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Inglaterra barre a Sri Lanka y recupera el trono del T20

Inglaterra no tuvo piedad. En una tarde fría en Old Trafford, el equipo de Jos Buttler completó un 3-0 rotundo ante Sri Lanka con una victoria por ocho wickets que dijo mucho más que el marcador: confirmó su regreso a la cima del ránking mundial T20 y subrayó, otra vez, la enorme distancia entre ambos conjuntos en este formato.

El objetivo era modesto: 125 carreras. La respuesta, demoledora. Inglaterra lo persiguió en apenas 9,4 overs, con 62 bolas de sobra, una humillación deportiva para un rival que nunca encontró respuestas ni con el bate ni con la bola.

Sri Lanka se derrumba, Inglaterra no perdona

Sri Lanka arrancó con cierto orden, pero nunca con autoridad. Pathum Nissanka (36 de 24 bolas) y Kamindu Mendis (35 de 28) sostuvieron el marcador lo justo para evitar el desastre temprano, aunque el colapso terminó llegando igual.

Con siete bolas aún por jugar, la alineación asiática se quedó en 124, sin aceleración final, sin profundidad en el orden de bateo, sin golpe de efecto. Inglaterra fue apretando los tornillos con una rotación de bola precisa y sin estridencias. Will Jacks, Jofra Archer y Sonny Baker, nombrado Jugador del Partido, se repartieron dos wickets cada uno y desnudaron la fragilidad de Sri Lanka.

No fue solo cuestión de wickets. Faltó intención, faltó lectura de condiciones, faltó un plan claro para atacar o, al menos, para aguantar. Ante un equipo como Inglaterra, eso se paga caro. Muy caro.

Buttler, en modo capitán devastador

La persecución inglesa tuvo un pequeño susto inicial con la salida de Aneurin Donald por 13, pero duró un suspiro. A partir de ahí, el partido se convirtió en una exhibición.

Buttler tomó el control del escenario y no lo soltó. Terminó con 62* de 32 bolas, un innings de capitán que mezcló potencia y serenidad, golpes limpios y una lectura impecable del ritmo del encuentro. A su lado, Harry Brook aportó 33 sólidos, completando una asociación que borró cualquier atisbo de tensión.

El marcador final, 126-2, llegó casi sin que el público tuviera tiempo de asentarse. Inglaterra jugó como un equipo que sabe que es el mejor del mundo y que, cuando huele sangre, no se conforma con ganar: quiere arrasar.

Buttler ya había escrito historia unos días antes, al convertirse el jueves en el primer bateador en alcanzar las 15.000 carreras en su carrera en T20. En Manchester, se limitó a recordar por qué sigue marcando la pauta en el formato más explosivo del cricket.

Brook se queda con la serie, Sri Lanka con las dudas

Si Buttler se adueñó del tercer partido, la serie tuvo un dueño claro: Harry Brook. Terminó como máximo anotador global y fue elegido Jugador de la Serie, reflejo de una consistencia que Inglaterra valora casi tanto como su capacidad de golpear fuerte.

“Creo que todos dimos un paso adelante en esta serie. Cada partido ha sido ligeramente diferente y estamos leyendo las condiciones extremadamente bien”, señaló Brook al cierre, subrayando un detalle clave: este equipo no solo pega, también piensa.

Del otro lado, el contraste fue brutal. Sri Lanka no solo falló con el bate. Con la bola se disparó en el pie una y otra vez: nueve wides, dos de ellos yéndose hasta la valla para cuatro. En T20, esos regalos son sentencias.

Charith Asalanka no maquilló nada al analizar el desastre. Definió la serie como “muy decepcionante” en las dos grandes áreas, bateo y bowling, y la calificó como un “importante llamado de atención” sobre el lugar real que ocupa ahora mismo Sri Lanka en el T20 mundial frente a las mejores selecciones.

Quince seguidas y un mensaje al mundo

Con este triunfo, Inglaterra encadena ya 15 victorias consecutivas en T20 ante Sri Lanka. No es una racha, es una relación de dominio absoluto. La victoria en Old Trafford no solo completó la barrida, también devolvió a los ingleses al número uno del ránking, desbancando a India.

El dato es contundente, pero quizá lo más inquietante para sus rivales es la sensación que deja el equipo: juegue donde juegue, contra quien juegue, parece siempre un paso por delante. Y cuando su capitán está en modo destructivo y su joven estrella firma una serie perfecta, la pregunta no es si Inglaterra puede mantenerse arriba.

La verdadera cuestión es quién se atreverá a bajarlos.