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De Minaur se derrumba en el US Open y ve peligrar su lugar en el top 10

Alex de Minaur abandonó el US Open antes de tiempo y dejó algo más que un hueco en el cuadro masculino. Dejó también en el aire su plaza en el top 10 y la sensación de que 2026, a nivel de grandes, se le ha hecho muy largo.

El número 7 del mundo cayó en segunda ronda ante el siempre incómodo Botic van de Zandschulp por 6-4, 7-5, 6-2 en Flushing Meadows, en una derrota que pone el broche a su peor temporada de grand slam en tres años. El australiano, que había arrancado el curso lanzado, encadena ya varios meses de dudas.

“Mi nivel hoy no fue lo suficientemente bueno. Es bastante sencillo”, admitió sin rodeos. Intentó agarrarse al partido con actitud y competitividad, pero nunca encontró el tacto con la pelota. “Sentía que cuanto más intentaba, más intensidad ponía, más encendido estaba, más errores no forzados cometía… fue un día duro en la oficina”.

De los cuartos a la nada en Nueva York

La derrota escuece por el contexto. De Minaur venía de alcanzar los cuartos de final del US Open en las dos últimas ediciones. Esta vez se marcha en segunda ronda, su salida más temprana en Nueva York en cinco años. Solo en dos de sus últimos 13 grandes había perdido tan pronto.

Su año en los majors dibuja una curva descendente: cuartos de final en el Australian Open, tercera ronda en Roland-Garros, cuarta en Wimbledon y ahora un golpe seco en el US Open. Un retroceso evidente.

El rival, sin embargo, llegaba lanzado. Van de Zandschulp, pegador puro, firmó en Nueva York su segundo gran golpe en este torneo tras haber eliminado a Carlos Alcaraz en la misma ronda hace dos años. Nunca había ganado a De Minaur en cuatro duelos previos, pero el presente mandaba: el holandés estaba en mejor forma y el australiano solo había superado unos cuartos de final en cualquier torneo una vez desde febrero.

El servicio, otra vez en el banquillo de los acusados

El talón de Aquiles de De Minaur volvió a quedar expuesto: el saque. Siete dobles faltas por solo cuatro aces, 11 bolas de break concedidas y cinco rupturas sufridas. Demasiado lastre para un jugador que construye su juego desde la solidez.

Uno de esos errores de servicio le costó caro: doble falta para quedar un set abajo y 4-3 en el segundo. Parecía el inicio del hundimiento, aunque un golpe de fortuna le ofreció una rendija. Tras una defensa espectacular, un revés suyo tocó la cinta y se coló en la pista de van de Zandschulp para dejarle 15-40. Se aferró al marcador, igualó, llegó a ponerse por delante y, cuando parecía que el impulso cambiaba de lado, se atascó.

Con 5-5, el australiano perdió un juego de servicio maratoniano. Salvó cuatro bolas de break, pero cedió en la quinta. El punto decisivo llegó tras un golpe descentrado del holandés que cayó corto y arrastró a De Minaur hacia la red, donde dejó un passing de derecha a placer para su rival. Van de Zandschulp pidió perdón, pero el australiano tenía margen para hacer algo más.

Con dos sets en contra, la estadística era demoledora: nunca había remontado ese marcador en 27 intentos. Y no empezó a cambiarla en Nueva York. Se fue al vestuario, intentó subir una marcha, pero en el tercer juego volvió a entregar su servicio con una derecha larga. Dispuso de dos bolas de break en el juego siguiente y las dejó escapar. El holandés le rompió de nuevo poco después y prácticamente cerró la noche.

El día del batacazo… y del cuento de hadas

Mientras De Minaur se despedía, otro australiano escribía una historia completamente distinta en las mismas pistas. Dane Sweeny, 170 centímetros de pura tenacidad y número 123 del mundo, firmó la sorpresa del día al tumbar al italiano Lorenzo Musetti, dos veces semifinalista de grand slam, por 3-6, 6-1, 6-2, 6-2.

Un wildcard, un desconocido para el gran público, un jugador acostumbrado a las sombras del circuito. Y, de repente, su primera victoria ante un top 20 y su estreno en tercera ronda de un major.

Nada ha sido sencillo en la carrera de Sweeny. Hasta hace dos años, estaba tan bloqueado que decidió parar varios meses. Sentía que rozaba el salto a la élite y, al mismo tiempo, que el tenis se le escapaba entre los dedos. Volvió, siguió picando piedra, encadenó semanas sin resultados y se aferró a la idea de que, por pura probabilidad, algún día la moneda caería de su lado.

