Kimi Antonelli logra una remontada histórica en Monza
Kimi Antonelli no solo ganó en casa. Reescribió el guion de Monza y dio un zarpazo enorme hacia el título, con una de esas carreras que marcan una era en la Fórmula 1.
El italiano de Mercedes partía 19º en la parrilla del Gran Premio de Italia. Diecinueve. En menos de 17 vueltas ya estaba al frente del pelotón. Del fondo de la parrilla al liderato antes de que la carrera entrara en su fase táctica. Un ascenso fulminante, casi insultante, ante el que el viejo templo de la velocidad no tardó en rendirse.
A partir de ahí, el duelo fue en casa propia: Antonelli contra George Russell, compañero de equipo y principal rival por el campeonato. Un pulso tenso, repetido, lleno de cambios de ritmo, que se decidió a tres vueltas del final. Ahí, cuando las manos pesan y el margen de error se reduce a nada, Antonelli lanzó el ataque definitivo, adelantó a Russell y se convirtió en el primer italiano en ganar en Monza en 60 años.
En la radio, apenas cruzar la meta, solo pudo soltar un grito que lo decía todo: “Oh my God... Se siente como un sueño”. Más tarde, ya con la adrenalina algo rebajada, lo resumió igual de claro: no lo esperaba, no lo imaginaba, pero lo había conseguido. “Increíble, increíble. Estoy tan feliz, no podría haber imaginado estar aquí hoy, pero lo logramos y estoy realmente, realmente feliz”.
Un joven de 20 años, en solo su segunda temporada en F1, firmando una de las victorias más espectaculares que se recuerdan en el trazado lombardo. Y no solo por el contexto emocional.
De la cola al podio: una remontada para la historia
La victoria de Antonelli es la segunda más lejana jamás lograda en la historia de un gran premio en cuanto a posición de salida. Solo John Watson, en Long Beach 1983, había ganado saliendo más atrás, desde el puesto 22. El italiano se queda a las puertas de ese récord, pero con un matiz que lo engrandece: lo hizo en Monza, ante su gente, con el título en juego y bajo una presión que pocos pilotos han soportado tan pronto en su carrera.
Ya en la segunda vuelta, antes de que el caos se apoderara del circuito, el italiano había escalado hasta la 12ª posición. En ese momento, según reconocería después, empezó a creer de verdad en la victoria. No era solo una remontada digna. Era una caza.
El gran golpe emocional del inicio lo protagonizó Ferrari. Charles Leclerc perdió el control a la salida de Parabolica al final de la vuelta 2, se fue contra las barreras a gran velocidad y provocó la bandera roja. El monegasco salió por su propio pie, pero se sentó a un lado de la pista, roto. Alrededor, las gradas teñidas de rojo se derrumbaron anímicamente. Lágrimas, incredulidad y un silencio denso en el circuito que Ferrari considera su casa.
Mientras tanto, Antonelli seguía avanzando. Cuando la carrera se reanudó tras la bandera roja, el Mercedes número del italiano se dedicó a destripar el tráfico con una frialdad implacable. Coche a coche, frenada a frenada, hasta quedarse solo con un objetivo: Russell.
Mercedes contra sí misma
Russell había arrancado segundo y no tardó en colocarse al frente. En la vuelta 2 ya había superado al sorprendente polesitter Pierre Gasly. Con Leclerc fuera de combate y el ritmo de Mercedes claramente superior, todo apuntaba a un dominio cómodo de las flechas plateadas.
Pero el guion cambió cuando Antonelli apareció en los retrovisores. El equipo tuvo que intervenir por radio: primero, para evitar un choque innecesario entre sus dos pilotos; después, para exigirles que abrieran hueco con Max Verstappen antes de desatar la batalla interna por la victoria. Los dos Mercedes se intercambiaron posiciones, midieron fuerzas, se estudiaron. La tensión era evidente.
La estrategia acabó separando sus caminos. En la vuelta 29, bajo coche de seguridad virtual, Mercedes llamó a boxes a Antonelli. Russell se quedó fuera. El italiano regresó a pista en sexta posición, pero con neumáticos frescos y un ritmo que rozaba lo insultante. La caza se reanudó.
“Para ser sincero, pensé que los dos nos quedaríamos fuera”, admitió Russell después. “Me sorprendió verlo entrar. Al final fue una tirada de dados en ambos sentidos. En el momento, el equipo no podía saber qué estrategia era mejor; tenía sentido dividir los coches. Al final Kimi tuvo un ritmo fantástico”.
Con aire limpio por delante, Antonelli empezó a recortar la ventaja de Russell vuelta tras vuelta. Verstappen, a esas alturas, ya quedaba como un actor secundario en la pelea por el triunfo. El neerlandés terminó tercero, a distancia de los dos Mercedes, por delante de los McLaren de Lando Norris, vigente campeón, y Oscar Piastri.
Lewis Hamilton, en el otro Ferrari, solo pudo ser sexto, incapaz de darle a la Scuderia un resultado que calmara la decepción por el accidente de Leclerc en su gran premio de casa.
Un error en la grava y un campeón en ciernes
A falta de pocas vueltas, con el duelo ya en su punto máximo, pareció que todo se le escapaba a Antonelli. En la vuelta 49, al intentar superar a Russell, se pasó de ambición, se fue largo y cruzó la grava. El tiempo perdido pudo haber sido una condena.
No lo fue.
Su ritmo era tan superior que, casi sin dar respiro, volvió a cerrar el hueco. Un giro después, sin titubeos, adelantó a Russell con una autoridad que recordó a los grandes campeones en sus días más lúcidos. Esta vez no hubo respuesta.
La victoria, la séptima de su temporada y de su todavía corta carrera en la categoría reina, se quedó en casa. Con ella, Antonelli estira su ventaja en el campeonato a 66 puntos sobre Russell. Una brecha enorme a estas alturas del año, que el propio británico asumió con realismo.
“Kimi tiene el control y se lo merece”, reconoció Russell al hablar del título. “Personalmente, ni siquiera estoy pensando en una pelea o una remontada ni nada. Está rindiendo increíblemente bien. Va a ser extremadamente complicado recortar esa diferencia, así que estoy aceptando que es lo que hay”.
Entre los que completaron la zona media, el neozelandés Liam Lawson cruzó la meta en la 14ª posición, lejos del foco pero sumando kilómetros valiosos en un fin de semana dominado por una sola historia.
Antonelli, con solo 20 años, ya habla de lo que viene como si lo de Monza fuera apenas un capítulo: “Lo mejor está por llegar. Pero siento que esta ha sido una de las mejores carreras que he hecho y una que recordaré para siempre”.
El público italiano también la recordará. No todos los días un país ve nacer, en su propio templo, a un posible futuro campeón del mundo. Y mucho menos así, saliendo desde el 19º puesto, volando entre la presión, la historia y la grava, para dejar una pregunta retumbando en el paddock: si ya domina así, ¿quién lo va a frenar en lo que queda de temporada?






