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Kimi Antonelli y el dilema de Ferrari en Monza

En Monza, un italiano sueña en plata mientras Italia late en rojo

El rugido se oye mucho antes de ver el asfalto. Monza vibra, tiembla, se tiñe de rojo. Pero este año, entre las banderas de Ferrari, asoma un brillo plateado que incomoda y fascina a la vez: el de Kimi Antonelli, el chico llamado a romper 73 años de espera por un campeón del mundo italiano… al volante de un Mercedes.

Tiene 19 años, siete meses y cuatro días cuando se convierte en el líder de campeonato más joven de la historia, tras ganar en Japón en marzo. Desde entonces, nadie lo ha bajado de la cima. Llega a casa con seis victorias en el bolsillo y 59 puntos de ventaja en la clasificación. Y, sin embargo, no lleva el Cavallino en el pecho.

“Ferrari es mi corazón”, dice Thomas, nacido y criado en Monza, en la recta del circuito, como si fuera una confesión. A su lado, Emanuele, que ha venido con su hija Matilde, no necesita adornos: “Es una religión. En Italia apoyamos otros equipos y otros deportes, pero solo hay un Ferrari”.

En este país, Ferrari no es un equipo: es una identidad. Se bromea con que el cargo de jefe de equipo de la Scuderia pesa casi tanto como el del Papa. En ese contexto, la pregunta es inevitable: ¿cómo encaja Antonelli, el niño prodigio de Mercedes, en el corazón de una nación que vive pendiente de Lewis Hamilton y Charles Leclerc vestidos de rojo?

Un país sin campeón… pero con un candidato inesperado

Cuando un piloto de Ferrari gana un título mundial, Maranello estalla. “Es como una segunda venida; todo el mundo en la calle cantando, bailando, las campanas de la iglesia repicando. Es una fiesta en las calles”, describe Adrian Hussain, miembro del Scuderia Ferrari Club Silverstone y medio italiano.

Esas campanas no suenan por un campeón del mundo de Ferrari desde 2007, cuando Kimi Raikkonen se coronó por un solo punto. Y ningún italiano se ha proclamado campeón desde Alberto Ascari, doble monarca en 1952 y 1953 con la Scuderia. Durante décadas, imaginar a un piloto envuelto en il Tricolore en lo más alto del podio ha sido más un deseo que un plan.

Antonelli ha cambiado eso. Su irrupción ha abierto una puerta que Italia no se atrevía ni a mirar: la de celebrar a un héroe nacional vestido con los colores del rival directo.

“Antonelli está rompiendo las reglas tradicionales del aficionado en Italia”, explica Giulia Toninelli, periodista de La Gazzetta dello Sport. Para ella, su “fuerte personalidad” ha conquistado al público, sobre todo a los más jóvenes. “Y el hecho de que corra para Mercedes les importa muy poco”.

En la fan zone de Monza, esa fractura se ve en una simple pareja. Alessandro, de rojo Ferrari de pies a cabeza. Emma, su novia, envuelta en el plateado de Mercedes. “Claro que soy un poco Ferrarista porque soy italiana. Pero sinceramente, amo a Kimi, le apoyo”, admite ella.

Si Antonelli termina por rematar el título este año, con la posibilidad de un final de temporada en Imola, a apenas 40 kilómetros de su Bolonia natal, ambos coinciden en lo que significaría: “Italia vuelve a estar arriba”.

Un sueño compartido… y dividido

La dualidad se repite en todos los rincones. En el podcast Chiacchiere da Box, Marco Melandri, cinco veces ganador en MotoGP, lo resume con precisión: “Creo que Kimi está viviendo el sueño incluso de los aficionados italianos. Pero en Italia mucha gente está muy unida a Ferrari, empuja por Ferrari. Así que a veces luchan consigo mismos para entender, para elegir quién es su piloto favorito. Pero creo que Kimi está haciendo algo increíble”.

Davide Valsecchi, campeón de GP2 en 2012 y voz de F1 TV, coincide: “Lo estamos disfrutando. Es una gran sorpresa para todos, ver a un piloto italiano, tan joven, liderando el campeonato, pilotando tan bien y tan fuerte mentalmente. De momento, todo es perfecto para nosotros”.

Perfecto, pero con matices. Antonelli lleva el emblema de Mercedes en el mono desde los 11 años. Tras solo una temporada en Fórmula 2, Toto Wolff decidió acelerar los tiempos: lo subió al asiento que deja libre Hamilton en 2025, tras el fichaje bomba del británico por Ferrari.

Su bautismo en Fórmula 1 el año pasado fue duro. Una gira europea plagada de golpes: cuatro abandonos, solo tres puntos y un séptimo puesto final en el campeonato que supo a poco para el ruido que arrastraba. Mercedes reaccionó protegiéndolo. Cuando, con 18 años, se estrelló en su primer entrenamiento en Monza hace dos temporadas, la voz de Wolff entró al radio con cinco palabras que marcaron el tono: “All good, Kimi. All good”.

“Creo que Kimi está en el lugar correcto ahora mismo”, sostiene Toninelli. “Mercedes es una familia que conoce desde hace mucho, que lo ha criado como piloto y le ha dado un nivel de protección que sería imposible para él en Ferrari ahora”.

