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Frances Tiafoe remonta y alcanza semifinales del US Open

En el Arthur Ashe Stadium, cuando muchos ya hacían cuentas sin él, Frances Tiafoe decidió que todavía no era su hora. Dos sets abajo, un break en contra y un rival desatado al otro lado de la red. Desde ahí, desde casi la eliminación consumada, el estadounidense levantó un partido imposible ante Alex Michelsen para meterse de nuevo en las semifinales del US Open.

El marcador final, 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6 (10-6), apenas cuenta una parte de la historia. Lo que ocurrió durante cuatro horas y 38 minutos fue una batalla de nervios, fe y resistencia, con vaivenes constantes y un desenlace que terminó por inclinar a un Arthur Ashe encendido del lado de uno de sus grandes favoritos.

Michelsen manda, Tiafoe no aparece

Durante dos sets largos, el encuentro tuvo dueño y apellido: Michelsen. El número 46 del mundo, 22 años y en su primer cuarto de final de Grand Slam, jugó como si llevara años pisando estos escenarios. Agresivo, valiente, suelto. Tiafoe, undécimo cabeza de serie, apenas encontraba ritmo.

El inicio fue un intercambio de golpes, con rupturas de servicio en ambos lados. Pero en el tramo decisivo del primer parcial, Michelsen apretó el acelerador. Con 6-5, se adueñó del juego al resto y cerró el set apoyado en un dato contundente: 15 golpes ganadores por solo 4 de Tiafoe. La diferencia de pegada era evidente.

El guion no cambió en la segunda manga. El revés de Michelsen, especialmente cruzado, se convirtió en un martillo que resolvía los puntos importantes. Tomó la iniciativa, manejó los tiempos y volvió a golpear en los momentos clave para firmar el 6-3 y colocarse a un solo set de las semifinales. Tiafoe, mientras tanto, parecía desconectado, superado por la claridad de ideas de su compatriota.

El giro: nervios al sacar para ganar

El tercer set arrancó igual: Michelsen con ventaja, Tiafoe sin respuestas. El joven estadounidense logró un break temprano y se colocó en posición inmejorable. Con 5-4, saque para partido. El estadio olía a sorpresa.

Entonces llegaron los nervios.

Michelsen, que hasta entonces había jugado con una frialdad admirable, encadenó dos dobles faltas en el juego más importante de su carrera. La mano se encogió, la derecha perdió profundidad, el revés ya no encontraba las líneas. Tiafoe olió la duda, se abalanzó sobre ella y rompió para igualar 5-5.

Ese juego lo cambió todo. El veterano de 28 años se agarró al partido, se llevó el set por 7-5 y, de repente, el viento cambió de dirección en Flushing Meadows. Tiafoe había “robado” un parcial que no le pertenecía y, con él, la inercia del duelo.

El Ashe despierta y Tiafoe se enciende

Con el tercer set en el bolsillo, Tiafoe se transformó. Empezó el cuarto con tres juegos consecutivos ganados, castigando el segundo servicio de Michelsen y soltando por fin el brazo. El joven intentó resistir, pero el daño estaba hecho: el favorito ya jugaba con la energía del público y con la convicción de quien ha vuelto desde el abismo.

El 6-3 del cuarto set reflejó un partido que ya era otro. Michelsen seguía compitiendo, pero había perdido el aura de control que lució durante las dos primeras mangas y media. Tiafoe, al contrario, se alimentaba de cada grito del Ashe, de cada punto largo, de cada error del rival.

Quinto set de locura y desenlace en el super ‘tie-break’

El set definitivo fue una montaña rusa. Ninguno de los dos consiguió blindar su servicio. Se sucedieron los breaks, las ventajas desperdiciadas, los puntos ganadores imposibles. El público, totalmente entregado, celebraba cada intercambio como si fuera el último.

Tiafoe, especialista en sobrevivir en partidos largos, tiró de experiencia. Michelsen, pese al golpe anímico, se negó a desaparecer. El equilibrio llevó el duelo al super ‘tie-break’ a 10 puntos, el escenario perfecto para una noche ya histórica.

Allí, la mano firme fue la de Tiafoe. Más sólido, más agresivo en los puntos grandes, abrió hueco hasta el 10-6 definitivo que selló su cuarta victoria a cinco sets en un Grand Slam en este 2026. Michelsen, exhausto y desbordado por la emoción, terminó entre lágrimas en la red, fundido en un abrazo con el hombre que acababa de negarle su primera semifinal de grande.

Un viejo conocido en el penúltimo escalón

Con esta victoria, Tiafoe alcanza por tercera vez en cinco años las semifinales del US Open. A sus 28 años, se ha convertido en un habitual de las últimas rondas en Nueva York, pero todavía persigue la gran cuenta pendiente: la final en Flushing Meadows.

En 2022 se cruzó con Carlos Alcaraz. En 2024, con Taylor Fritz. Dos derrotas que aún pesan. Ahora le espera de nuevo un muro de máximo nivel: el vigente campeón, Carlos Alcaraz, o el octavo cabeza de serie, Ben Shelton, otro representante de la nueva hornada estadounidense.

Tiafoe ya ha demostrado que, incluso cuando parece fuera del torneo, nunca está realmente eliminado. La pregunta es clara: ¿será este el año en que convierta la épica en título?