, rodeada de voces que han llenado estadios, majors, escenarios y pantallas. Ella, en cambio, solo necesita doce asaltos más.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿cómo querrá escribir la última línea de una carrera que ya pertenece a la memoria de Irlanda?