Glamorgan rompe el maleficio en The Oval con victoria de 184 carreras
Diez años después de su último triunfo de cuatro días en The Oval, Glamorgan volvió a marcharse de Londres con algo más que un buen recuerdo: un triunfo por 184 carreras, un doblete en la temporada ante Surrey y la confirmación de su plaza en la Division One del County Championship para el próximo curso.
Lo hizo a la manera clásica en el Kia Oval: con paciencia, con un ataque coral y con la sensación constante de que, por muy grande que fuera el objetivo –612 para ganar, un registro que habría reescrito la historia–, el reloj y la presión jugaban de su lado.
El sueño de Patel y el espejismo de la gesta
Surrey arrancó el cuarto día en 177-2, todavía a una distancia casi absurda, pero con una ventana de esperanza abierta por Ryan Patel. El zurdo, sólido y metódico, avanzó rápido hacia los 90 con un derechazo recto a Ray Toole que pareció despejar las ideas: si alguien podía sostener la quimera, era él.
A su lado, Ollie Pope nunca terminó de parecer cómodo. Se salvó más de una vez ante la constancia de Timm van der Gugten, con golpes a medias que pasaron cerca de los hombres de dentro del círculo. Glamorgan olió la duda y cambió el ángulo del ataque.
Entró Zain ul Hassan como primer relevo y el partido dio un giro. Tercer envío, invitación al drive, y Pope, tentado, se lanzó. Desvío fino y Chris Cooke, adelantado detrás de los palos, cerró el guante. Fin a una asociación de 168 carreras que había sostenido la resistencia local.
Patel, atascado a las puertas del centenar, respiró al fin con un sencillo por el lado de la pierna ante Mason Crane. Tres cifras, su primer cien de la temporada, premio a cuatro horas de concentración y al único pilar real de la respuesta de Surrey. A su llegada, Dan Lawrence eligió otro camino: agresivo, directo, castigando a Van der Gugten hacia la valla. Por un momento, el gigantesco objetivo pareció, si no alcanzable, sí menos ridículo.
El golpe psicológico antes del almuerzo
Glamorgan, sin embargo, eligió el momento perfecto para cortar el impulso. Última bola antes del almuerzo. Mir Hamza provoca el error, Patel empuja, y Ben Kellaway vuela en el gully hacia su derecha para atrapar una de esas pelotas que se recuerdan en un vestuario. Surrey se va al descanso sin su ancla, sin el hombre que había dado sentido a la persecución.
A la vuelta, Lawrence intentó mantener viva la llama. Había llevado el total más allá de los 300 con un reverse-sweep a la cuerda ante Kellaway, un gesto de autoridad y confianza. Quiso repetir la fórmula unos overs después. Esta vez, el riesgo le traicionó: top-edge, la pelota se eleva y Asa Tribe, desde slip, cierra el círculo y se queda con ella. Otro de los pilares de Surrey se marcha, y con él, buena parte de la resistencia.
El giro al spin y la caída en cascada
Con la puerta entreabierta, Glamorgan cambió el guion. Kellaway se mantuvo en acción y se le unió Mason Crane para un ataque de spin total. El efecto fue inmediato. Crane sacó de la mano una auténtica joya: la pelota giró con violencia, atravesó la defensa de Adam Thomas y tumbó el off stump. Un mensaje claro: ya no se trataba solo de aguantar, sino de sobrevivir.
Las esperanzas de Surrey pasaron entonces a los guantes de Ben Foakes, respaldado por Tom Lawes. Los dos construyeron una sociedad de 49 que, sin ser explosiva, sí empezó a robarle tiempo y nervios a Glamorgan. Bloqueaban lo bueno, castigaban lo suelto, y el marcador avanzaba lo suficiente como para que, por un instante, el empate volviera a parecer posible.
Van der Gugten regresó con la nueva pelota y no tardó en imponer su ley. Lanzamiento tenso, bajo, que se cuela por la guardia de Foakes y le arranca el middle stump. Un golpe seco, casi simbólico: el especialista en aguantar partidos largos no podía salvar esta vez a Surrey.
Lawes, sereno, siguió peleando. Seleccionó bien los golpes, defendió con criterio y se acercó a un cincuenta que habría sido tanto un logro personal como un pequeño consuelo colectivo. Se quedó a cinco. Crane le atrapó delante de los palos, otra vez desde el spin, para dejar a Surrey sin su último bateador verdaderamente asentado.
Quedaba James Taylor, y quedaba la sensación de que solo un milagro podía cambiar el desenlace. Van der Gugten se encargó de que no hubiera lugar a dudas: otra vez, stump derribado, y con él, el final de la entrada en 427.
Un triunfo que pesa más que los puntos
El marcador final –Glamorgan 132 y 594, Surrey 115 y 427– cuenta una historia de remontada y dominio sostenido, rematada con autoridad. Los 155 de Asa Tribe y el 114* de Crane en la monumental segunda entrada visitante habían levantado el escenario; el reparto de wickets en el último acto –dos para Van der Gugten, dos para Toole, dos para Ul Hassan y dos para Crane– bajó el telón.
Diez años sin ganar un partido de red-ball en The Oval. Cuatro encuentros sin conocer la victoria en este tramo de campeonato. Glamorgan eligió una plaza grande y un rival grande para romper ambas rachas y asegurar su futuro inmediato en la élite.
La pregunta ya no es si pueden mantenerse en la Division One. La cuestión, después de una tarde así en Londres, es hasta dónde pueden llegar si sostienen este tipo de actuaciones cuando el próximo verano vuelva a levantar el telón.






