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La Fórmula 1 reduce distancias y mejora el espectáculo desde 2027

La Fórmula 1 se prepara para un cambio silencioso, pero profundo. A partir de 2027, la distancia máxima de los grandes premios se reducirá de 305 km a 290 km. Quince kilómetros menos. Unos diez minutos de carrera, aproximadamente, sacrificados en nombre de algo que el campeonato considera innegociable: asegurar que las pruebas se puedan completar sin que el reglamento se convierta en una trampa.

Dos horas de acción… y un “hard stop” claro

El límite de dos horas de tiempo de carrera se mantiene. Esa es la ventana pura de competición. Pero el viejo tope de tres horas totales, cuando la prueba se veía golpeada por lluvia, accidentes o banderas rojas, dejará paso a un “hard stop time” específico para cada gran premio.

Se acabará el reloj genérico. Cada cita tendrá su propio tope máximo, fijado en función de las condiciones locales.

En circuitos nocturnos, por ejemplo, la organización tendrá más margen para alargar la prueba. No es lo mismo correr bajo focos que perseguir la bandera a cuadros con la luz natural cayendo a plomo y un atardecer prematuro. En carreras diurnas, ese límite será más estricto.

El mensaje del organismo rector es directo: se trata de proteger la experiencia de quien paga una entrada. La FIA lo resumió así en su comunicado: los cambios buscan que los aficionados tengan la mejor posibilidad de disfrutar una carrera completa cuando haya interrupciones. Menos finales anticlimáticos, menos vueltas neutralizadas consumiendo el reloj, más garantías de ver la historia deportiva cerrada en pista.

El combustible manda: más motor térmico, menos distancia

Detrás del recorte de kilómetros hay una razón muy concreta: el equilibrio entre el motor de combustión interna y la parte eléctrica de las unidades de potencia.

La proporción actual se mueve en un 53-47 a favor del motor térmico. El año que viene subirá a 58-42. Y en 2028 se fijará en 60-40. Más protagonismo del motor de combustión significa, simplemente, más consumo de combustible.

Ahí apareció el problema. Varias escuderías plantearon aprovechar sus chasis actuales una temporada más para contener costes. Pero el depósito de combustible está integrado en el monocasco. No se puede agrandar sin rediseñar la estructura principal del coche.

Conclusión: con depósitos pensados para un escenario de menor consumo, algunos equipos corrían el riesgo de no tener suficiente combustible para completar los 305 km tradicionales con la nueva configuración de potencia. No es un tema de estrategia, sino de física y reglamento.

La solución ha sido recortar la distancia máxima a 290 km. Se protege la integridad del formato, se evita obligar a todas las escuderías a invertir en chasis nuevos de inmediato y se mantiene un margen razonable para la gestión de combustible sin convertir cada carrera en una ruleta rusa de ahorro extremo.

Más margen en los libres: que el semáforo no mate la sesión

El paquete de cambios aprobado por la F1 Commission no se detiene en la distancia de carrera. También toca un punto que los equipos y pilotos llevan tiempo señalando: la rigidez del cronometraje en las sesiones de entrenamientos libres.

Hasta ahora, cuando un incidente provocaba una bandera roja en los libres, el reloj seguía corriendo. No se detenía como sí ocurre en clasificación y en carrera. El resultado era evidente: sesiones recortadas, programas de pruebas incompletos y menos tiempo real en pista para afinar reglajes, probar piezas nuevas o trabajar en tandas largas.

Desde 2027, el reglamento abrirá la puerta a “mayor flexibilidad para extender las sesiones de entrenamientos libres cuando se vean interrumpidas”. No se trata de alargar por sistema, sino de permitir recuperar parte del tiempo perdido cuando la pista se vacía por un accidente o por condiciones adversas.

En un calendario cada vez más comprimido, con fines de semana al sprint y poco margen para el ensayo, esos minutos pueden marcar la diferencia entre llegar a la parrilla con un coche afinado o con dudas.

La Fórmula 1 entra en una fase en la que cada vuelta, cada litro de combustible y cada minuto de televisión se mide al milímetro. Menos kilómetros, más gestión del tiempo, unidades de potencia más exigentes y un reglamento que intenta no ahogarse en su propia complejidad. La pregunta es clara: ¿este ajuste fino hará las carreras más intensas o abrirá un nuevo frente en la eterna batalla entre espectáculo, tecnología y costes?