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India desata la tormenta: Abhishek Sharma y Sanju Samson arrasan en el inicio

India no salió a “probar cosas”. Salió a aplastar. Y en cinco overs dejó claro que el plan pasaba por algo muy simple: atacar sin tregua.

El marcador lo cuenta todo: IND 85/0 en 5 overs. Pero los números no capturan del todo la violencia del inicio. Esa la pusieron Abhishek Sharma y Sanju Samson, con un arranque que desarmó cualquier idea de control que pudiera tener Afganistán.

Abhishek en modo vendaval

El primer aviso serio llegó con Azmatullah Omarzai al mando del segundo over. Primera entrega: corta y ancha, Samson la corta a deep point por un sencillo. Rutina. Pero en cuanto Abhishek Sharma vio una pelota en su zona, el tono del partido cambió.

Se acomodó sobre una bola dirigida a las piernas y la despachó por encima de deep square leg para seis. Sin esfuerzo aparente, solo timing. Falló un swing a una corta que se iba alejando, pero no perdió el hilo: cuatro a long-on en la siguiente. Tras un punto muerto, levantó a Omarzai por encima de deep extra cover para otro seis. India cerraba ese over en 22 sin pérdida, con Abhishek ya en 20 de 8. Mensaje enviado.

El ritmo no bajó. Con Fazalhaq Farooqi de vuelta para el tercer over, Samson se apuntó al guion con un heave a deep backward square leg para un sencillo, pero fue Abhishek quien volvió a encender la mecha. Pelota llena, recta: loft impecable por el centro del campo para seis, y se queda en la pose, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

La siguiente, corta hacia el cuerpo; se mete dentro de la línea y la guía por encima de fine leg para otro seis. Afganistán intenta recortar el daño con una corta “de trámite”, pero Abhishek la arrastra más allá de deep square leg para cuatro, y luego suma otros cuatro hacia fine leg. Dos carreras a deep extra cover cierran el over: India ya está en 45/0 tras 3, con Abhishek en 42 de 13. El partido, a esas alturas, parecía una sesión de throwdowns para el zurdo.

El over que lo cambió todo: 29 de Nabi

Cuando Mohammad Nabi tomó la pelota, Afganistán necesitaba algo de control, aunque fuera simbólico. Lo que encontró fue lo contrario.

Nabi la lanzó plena, buscando longitud, pero Samson dio un paso atrás y descargó un seis recto por encima de la cabeza del propio lanzador. Golpe limpio, brutal, casi desafiante. Misma zona en la siguiente bola, mismo resultado: otro seis, misma receta, mismo castigo.

La presión se trasladó por completo al veterano off-spinner. Abhishek se unió a la fiesta por la misma ruta, y en el proceso alcanzó un cincuenta que no fue solo rápido; fue intimidante. Añadió un cuatro más, y cerró el over con otro seis, esta vez rematando el castigo. Del over de Nabi salieron 29 carreras. India, lanzada: 85/0 en 5. Afganistán, sin respuestas.

Iyer, sin concesiones: “No hay lugar para la complacencia”

Todo esto llegó después de una decisión táctica que ya marcaba el tono. Shreyas Iyer perdió el sorteo, pero dejó claro que su plan coincidía con el de Ibrahim Zadran.

“Definitivamente habríamos bateado primero también”, explicó. Contó que ya intuía lo que haría su homólogo afgano. Para India, el reto era claro: un buen examen ante un rival que, aunque ya derrotado en la serie, seguía siendo incómodo.

Iyer insistió en la idea central que se respiraba en el vestuario: cero relajación. “No hay lugar para la complacencia. Es importante que vivamos el momento, respaldemos nuestros instintos y no compliquemos las cosas”. Y lanzó un matiz que dice mucho de la madurez del grupo: ser agresivos no significaba perder la cabeza. “Que estemos bateando primero no quiere decir que vayamos a volvernos completamente locos. Tenemos que adaptarnos y aclimatarnos a la situación”.

En cuanto a la alineación, un solo cambio: Yash Thakur entró por Arshdeep. Ajuste fino, sin revolución.

Afganistán, entre la autocrítica y el orgullo

Al otro lado, Ibrahim Zadran por fin consiguió lo que había querido desde el inicio de la serie: lanzar primero. “Queríamos lanzar primero en los dos partidos anteriores, pero perdimos el sorteo”, recordó. Esta vez, con el wicket supuestamente más favorable a los lanzadores, Afganistán se aferraba a su plan inicial: presionar, contener, impedir un marcador descomunal.

El contexto, sin embargo, pesaba. La serie ya estaba perdida y las carencias eran evidentes. El orden medio se había derrumbado en los dos encuentros anteriores, y el propio Rahmanullah Gurbaz, referencia en la parte alta, acumulaba dos ducks consecutivos. Frente a unos lanzadores indios curtidos, especialmente en el powerplay, Afganistán nunca logró darse margen real para competir.

Zadran no esquivó el diagnóstico. Admitió que el equipo había reflexionado sobre todo aquello que les había impedido ir más allá de los 150-160. El objetivo, claro: llegar a los 200 si querían soñar con derribar a una de las mejores selecciones del mundo en T20. “Tenemos que llevar esa intención al equipo, ir con la mentalidad correcta para anotar 200 o más. Si quieres vencer a la selección más grande en el escenario internacional, tienes que mejorar ahí”, razonó el capitán.

Dos cambios buscaban precisamente ese revulsivo: salieron Gulbadin Naib y Noor Ahmad; entraron Abdullah Ahmadzai y Noor ul Rahman. Un intento de remezclar energía y roles en un equipo que necesitaba algo más que ajustes tácticos: necesitaba una respuesta de carácter.

Un último impulso antes de Japón

Para Afganistán, este cierre de serie no era solo cuestión de orgullo estadístico. Un buen rendimiento en el último partido significaba mucho más: un impulso anímico antes de subir al avión rumbo a Japón.

India, mientras tanto, jugaba con la soltura de quien domina la serie, pero con la seriedad de quien sabe que cada noche internacional cuenta. El arranque furioso de Abhishek Sharma y Sanju Samson no solo destrozó los planes inmediatos de Zadran. También lanzó una pregunta incómoda al resto de rivales en el calendario: ¿están preparados para aguantar este tipo de tormenta desde la primera bola?