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La evolución del Test cricket: de maratones a carreras

El grito ahogado de los jugadores de Inglaterra, reclamando sin éxito el wicket de Azan Awais, fue casi una metáfora perfecta del Test cricket moderno: todo sucede más rápido, las oportunidades se consumen en un suspiro y los partidos se desvanecen mucho antes del quinto día.

Mientras la lluvia retrasaba el inicio del tercer día del segundo Test entre Inglaterra y Pakistán, Michael Atherton, ex capitán inglés y ahora voz autorizada en Sky Sports, puso palabras a una sensación que recorre el formato: los Tests ya no son maratones de cinco días, sino carreras comprimidas, muchas veces resueltas en tres… o incluso dos.

Un Test que ya no se juega como antes

Atherton no habló de una sola causa, sino de una tormenta perfecta. El cambio arranca con el bate. El auge del T20 ha reprogramado la mentalidad de toda una generación de bateadores.

“Batting is higher risk now because of T20 cricket. If you take more risk, you have more chance of getting out”, explicó. Traducido al terreno: más golpes expansivos, menos paciencia, más opciones de caer antes. El ADN del bateo de Test se ha contagiado del frenesí del formato corto.

A esa agresividad se le suma otro factor clave: la calidad y la profundidad del grupo actual de fast bowlers. Hay velocidad, hay precisión y hay rotación suficiente para mantener la presión durante largos tramos del juego. La combinación es letal para alineaciones que ya no están programadas para resistir sesiones interminables dejando pasar bolas.

El tercer elemento que señala Atherton es tecnológico. El DRS ha cambiado la forma de arbitrar. “DRS has had an impact; umpires are more likely to give LBWs”, apuntó. Con la ayuda de la repetición y el tracking, los árbitros se sienten más respaldados para levantar el dedo ante lbws que antes podían generar dudas. Los bateadores viven con una zona de riesgo más estrecha; los errores de juicio se pagan al instante.

El peso del factor local y el efecto WTC

El paisaje de los campos también ha mutado. Para Atherton, el World Test Championship ha reforzado el valor del factor local y ha empujado a las federaciones a preparar superficies cada vez más extremas.

“Pitches have become more advantageous since the advent of the World Test Championship; teams are generally looking to get home advantage more. So, whether it is turning pitches in India, or seam-friendly pitches in England, pitches have become more bowling-friendly since the advent of WTC”, señaló.

En la práctica, eso significa más giro en India, más costura y movimiento lateral en Inglaterra, más ayuda para los bowlers en casi cualquier rincón. Menos pistas planas para acumular runs y dejar que el partido se estire hasta el quinto día. El equilibrio se ha inclinado claramente hacia la bola.

Los números que delatan el cambio

La percepción tiene respaldo estadístico. Los datos que Sky Sports mostró durante el Test entre Inglaterra y Pakistán dibujan un giro drástico en la duración de los partidos.

En la década de 2020, solo el 41,43% de los Tests han alcanzado el quinto día. En los años 70, ese porcentaje era de un abrumador 77,65%. Incluso en los 2010, todavía se mantenía en un 54,76%. El descenso es contundente.

En el extremo opuesto, los Tests relámpago se multiplican. Según las cifras de Sky Sports, el 23% de los partidos de esta década han terminado en apenas dos o tres días. En los 70, esa cifra apenas llegaba al 2,79%. El contraste es casi generacional.

Atherton tiró de memoria y de números para comparar con su propia época, los años 90, cuando compartía vestuario con Nasser Hussain. Entonces, los encuentros resueltos en tres días o menos rondaban el 7% (6,98%). Hoy esa proporción se ha disparado al 20%. Tres de cada diez partidos, prácticamente, se deciden en tiempo exprés.

Y hay un dato que resume el vuelco de forma casi brutal: “In the last decade (from 2017-current), there have been nine occasions where Test matches have finished in two days, and there wasn't a single two-day Test between 1946 and 2000. The Test matches are going quicker”, recordó Atherton.

Nueve Tests finiquitados en dos jornadas desde 2017. Ninguno entre 1946 y el cambio de siglo. El peso de la historia, dado la vuelta.

Un formato que corre contra el reloj

El reciente Australia–Bangladesh en Mackay, concluido dentro de dos días, no es un accidente aislado, sino el último ejemplo de una tendencia que se acelera. Bateadores más agresivos, bowlers más incisivos, árbitros respaldados por tecnología y pitches diseñados para maximizar el factor local han comprimido el juego.

El Test cricket sigue siendo el examen supremo del deporte, pero ya casi nunca se toma durante cinco días completos. La pregunta, a partir de aquí, es inevitable: ¿hasta dónde puede seguir acortándose el formato sin perder la esencia que lo hizo grande?