Dane Sweeny sorprende en el US Open
En un US Open acostumbrado a gigantes, un jugador de 1,70 irrumpió como si midiera dos metros. Dane Sweeny, comodín australiano casi anónimo, firmó la victoria de su vida y dejó fuera al cabeza de serie número 14, Lorenzo Musetti, con un contundente 3-6, 6-1, 6-2, 6-2 en la segunda ronda.
David contra Goliat, versión Flushing Meadows.
Sweeny, que apenas asoma la cabeza en el circuito y que partía más de 100 puestos por debajo del italiano en el ranking, dio un vuelco al partido tras un primer set adverso. A partir de ahí, mandó él. Mandó con las piernas, con la cabeza y con una determinación que desbordó a un Musetti irreconocible por momentos.
Del susto inicial al dominio absoluto
El duelo arrancó según el guion previsto: Musetti, doble semifinalista de Grand Slam en Wimbledon y Roland Garros en los dos últimos años, se llevó el primer set 6-3 y parecía encaminar una tarde rutinaria en Nueva York.
Ahí se acabó la lógica.
Sweeny ajustó, subió un punto la agresividad y empezó a castigar al italiano con cambios de ritmo y una insistencia feroz en cada punto. El 6-1 del segundo parcial no fue un accidente, fue una declaración. El australiano corrió, contraatacó y, cuando hizo falta, se lanzó a la red sin miedo.
El tercer set fue el quiebre emocional del partido. Sweeny se escapó 3-0 con doble break, obligó a Musetti a pedir un tiempo médico y dejó al italiano visiblemente tocado, tanto en el físico como en el ánimo. Aunque el cabeza de serie recuperó un break, nunca dio la sensación de poder retomar el control. Protestas constantes hacia su box, gestos de frustración y un rival delante que ya olía la sangre.
Sweeny no aflojó. Con un enorme paquete de hielo aún marcando su codo derecho tras el esfuerzo de la primera ronda, siguió tirándose al suelo en planchas al estilo Boris Becker para cerrar puntos en la red. Volleys acrobáticos, piernas siempre en movimiento y cero concesiones.
El cuarto set fue la confirmación: otro 6-2, otra demostración de autoridad. Y el pase, por primera vez en su carrera, a la tercera ronda de un Grand Slam.
Un premio millonario y la puerta que se abre
El triunfo no solo le da a Sweeny visibilidad mundial. También le garantiza un mínimo de 290.000 dólares estadounidenses en premios, una cifra que transforma la temporada de un jugador que vive en la zona media-baja del ranking. Su clasificación virtual ya apunta a un mejor registro personal: al menos el número 115 del mundo, quizá más si prolonga la aventura.
El sábado le espera otro italiano, el número 22 del mundo Luciano Darderi, en una tercera ronda que, hace apenas unos días, parecía un sueño lejano.
“Estoy simplemente agradecido de poder competir en Grand Slams. El viaje en el tenis es una auténtica montaña rusa. Y poder disfrutar de la atmósfera y lograr una victoria, un par de victorias, delante de este público, es increíble”, explicó el australiano, todavía empapado de adrenalina.
Schoolkate y Popyrin se quedan a medias
Durante un rato, Australia soñó con un pleno de historias felices. Tristan Schoolkate, procedente de la fase previa, llegó a tener contra las cuerdas al quinto cabeza de serie, el finalista de Roland Garros Flavio Cobolli. Se llevó el primer set 6-3 y mantuvo el pulso durante más de dos horas y media bajo el calor abrasador neoyorquino.
La jerarquía del italiano acabó imponiéndose: 3-6, 6-3, 6-4, 7-5 tras 2 horas y 41 minutos. Schoolkate se va, pero deja una actuación que lo pone en el mapa.
Algo parecido le ocurrió a Alexei Popyrin. Dos años después de haber sorprendido a Novak Djokovic en la tercera ronda del US Open, volvió a quedarse a un paso del mismo escalón. Arrancó con un sólido 6-2 ante el chileno Alejandro Tabilo, 25º cabeza de serie, y parecía tener el partido bajo control.
El duelo se tensó. Dos desempates cambiaron la historia. Tabilo se llevó el segundo set en el tie-break por 7-4, repitió fórmula en el tercero con 7-3 y cerró el cuarto por 6-2 para avanzar por 2-6, 7-6, 7-6, 6-2. El chileno apunta ahora a un probable cruce de tercera ronda con el primer cabeza de serie, Alexander Zverev.
De Minaur, a escena; Sweeny, a soñar
Mientras tanto, el sexto cabeza de serie australiano, Alex de Minaur, tenía previsto saltar a la pista Grandstand para medirse al neerlandés Botic van de Zandschulp, con el eco todavía fresco de la gesta de su compatriota.
En un torneo que suele pertenecer a los grandes nombres, Dane Sweeny ha irrumpido como un recordatorio incómodo para la élite: en Nueva York, incluso el más pequeño puede hacer temblar a los gigantes. La pregunta ahora es sencilla y brutal: ¿fue solo la noche de su vida o el inicio de algo mucho más grande?






