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Kimi Antonelli y su tormentosa relación con Monza

Un choque, una sanción… ¿y ahora qué? Para un piloto que acaba de cumplir 20 años, Kimi Antonelli ya mantiene una relación tormentosa con su gran premio de casa: el viejo y electrizante trazado de Monza, el Templo de la Velocidad.

Hace dos años, el mismo fin de semana en el que Toto Wolff anunciaba que aquel joven de F2 heredaría en 2025 el asiento de Lewis Hamilton, Antonelli disputó su primera sesión oficial de Fórmula 1. Segunda vuelta lanzada, a fondo por la rapidísima Parabolica, y el italiano estampó el coche con violencia contra el muro. En 2025, más de lo mismo: otro accidente en los entrenamientos y, para rematar, sanción por límites de pista y maniobra al límite sobre Alex Albon, al que echó fuera del asfalto.

En plena montaña rusa de año de debut, Wolff no escondió que aquel noveno puesto supo a poco, lo calificó de “decepcionante” y pidió a su protegido que se soltara, que se liberara. Doce meses después, Antonelli está, potencialmente, a 11 carreras de convertirse en el campeón del mundo más joven de la historia de la F1. Y este jueves, sentado en la sala de prensa de la FIA, dejó claro que la cabeza la tiene despejada: se siente “muy libre mentalmente”.

El problema para la grada italiana es que sus opciones de convertirse en el primer ganador local en Monza desde Ludovico Scarfiotti en 1966 son mínimas, casi inexistentes. El líder del campeonato, con 59 puntos de margen, cargará este fin de semana con una sanción de 20 posiciones en parrilla por exceder el límite de unidades de potencia de la temporada. En Mercedes entienden que, con la recta interminable de Monza, remontar desde el fondo será menos traumático el domingo. Aun así, duele renunciar a la historia romántica de un posible primer triunfo italiano en casa en 60 años.

“En cierto modo, me hace estar un poco más relajado para el fin de semana”, explicó Antonelli. “Por eso voy a poder disfrutar más de la conducción y del fin de semana en sí. También es una oportunidad diferente.

“Es una oportunidad para probar algo distinto durante el fin de semana, un método de trabajo diferente en los libres, sobre todo.

“Puede que seamos muy rápidos, pero Ferrari, McLaren o Red Bull pueden estar muy cerca. Probablemente no baste para alcanzarlos en una carrera. Ya veremos. Pero me siento muy libre mentalmente llegando a este fin de semana. Estoy muy emocionado, con muchas ganas”.

Tiene motivos. La escalada de Antonelli hasta la cima de la clasificación –seis victorias y 10 podios en 12 grandes premios– ha sacudido a su propio equipo y al campeonato, dejando al gran favorito invernal, George Russell, a más de dos triunfos de distancia. El reloj corre, y el británico tiene mucho que recortar.

Como ocurrió con Max Verstappen y con el propio Lewis Hamilton en sus primeros años, la influencia del padre de Antonelli, Marco, resulta clave. Ex piloto a nivel nacional, Antonelli padre se ha convertido en la voz de la calma –en un inglés impecable– durante el meteórico ascenso de su hijo en este inicio de curso.

Tras el primer triunfo en China, junto a Wolff, un Marco orgulloso pero directo le dijo a Sky Sports: “Kimi es joven, pero no es perfecto. La experiencia es muy importante, pero George es un súper piloto y es difícil ganarle”. Visto con perspectiva, desplazar el foco hacia Russell, cuya temporada se ha llenado de errores y mala fortuna, fue una jugada inteligente.

El ejemplo de Oscar Piastri sirve de advertencia. Hace un año, el australiano llegaba a este mismo punto del calendario con 34 puntos de ventaja tras Zandvoort, beneficiado por un abandono tardío de Lando Norris. Aquella retirada, sin embargo, reactivó al británico y lo lanzó hacia su primer título mundial. Russell, por mucho que lo intente, aún no ha encontrado ese filo letal en rendimiento y resultados.

Con su compañero condenado al fondo de la parrilla, Monza puede ser el escenario del contraataque. Hamilton, que ya hizo girar cabezas el jueves con su entrada al paddock al volante de un F40, está empatado a puntos con Russell y persigue lo que sería una obra maestra en su carrera: ganar en Monza vestido de rojo Ferrari.

En un fin de semana en el que Ferrari rendirá homenaje a Michael Schumacher con una decoración especial, 30 años después de su debut con la Scuderia, Hamilton confesó que ha meditado sobre la dimensión de este gran premio. Igualar a Schumacher en victorias en Monza ya es un hito. Ganar aquí con Ferrari, abrir un capítulo nuevo, sería otra cosa. “Sería fenomenal”, dijo.

Lando Norris tampoco puede desaparecer del radar. Llega encendido, con dos victorias contundentes en Hungría y Países Bajos, a un Monza muy distinto al de otras épocas, marcado por la gestión de energía y por el grito de las unidades de potencia al final de la recta principal. “No habrá récords de velocidad este año”, advirtió el debutante británico Arvid Lindblad.

Entre el mar tradicional de rojo en las gradas, esta vez se verá más blanco y negro. El merchandising de Antonelli se ha disparado. El joven de Bolonia ya comparte escaparate con Jannik Sinner como joya de la nueva generación del deporte italiano. Un domingo sólido, de daños limitados bajo el sol de Monza, puede acercar aún más un trofeo que empieza a perfilarse, nítido, al final de la temporada.