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Katie Taylor y el legado de Ali en Croke Park

Mañana por la noche, cuando Katie Taylor cruce las cuerdas en Croke Park para lo que apunta a ser una despedida monumental, en las gradas habrá un hombre que conoce mejor que nadie lo que significa esa noche. Paddy Doherty, de Ballyshannon, Co Donegal, el último boxeador irlandés que peleó en ese estadio, volverá al coloso dublinés como invitado de honor de la multicampeona mundial.

Esta vez no subirá al ring. Se sentará en los asientos de Ard Chomhairle, rodeado de su familia, en un escenario que mezcla memoria, nostalgia y un relevo definitivo de generaciones.

Del cartel de Ali al homenaje a Taylor

El 19 de julio de 1972, Croke Park vivió una de sus noches más singulares. Muhammad Ali se enfrentó a Al "Blue" Lewis en la única pelea que "The Greatest" disputó en Irlanda. Aquella velada, organizada por Michael "Butty" Sugrue, un forzudo de circo convertido en empresario y promotor de boxeo, reunió a 18.000 espectadores. Para la época, y en plena tensión política, fue un acontecimiento descomunal.

En el combate estelar, Ali se impuso por detención en el undécimo asalto. En el cartel previo, un joven Paddy Doherty derrotó al galés Bobby Ruff por detención en el segundo asalto. Aquella noche le cambió la vida.

Ese mismo año, el Campeonato de las Cinco Naciones se suspendió porque Escocia y Gales se negaron a viajar a Dublín. Uno de los años más oscuros del conflicto en Irlanda del Norte. En medio de ese clima, el boxeo ofreció una rara noche de evasión. Doherty estuvo allí. Lo vivió desde dentro.

Una visita inesperada en Donegal

Décadas después, el teléfono sonó en la casa de Doherty en Donegal. Al otro lado, Brian Peters, mánager de Katie Taylor. Estaba en la zona y quería pasar.

“Brian Peters llamó, que estaba en Donegal… esa mañana, mi mujer dijo: ‘Katie Taylor acaba de pasar por delante de la casa’. No podía creerlo”, relató Doherty. Poco después, Taylor y su equipo estaban sentados en su salón.

Doherty no se guarda elogios para la campeona irlandesa: lo que ha hecho por el boxeo del país “en todo el mundo” le parece extraordinario, pero subraya algo más sencillo y, para él, igual de importante: “es una auténtica dama”, “una chica sencilla, tranquila, agradable”.

La invitación para Croke Park llegó allí mismo. “Nos invitaron a todos para el sábado por la noche. Fue una bonita sorpresa. Él dijo: ‘Nos vemos en Croke Park’”, recuerda sobre las palabras de Peters. Para Doherty, el regreso del boxeo profesional al estadio es algo más que un evento: es cerrar un círculo que comenzó con Ali.

La experiencia de un veterano ante la última batalla de Taylor

Enfrente de Taylor estará la francesa Flora Pili, 29 años, invicta. Un reto serio para una campeona que se acerca al final del camino. Doherty, que sabe lo que es manejar la presión de una gran noche, confía en que la experiencia de la irlandesa marque la diferencia.

“Si hablo con ella antes de la pelea, le diré: ‘si ella sigue yendo hacia ti, átala en nudos… deja que el árbitro haga la separación y vuelve a boxear’”, explica. Es el consejo de un hombre que aprendió el oficio desde niño, en los gimnasios de Ballyshannon, donde empezó a boxear con 11 años.

Su carrera amateur fue brillante: títulos de Ulster e Irlanda desde categorías juveniles hasta sénior, bronce en los Juegos de la Commonwealth en Edimburgo en 1970, representando a Irlanda del Norte gracias al origen de su padre, nacido en Fermanagh. Como peso superwélter amateur internacional, sumó 15 victorias y una sola derrota antes de dar el salto al profesionalismo y mudarse a Londres en 1971.

Allí apareció por primera vez en un cartel de Muhammad Ali, en octubre de ese mismo año, cuando el estadounidense se midió a Johnny "Gypsy" Frankham en una exhibición en el Royal Albert Hall. Un año después, el destino lo llevó a Croke Park, de nuevo a la sombra de Ali.

El recuerdo imborrable de Croke Park 1972

Doherty aún ve con nitidez las escenas de aquel julio del 72. Recuerda el pesaje en el Gresham Hotel, el murmullo en el salón cuando Ali entró, la electricidad en el aire. Y recuerda, sobre todo, un gesto.

“Me dio un golpecito en la cabeza al entrar yo al ring en Croke Park”, cuenta con una sonrisa. Un toque ligero, pero cargado de simbolismo. El campeón mundial reconociendo al joven irlandés que compartía escenario con él.

Lo que vino después fue casi caótico. “La mayoría del público se vino por encima de la valla hacia el ring. Ni la seguridad ni los guardas podían contenerlos, solo querían llegar hasta Ali”, rememora. Aquella noche, el boxeo desbordó todas las barreras físicas y emocionales del estadio.

Desde entonces, el boxeo profesional no había vuelto a Croke Park. Hasta ahora.

Un legado que, para Doherty, no se repetirá

Doherty dejó el boxeo en la veintena, obligado por una lesión. No llegó a vivir las grandes bolsas ni la exposición mediática que hoy rodea a Taylor. Pero entiende mejor que nadie el peso de una noche como la que se avecina.

Cree que el legado de Katie Taylor quedará fuera de toda comparación. “Estaré allí por Katie Taylor; es tan tranquila y agradable… una chica sencilla. Lo que ha hecho por el boxeo no se volverá a hacer nunca”, afirma con convicción.

Mañana, cuando las luces se atenúen y la multitud ruja en Croke Park, el recuerdo de Ali, de aquel golpecito en la cabeza y de una noche desbordada por la emoción, se mezclará con la última caminata de Taylor hacia el cuadrilátero.

En un estadio que une generaciones, Paddy Doherty no irá solo a ver una pelea. Irá a presenciar cómo se escribe el último capítulo de una carrera que, a su juicio, Irlanda no volverá a ver jamás.