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Hampshire rompe contrato con Scott Kuggeleijn tras presión de aficionados

Hampshire Cricket tardó apenas unas horas en pasar de la discreción al terremoto. El club inglés canceló el contrato del neozelandés Scott Kuggeleijn minutos antes de que el jugador saltara al campo para su debut en el County Championship, empujado por una fuerte reacción de sus propios aficionados y parte del personal del club.

El giro fue brusco. Y público.

El lanzador de 34 años, internacional con New Zealand en las tres formas del juego, había aparecido esa misma mañana en una publicación en redes sociales como parte de la plantilla de 15 jugadores para enfrentarse a Warwickshire. No había comunicado oficial de su fichaje, ningún anuncio elaborado, ningún vídeo de bienvenida. Solo su nombre, de repente, en la lista del equipo.

Eso bastó para encender la mecha.

Un fichaje silencioso, una reacción ruidosa

La presencia de Kuggeleijn en la convocatoria provocó una oleada inmediata de rechazo entre la hinchada de Hampshire y dentro de la propia estructura del club. En redes sociales se multiplicaron los mensajes de indignación, con calificativos como “vergonzoso” y “una deshonra” dirigidos a la decisión de incorporarlo.

Hampshire había contratado al rápido lanzador para los últimos cuatro partidos de la temporada del County Championship, como sustituto del sudafricano Delano Potgieter, llamado recientemente para la serie de South Africa A ante Bangladesh. Deportivamente, el movimiento tenía lógica: experiencia internacional, ritmo, un refuerzo de última hora para el tramo final del campeonato.

Pero la polémica nunca estuvo en el plano deportivo.

Kuggeleijn fue acusado de violación en 2015. Tras un primer juicio con jurado sin veredicto, quedó absuelto en 2017. Solo después de esa absolución llegó su debut internacional, en una serie de un día ante Ireland en Dublín ese mismo año. Aun así, su presencia en el equipo nacional neozelandés ya había generado un intenso debate en su país, hasta el punto de que el entonces seleccionador Gary Stead tuvo que salir públicamente a defender su convocatoria.

Ese debate, años después, cruzó hemisferio.

El club recula: “Hemos escuchado”

Ante la avalancha de críticas, Hampshire reaccionó con un comunicado breve pero contundente, publicado poco antes de que comenzara el partido:

«Tras reflexionar y escuchar las opiniones de nuestro personal y nuestros seguidores, Hampshire Cricket puede confirmar que Scott Kuggeleijn no representará al club», señaló la entidad. «Valoramos la pasión de nuestra afición y agradecemos a todos los que se tomaron el tiempo de compartir sus puntos de vista».

Sin rodeos. Sin matices deportivos. El mensaje colocó en primer plano el peso de la comunidad del club por encima de la apuesta puntual por un refuerzo internacional.

El episodio deja a Kuggeleijn fuera de Hampshire sin haber llegado a lanzar una sola bola para el equipo. Un fichaje fugaz, abortado en la hora previa a su estreno, que expone hasta qué punto los clubes ya no pueden separar el campo de juego del contexto social y moral que rodea a sus decisiones.

Una carrera marcada por la controversia

En lo puramente cricketístico, el currículum de Kuggeleijn es sólido. Ha jugado tres Test, dos partidos de un día y 18 T20 con los Black Caps. Su última aparición con New Zealand se produjo en marzo de 2024, en el segundo Test ante Australia en Hagley Oval, Christchurch, un encuentro que los australianos ganaron por tres wickets.

Lejos del escenario internacional, el lanzador sigue siendo un habitual del cricket de primera clase con Northern Districts en Nueva Zelanda. Antes de su breve y fallida etapa en Hampshire, estaba compitiendo en una liga T20 en Darwin con Kingsmen, buscando mantener ritmo y escaparate.

Sin embargo, su nombre nunca ha dejado de arrastrar la sombra del caso judicial, pese a la absolución. Cada nuevo contrato, cada convocatoria, se convierte en un examen público. New Zealand ya vivió ese debate. Ahora le ha tocado a Hampshire.

La pregunta, después de este episodio, es clara: ¿cuántos clubes estarán dispuestos a asumir ese coste reputacional por el rendimiento de un lanzador, por muy rápido que sea su brazo?