Ese día fue en Nueva York.

“Estoy muy agradecido de poder competir siquiera en grand slams”, dijo, todavía empapado de la adrenalina del triunfo. “El viaje en el tenis es una montaña rusa. Puse mucho trabajo, no me llegaban los resultados durante mucho tiempo, pero sabía que en algún momento iba a girar a mi favor si seguía. Y lo hice. Ahora estoy aquí, y volver después de esos dos meses fue la mejor decisión que tomé”.

Musetti, por su parte, se desplomó físicamente tras el primer set. Pasó buena parte de los tres parciales finales encorvado en una esquina, con gestos claros de malestar. Pidió un tiempo médico fuera de pista con 3-0 abajo en el tercer set, mostró alguna ráfaga de reacción, pero Sweeny no levantó el pie. Ni en intensidad ni en convicción.

Su único precedente ante un rival de este calibre había sido una derrota en sets corridos ante Ben Shelton en segunda ronda del Australian Open de este año. Hoy la escena es otra: más de 400.000 dólares asegurados de premio y un ranking en vivo que ya le sitúa en el número 109, a la espera de enfrentarse ahora a otro italiano cabeza de serie, Luciano Darderi.

El detalle irónico: Sweeny ni siquiera debía estar en el cuadro principal. Su plan era jugar la fase previa del US Open, pero una serie de bajas permitió que Alexei Popyrin entrara directamente en el main draw y que el wildcard recíproco de Tennis Australia pasara a sus manos. Él lo convirtió en oro: primera victoria en un grande fuera de Melbourne Park ante Corentin Moutet, que se retiró lesionado de un brazo cuando perdía 7-6 (7-4), 6-4, 3-0, y ahora un triunfo monumental ante Musetti.

Kyrgios, sanción corta y tratamiento obligatorio

Mientras el tenis australiano vivía una jornada de contrastes en la pista, fuera de ella se resolvía otro capítulo espinoso. La International Tennis Integrity Agency anunció que Nick Kyrgios aceptó una suspensión de un mes por consumo de cocaína fuera de competición, reducida desde los tres meses iniciales tras comprometerse a entrar en un programa de tratamiento.

Kyrgios ya había pedido perdón a su familia, amigos y aficionados cuando se conoció su suspensión provisional, hablando de un “error enorme”. Admitió ante la ITIA que consumió cocaína de forma social en una salida nocturna antes de competir en Mallorca.

La sanción oficial terminó el jueves, condicionada a que complete el programa de tratamiento. Como parte del castigo, perdió el dinero en premios y los puntos de ranking obtenidos en el torneo de Mallorca.

Su antiguo compañero de dobles Stefanos Tsitsipas, con quien mantiene una relación tirante desde hace tiempo, reconoció tras su victoria en primera ronda del US Open que la noticia no le sorprendió y que ya estaba al tanto de la situación.

Más golpes y alguna señal de vida para Australia

El día dejó otros sobresaltos para la armada australiana. Tristan Schoolkate coqueteó con otra gran sorpresa al arrebatar el primer set al finalista de Roland-Garros Flavio Cobolli, pero acabó cediendo 3-6, 6-3, 6-4, 7-5 ante el quinto cabeza de serie.

Alexei Popyrin, que había arrancado con buenas sensaciones, se desinfló ante el zurdo chileno Alejandro Tabilo, número 25 del cuadro. Perdió 2-6, 7-6 (7-4), 7-6 (7-3), 6-2 y se marchó con gesto apagado.

En el cuadro general, el torneo también se cobró una víctima ilustre: el tercer cabeza de serie Felix Auger-Aliassime cayó en cuatro sets frente a Karen Khachanov. Coco Gauff, Iga Swiatek, Taylor Fritz y Naomi Osaka, en cambio, avanzaron sin sobresaltos.

Al final de una jornada caótica, solo queda un australiano en la competición individual masculina: Dane Sweeny, el wildcard que debía estar en la previa y que ahora se asoma, sin complejos, a la segunda semana. Mientras De Minaur intenta recomponer su temporada y proteger su lugar entre los diez mejores, el tenis de su país encuentra esperanza en el jugador más improbable.

La pregunta es inevitable: ¿será este US Open el punto de inflexión para uno y el inicio de algo mucho más grande para el otro?

De Minaur se derrumba en el US Open y ve peligrar su lugar en el top 10