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Elena Rybakina derrota a Naomi Osaka y se acerca al número uno mundial

Elena Rybakina no solo ganó. Impuso autoridad. La kazaja barrió a Naomi Osaka por 6-1 y 6-4 en el Louis Armstrong Stadium y se metió en los cuartos de final del US Open con un mensaje nítido: está lista para reinar el circuito.

Frente a una dos veces campeona en Nueva York, Rybakina jugó como si el escenario le perteneciera desde siempre. Dominó con el saque, mandó con la derecha, castigó cualquier bola corta. Osaka, cabeza de serie número 13, apenas encontró aire en un primer set que se le escapó en 26 minutos. Un 6-1 contundente, sin concesiones.

El segundo parcial tuvo más pulso. Osaka subió el nivel, trató de alargar los intercambios, buscó la línea de fondo con más agresividad. Pero cada vez que amagaba con entrar en el partido, el servicio de Rybakina volvía a poner las cosas en su sitio. La segunda favorita cerró con firmeza el 6-4 y el pase a cuartos sin haber cedido una sola bola de partido.

Ahora le espera Zheng Qinwen, y el premio ya no es solo una semifinal de Grand Slam. Si Rybakina gana su duelo de cuartos en Nueva York, se convertirá por primera vez en número uno del mundo, incluso si Aryna Sabalenka logra defender el título en Flushing Meadows. El escenario no puede ser más grande. La oportunidad, tampoco.

Al otro lado de la red aparecerá una campeona olímpica que llega lanzada. Zheng protagonizó una remontada brutal en octavos: perdía 5-0 en el primer set ante la ex campeona Iga Swiatek y terminó dándole la vuelta al partido para firmar una de las victorias más impactantes del torneo. Viene de sobrevivir al abismo; sabe sufrir y sabe pegar.

Rybakina, sin embargo, no se esconde ante lo que se juega. Habló del número uno sin rodeos. “Por supuesto que lo quiero, no conozco a nadie que no quiera esto”, admitió. No sonó ansiosa. Sonó ambiciosa, consciente del momento.

La kazaja explicó que intenta encarar este tramo del torneo con la misma frialdad que cualquier otro partido: “He tratado de afrontarlo de la misma manera, hacer todo lo que puedo y luchar hasta el final de mi próximo encuentro”. No hay promesas grandilocuentes, solo una idea clara: competir hasta el último punto.

Su servicio, hoy, es su gran arma y su gran certeza. Lo sabe. “Si saco tan bien como hoy, creo que puedo hacerlo bien. Esperemos que las cosas salgan a mi favor”, deslizó. Contra Osaka, ese saque marcó la diferencia: le dio puntos gratis, le abrió la pista y le permitió jugar siempre desde arriba en el marcador.

La ecuación es sencilla y a la vez enorme: un partido, un paso más en el cuadro, y el trono del tenis femenino. En un US Open que ya ha visto caer a grandes nombres, Rybakina llega al tramo decisivo con algo más que buenas sensaciones. Llega con la sensación de que el circuito entero la está mirando.

Ahora, Zheng Qinwen intentará frenar esa ascensión en un cruce que huele a cambio de era. ¿Será el día en que Rybakina convierta su tenis en poder oficial de número uno? El Louis Armstrong está listo para averiguarlo.