Hridoy y su récord de 350* en Sudáfrica
En Potchefstroom, un lugar que ya formaba parte de su historia, Towhid Hridoy escribió el capítulo más ruidoso de su carrera. Allí donde levantó la ICC Under-19 World Cup en 2020, el bateador bangladesí firmó una entrada monumental: 350* contra South Africa A. Un récord. Un mensaje. Y quizá, un ajuste de cuentas con el pasado.
Lo más llamativo es que él ni siquiera viajó pensando en eso.
Hridoy fue enviado a Sudáfrica casi como solución de emergencia. Lesiones en cadena, problemas de visado, huecos en la plantilla. La Bangladesh A necesitaba cuerpos, necesitaba bates, necesitaba completar el grupo. Así aparecieron en la lista de embarque Hridoy, Nurul Hasan, Rishad Hossain y Mohammad Saifuddin. No era un viaje con alfombra roja. Era un parche.
En el aeropuerto de Daca, la pregunta era inevitable: ¿objetivo en la serie de cuatro días en Sudáfrica? Hridoy no parecía obsesionado con la idea de “aprovechar la oportunidad” en el largo formato. Ni dramatismo ni grandes proclamas. Su mirada estaba en otro horizonte.
Para él, esta gira era sobre todo una adaptación al escenario que viene: una serie de white-ball contra los Proteas y, después, un año que desemboca en el ODI World Cup. Condiciones, ritmo, bolas que se levantan distinto, aire más fino. Prepararse. Ajustar. Afinar.
“La preparación es muy importante y, como tenemos una gira con la selección y el World Cup (ODI), intentaré prepararme para eso”, dijo antes de cruzar la puerta de embarque. Palabras sencillas, pero reveladoras: el Test cricket no era el centro de su universo.
Y no es difícil entender por qué.
Una herida abierta con el Test cricket
Hridoy esperó más de tres años para entrar en el equipo de Test tras debutar primero en el white-ball. Cuando por fin le llegó la oportunidad, duró apenas tres días. Un solo partido, el segundo Test de la gira contra Zimbabwe en Harare, y adiós. Sin red, sin margen, sin segundas opciones.
Para muchos, se le había subido demasiado pronto al tren del Test cricket. Otros pusieron el foco en su técnica, supuestamente más hecha para el ritmo y la agresividad del white-ball. Pocos alzaron la voz para pedir paciencia con él en el formato largo.
El discurso oficial del panel de selección siempre fue claro: entrar en la selección nacional es difícil, pero una vez dentro, quien se gane un lugar en cualquier formato tendrá oportunidades para demostrar su valor. En el caso de Hridoy, esa teoría se rompió. Él lo vivió en carne propia. Y por eso, ahora, evita mirar demasiado lejos cuando se le habla de ambiciones con la bola roja.
Paradójicamente, esa distancia emocional con el Test cricket le ha liberado.
350* y un récord que no se puede ignorar
En Potchefstroom, el derecho se soltó. Sin cargar con el peso de “tengo que impresionar para volver al Test team”, jugó como sabe. Sin cadenas. Sin miedo a fallar. El resultado fue una de las mayores exhibiciones de resistencia y autoridad que se recuerdan de un bateador bangladesí en first-class.
Sus 350* no solo destrozaron a South Africa A. También reescribieron la historia de Bangladesh en el formato. Hridoy se convirtió en apenas el tercer bateador del país en lograr un triple siglo en first-class, pero fue más allá: superó el 334* de Tamim Iqbal y el 313* de Raqibul Hasan para firmar la mayor puntuación de un bangladesí en este nivel.
No hay matiz posible: es una marca que obliga a levantar la vista.
Y, sin embargo, ni siquiera después de semejante gesta, Hridoy se permite soñar demasiado con la bola roja. Mantiene el discurso frío, casi clínico, como quien ya aprendió que en el Test cricket nada está garantizado para él.
“Esto no depende del todo de mí. Como jugador profesional, siempre quiero hacerlo bien, lo he dicho muchas veces antes. Cuántos partidos jugaré con la selección dependerá de los selectores. Si tengo la oportunidad, intentaré hacerlo bien”, explicó tras el partido, cuando le preguntaron directamente por sus planes en red-ball.
No hay reproches en sus palabras. Hay cautela. Y una lección aprendida.
El próximo examen es para los selectores
Lo que hizo Hridoy ante South Africa A no se puede esconder bajo la alfombra cuando llegue la próxima serie de Test de Bangladesh. Su maratón en Potchefstroom le coloca en el centro del debate. Debería. Porque ya no se trata solo de si merece un hueco en la lista. La cuestión real es otra: ¿está Bangladesh preparado para darle un camino claro en el Test cricket?
El reto para los responsables de la selección no será únicamente incluir su nombre en una convocatoria. El verdadero desafío será ofrecerle algo que nunca tuvo: continuidad, respaldo, la sensación de que un mal partido no lo devuelve automáticamente a la casilla de salida.
Por ahora, Hridoy parece haber encontrado un refugio en no pensar demasiado en ese futuro. Esa despreocupación le permitió, precisamente, jugar con libertad en Sudáfrica y mostrar de qué está hecho cuando la bola es roja y el partido se alarga.
La pelota, ahora, está en el otro lado de la mesa. Después de un 350* imposible de ignorar, la próxima decisión no medirá solo el talento de Hridoy, sino también la valentía del cricket bangladesí para confiar, de una vez, en uno de sus bateadores más contundentes del presente.