Valsecchi va más allá. Estar lejos de la presión directa de la hinchada italiana, a veces “extrema”, es casi una bendición. “En Italia nos falta un poco de paciencia. Te empujamos cuando eres fuerte y luego subrayamos con bolígrafo rojo cada vez que cometes un pequeño error. Por eso, como debutante, es mejor estar fuera, en otro lado, y luego llegar a Ferrari solo cuando ya eres un hombre hecho y derecho, con un campeonato y como piloto completo”.

Récords, tropiezos y una sanción en casa

Este año, Antonelli ha empezado a reescribir la historia. Más joven poleman de siempre, convirtió esa primera posición en su estreno victorioso en China, en marzo. Después llegó Mónaco: el triunfo más precoz en las calles más prestigiosas del calendario.

No todo ha sido impecable. Un abandono por motor en Barcelona, un 15º puesto en Silverstone y ahora una sanción en parrilla en Monza por montar una nueva unidad de potencia que lo manda al fondo de la salida del domingo. Pocas manchas en una campaña que, aun así, lo mantiene con margen sobre sus dos perseguidores más incómodos: sus propios compañeros de garaje. George Russell y Hamilton, ambos empatados a 183 puntos, miran hacia arriba.

Mientras su ventaja ha ido subiendo y bajando, una victoria en Bélgica y podios en Hungría y Zandvoort le han dado el colchón que necesitaba para llegar a Italia con el título en sus manos. Si termina el trabajo, superará a Sebastian Vettel como el campeón del mundo más joven de la historia. El alemán tenía 23 años y 134 días en 2010. Antonelli sería tres años más joven.

Y aun así, no todos en Monza se dejarían llevar del todo. Daniele, que disfruta del gran premio con sus hijos Tommaso y Demis, lo dice sin rodeos: se sentirían “así-así” con la victoria de Antonelli. “Nosotros apoyamos a Hamilton y Leclerc, apoyamos a Ferrari”, remarca. El pequeño Demis, fiel a la Scuderia, baja la voz para admitir que el chico de Mercedes es “muy bueno”.

Thomas, el tifoso de antes, lo coloca en su sitio con un gesto: “Estoy contento por Kimi, claro. Pero no le apoyo como a Ferrari, porque Ferrari está ahí arriba”, dice, levantando el brazo hacia el cielo.

Leclerc, Hamilton y el fantasma del futuro

En esta encrucijada aparece Charles Leclerc, el hombre que Antonelli señala sin dudar cuando le preguntan quién es más famoso en Italia, él o su amigo Jannik Sinner. “Es Charles”, responde, señalando al monegasco sentado a su lado en la rueda de prensa de Bélgica. “Probablemente es el hombre más famoso de Italia ahora mismo”.

Leclerc, llegado en 2019, se ha convertido en hijo adoptivo de la Scuderia. Habla italiano con fluidez, se ha empapado de la cultura de Maranello y ha cargado durante ocho temporadas con las expectativas de los tifosi. Ganador dos veces en Monza, renovó a largo plazo en junio y repite que su obsesión es ser el piloto que devuelva los títulos a Ferrari.

Pero las cifras pesan. Nueve victorias en 162 grandes premios con el Cavallino. Y, poco a poco, la duda se cuela en las conversaciones. “Empiezo a ver, después de muchos años, por primera vez, que algunos aficionados dicen: quizá no es tan fuerte como pensábamos antes, porque Hamilton lo está haciendo mejor que él, y Antonelli lo está haciendo mucho mejor con otro coche”, advierte Melandri.

En este escenario, la idea de ver algún día a Antonelli vestido de rojo deja de ser fantasía. Hussain lo resume con un deseo compartido: “Sería muy bonito tener a un piloto italiano con colores italianos ganando carreras y campeonatos. En el club, en nuestros grupos, todos apoyan que Kimi gane carreras. No hay animadversión hacia él”.

Melandri tampoco lo descarta: “Debería ser un sueño ver a Antonelli ganar con Ferrari en el futuro. Seguro”.

Un podio soñado y una hinchada partida… pero unida

Monza ofrece este fin de semana un escenario perfecto para medir emociones. Con Antonelli lastrado por la penalización en parrilla, Ferrari arranca con ventaja. Si el italiano de Mercedes remonta y se cuela en el podio, un doblete de la Scuderia acompañado de una exhibición suya sería, para muchos, el guion ideal.

“Por supuesto, compartir el podio con un Ferrari lo haría aún más especial, pero independientemente de eso tendrá el apoyo total de sus aficionados”, asegura Toninelli. “Parte del público italiano puede preferir a Ferrari antes que a Kimi, y otra parte lo contrario, pero eso no va a impedir la celebración italiana en Monza, que unirá a ambas hinchadas”.

Italia se asoma a un dilema delicioso: ¿qué pesa más, la devoción eterna por el rojo o el orgullo de ver, al fin, a un compatriota dominando el mundo, aunque lo haga en plata? La respuesta, este fin de semana, no está solo en el cronómetro. Está en las gradas. Y en cómo suenen las campanas cuando todo esto termine.