Katie Taylor se despide en Croke Park: última batalla
El telón de una de las carreras más influyentes del boxeo moderno caerá en Dublín. Katie Taylor, a los 40 años, elegirá el coloso de Croke Park como escenario final, frente a la francesa Flora Pili, con un objetivo tan simple como gigantesco: irse como campeona indiscutida del peso superligero y cerrar con final de cuento una historia que cambió el deporte.
De fingir ser un chico a llenar Croke Park
La imagen parece lejana, casi irreconocible: una niña irlandesa cubriéndose el pelo, fingiendo ser un chico para conseguir peleas en las categorías inferiores. De ahí a esto: 80.000 personas esperadas en un estadio icónico, volcadas con una boxeadora que convirtió la excepción en norma.
“No estoy segura de que haya otro país en el mundo donde 80.000 personas se presenten para ver a una atleta femenina”, dijo Taylor ante la prensa en Dublín. No fue una frase de compromiso. Sonaba a asombro genuino.
“Estoy muy agradecida por el apoyo. Me deja alucinada, para ser honesta. Quiero ofrecer una actuación digna del apoyo de todos estos años. Este país ha viajado por todo el mundo para verme pelear… y estarán conmigo otra vez el sábado por la noche”.
Irlanda respalda con hechos. De las 42 medallas olímpicas del país, 19 llegaron desde el ring. Entre ellas, el oro de Taylor en Londres 2012, un antes y un después para el boxeo femenino. Cuatro años más tarde dio el salto al profesionalismo. Títulos, bolsas millonarias, noches históricas: todo lo que de niña solo podía imaginar.
Una carrera que reescribió el mapa del boxeo femenino
Nacida en Bray, localidad costera al sur de Dublín, Taylor arrasó con el circuito profesional desde el inicio. Velocidad, agresividad, un ritmo que asfixia. En su séptima pelea profesional ya tenía el cinturón de la WBA en la cintura. Desde entonces, apenas miró hacia atrás.
Su figura se consolidó más allá de Irlanda cuando, junto a Amanda Serrano, encabezó por primera vez una cartelera femenina en el Madison Square Garden en abril de 2022. Aquella noche en Nueva York dejó una de las guerras más memorables de los últimos años, resuelta por una ajustadísima decisión dividida a favor de Taylor. Una pelea para archivar, una velada que rompió techos de cristal.
Nada de esto, sin embargo, se construyó en una línea recta.
Sombras, violencia y la herida de Dublín
El boxeo profesional irlandés quedó paralizado tras el tiroteo de bandas en el Regency Hotel, cerca de Croke Park, durante un pesaje en 2016. Un hombre murió. El impacto fue brutal. El deporte se detuvo. El regreso de grandes veladas a la capital se convirtió en una cuestión tan política como deportiva.
Cuando por fin Taylor pudo pelear en Dublín, en mayo de 2023, el guion se torció. Chantelle Cameron le arrebató la noche en las tarjetas de los jueces, infligiéndole la única derrota de su carrera profesional. En casa, ante su gente, en la ciudad que esperaba celebrarla.
Seis meses después, en el mismo escenario, Taylor se cobró la revancha y se llevó la segunda pelea. El daño, sin embargo, no desapareció del todo. Una primera derrota nunca se borra. Se aprende a convivir con ella.
Ahora, en Croke Park, la irlandesa se enfrenta a otra prueba dura. Flora Pili, 29 años, llega sin complejos y con la oportunidad de su vida. El contexto, sin embargo, pertenece a Taylor. Toda su preparación, todo su discurso, apuntan a una sola imagen: su mano levantada por última vez.
Un último paseo hacia el cuadrilátero
El miércoles, en un entrenamiento público en el norte de Dublín, se vio la otra cara de la campeona. Taylor, relajada, sonriendo, invitó a una niña del público a subir al ring. Se llama Clodagh Keating, tiene 10 años. Rompió a llorar cuando su ídolo le ató los guantes.
“Sentir la atmósfera incluso en esta pequeña arena… no puedo imaginar cómo será la noche del sábado”, dijo Taylor. “Y tener la oportunidad de conocer a la pequeña Clodagh, que subió al ring… de eso se trata para mí”.
No hablaba de títulos ni de legado. Hablaba de lo que deja.
“En unos días haré mi última caminata hacia el ring y miraré atrás dentro de unos años, e imagino que estaré abrumada”.
No habrá epílogo fácil en Croke Park. No lo hubo nunca en su carrera. Pero si el boxeo alguna vez le debe un final a la altura de su historia, es ahora. Y es aquí, en casa.






