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David Moyes y la temporada incierta de Everton

David Moyes camina sobre una fina línea en este arranque de temporada: satisfecho, pero lejos de estar conforme. Everton sigue invicto, la estructura del equipo aguanta, pero las piezas que faltan pesan. Y una de ellas, quizá la más llamativa, ni siquiera ha pisado aún el césped.

La espera que se alarga

Moyes no esconde su frustración por la prolongada ausencia de uno de sus fichajes, aún inédito por lesión. Cuando lo incorporaron, nadie en el club imaginaba un proceso de recuperación tan largo. El técnico lo admite sin rodeos: esperaban tener ya sobre el campo la experiencia que aporta, y en cambio siguen esperando. Ni un solo minuto “sobre la hierba”, como repite el escocés. Decepcionante para el cuerpo técnico, duro para el propio futbolista. En el vestuario confían en que el regreso no se demore demasiado, pero el retraso ya ha condicionado la planificación.

La carta Jack Grealish

En contraste con esa ausencia, aparece un nombre que ilusiona a Goodison Park: Jack Grealish. Para Moyes, el inglés es un futbolista que vive del partido, no del entrenamiento. Necesita la competición, el roce, la presión real. Y ese momento puede llegar este fin de semana.

Se perfila para su primera titularidad desde enero. El técnico lo deja claro: tenerlo de inicio será “increíblemente emocionante”. La referencia no es casual. Moyes mira al arranque del curso pasado, cuando Grealish ofreció un nivel que encendió a la grada y dio aire al equipo entre líneas. Si el mediapunta es capaz de reproducir aquel impacto, el entrenador lo tiene claro: en Everton “estarían encantados”.

Invictos, pero con margen

El arranque de temporada deja a Everton sin derrotas, una base sólida sobre la que construir. A Moyes, sin embargo, no le basta con la estadística. Habla de una racha “agradable en algunos aspectos”, pero reconoce que echa en falta alguna victoria más donde solo llegó el empate. El equipo ha hecho “un muy buen trabajo”, subraya, aunque el tono deja entrever la exigencia interna: este bloque puede dar un paso más.

El mensaje al vestuario es doble. Por un lado, reconocimiento al esfuerzo y a la fiabilidad mostrada. Por otro, una llamada a ser más agresivos en los momentos clave, a transformar control en puntos.

Plantilla corta, vestuario unido

Moyes defiende una idea que conoce bien el fútbol inglés: menos jugadores, más unión. Señala el ejemplo de la plantilla campeona de Leicester City, un grupo reducido que se mantuvo casi inalterable durante la temporada y que encontró en esa continuidad una de sus grandes fortalezas. Para el escocés, un vestuario pequeño puede generar una química especial.

El problema aparece cuando el calendario aprieta. Más partidos, más riesgos, más necesidad de rotar. En ese terreno, Everton tiene una ligera ventaja: sin competiciones europeas, la carga de encuentros es menor. El técnico confía en que eso les permita “tirar” con lo que tienen, estirando al máximo los recursos actuales.

Pero si pudiera elegir, Moyes lo tiene clarísimo: querría “más números”. Su cifra ideal ronda los 21 jugadores de campo. Hoy solo dispone de 18. Tres piezas menos de las que considera necesarias para competir con garantías durante todo el curso.

Mercado de oportunidades… y de riesgos

Con esa realidad, Everton mira al mercado de agentes libres. Es una vía abierta, pero no sencilla. El club explora opciones para reforzar el grupo, aunque el propio entrenador admite la dificultad: no es fácil encontrar un futbolista sin equipo que llegue y marque diferencias en la Premier League.

El margen de error es mínimo. Un fichaje fallido no solo no mejora la plantilla, también bloquea minutos y condiciona la dinámica de grupo. El cuerpo técnico afina la búsqueda, consciente de que un acierto a estas alturas puede cambiar el tono de la temporada.

Tottenham, espejo reciente

El próximo examen se llama Tottenham. El conjunto londinense aún persigue su primer gol y su primera victoria liguera, una situación incómoda que Moyes conoce demasiado bien. No hace tanto, recuerda, Everton se vio en un escenario parecido: sin resultados, con la presión creciendo desde fuera y el ruido envolviendo cada partido.

Por eso evita mirar por encima del hombro al rival. Insiste en que solo pueden “ocuparse de sí mismos”. Hace apenas unos meses, su equipo se quedó a las puertas de cerrar un resultado importante precisamente allí. Esta vez, la intención es clara: cruzar esa línea que entonces se les resistió.

Un parón que inquieta

En el horizonte aparece el parón internacional de dos semanas, y el gesto de Moyes se endurece. Lo considera un periodo “difícil de gestionar” para todos. Algunos jugadores acumularán muchos más minutos que otros con sus selecciones, y el riesgo de lesión se dispara. El técnico lo sabe: un golpe, una sobrecarga, y una plantilla ya corta puede quedarse al límite.

La ecuación es delicada. Everton necesita que sus internacionales compitan, mantengan ritmo y confianza. Pero no puede permitirse que vuelvan agotados o tocados. El deseo del entrenador es tan simple como complejo de cumplir: que sus futbolistas jueguen… pero no demasiado.

Entre lesiones que se alargan, un talento como Jack Grealish llamando a la puerta del once y un grupo reducido tratando de sostener el pulso competitivo, la temporada de Everton se cocina en el detalle. La pregunta ya no es solo hasta dónde puede llegar este equipo, sino cuánto tiempo podrá seguir apretando con tan pocas piezas en el tablero.