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Jack Draper finaliza su temporada: pausa para reconstruir su carrera

Jack Draper no volverá a empuñar la raqueta en lo que queda de año. El británico de 24 años, que llegó a ser número cuatro del mundo el pasado junio, ha decidido detener por completo su temporada para curar una lesión que lleva demasiados meses marcando su vida deportiva.

El diagnóstico es claro: contusión ósea en el brazo de servicio. El efecto, devastador. Desde Wimbledon del año pasado solo ha disputado nueve torneos. Demasiado poco para alguien que, hace poco más de un año, parecía lanzado hacia la cima del circuito.

Un verano que lo cambió todo

El contraste es brutal. En marzo, Jack Draper levantaba su primer título de Masters 1000 en Indian Wells. Poco después, firmaba una final en Madrid. Ese doble golpe de autoridad lo impulsó hasta el número cuatro del ranking, consagrando a un jugador que unía potencia, precisión y una madurez impropia de su edad.

“Todo el trabajo y la dedicación que había puesto en este deporte se estaban juntando”, escribió Draper en Instagram. “Todo iba a mi favor y el camino parecía tan claro”. Lo era. Hasta que su brazo dijo basta.

A partir de ahí, la cuesta abajo. Resultados discretos, molestias constantes, entrenamientos a medias. Este verano se convirtió en un calvario: derrotas en primera ronda en Montreal y Cincinnati, sin ritmo, sin confianza. En Canadá, ante el francés Terence Atmane, acabó el partido entre lágrimas. No era solo el marcador. Era la sensación de no poder ser él mismo sobre la pista.

Sin US Open y sin ranking protegido

La lesión lo dejó fuera del US Open, un golpe duro para alguien acostumbrado a los grandes escenarios. Y la pausa total que ha decidido ahora tiene otra consecuencia: no cumplirá los requisitos para acogerse a un ranking protegido cuando regrese.

La normativa es tajante: solo los jugadores que permanecen fuera del circuito más de seis meses pueden conservar la clasificación que tenían al ausentarse. Draper no llegará a ese límite. Hoy figura en el puesto 155 del ranking. Cuando vuelva, si lo hace en enero como pretende, tendrá que vivir otra batalla: la de entrar en los grandes torneos.

Sin ranking protegido, el camino será más empinado. Necesitará invitaciones (wildcards) o superar fases previas para estar en los Grand Slams y en los torneos del ATP Tour. No habrá red de seguridad. Solo la raqueta, el cuerpo… y el dolor, si no termina de desaparecer.

Pero Draper, al menos en el discurso, ha elegido priorizar algo más básico: poder jugar sin sentir que cada servicio es una amenaza para su brazo. “Estoy aprovechando este tiempo para resetear y curarme, para que cuando vuelva esté al 100% listo”, explicó. “El tenis es mi propósito y mi pasión, y cuando vuelva a la pista quiero asegurarme de que no haya nada que me frene para llegar a donde quiero ir”.

Cansancio, crecimiento y un parón necesario

El británico admite que este último año lo ha desgastado por dentro. “Gestionar tanto cambio, adversidad y dolor me ha ayudado a crecer enormemente en muchas áreas de mi vida, pero también me ha hecho sentir un nivel de fatiga”, reconoció.

No es solo una lesión física. Es un desgaste mental. Por eso, en las últimas semanas se ha permitido algo que muchos deportistas de élite se niegan a concederse: vacaciones reales. Se ha alejado del circuito, ha viajado con amigos, ha intentado desconectar del ruido, de los puntos, de los cuadros, de las defensas de ranking.

El plan ahora pasa por un regreso gradual a los entrenamientos en las próximas semanas. Sin prisas, con la mirada puesta en el inicio de la próxima temporada, mientras su equipo médico y técnico trata de identificar el origen profundo del problema en el brazo. No se trata solo de curar una contusión ósea, sino de entender qué la provocó y cómo evitar que vuelva.

La incógnita del regreso

Cuando Draper vuelva al circuito, no será el mismo jugador que se marchó en pleno apogeo tras Indian Wells y Madrid. Tendrá menos ranking, menos certezas y, probablemente, más cicatrices. Pero también llegará con algo que muchos campeones consideran imprescindible: la experiencia de haber tocado fondo y haber elegido parar antes de romperse del todo.

La pregunta no es si podrá volver a ser el número cuatro del mundo. La verdadera incógnita es otra: ¿qué versión de Jack Draper aparecerá cuando, por fin, vuelva a sentir que su brazo le pertenece de nuevo?