Kimi Antonelli: De 19º a un triunfo histórico en Monza
Kimi Antonelli convirtió el Gran Premio de Italia en una epopeya moderna. Salía 19º, castigado por una penalización en parrilla. Acabó primero, adelantando a su compañero George Russell a solo tres vueltas del final y asestando un golpe durísimo a las aspiraciones de su vecino de box en la lucha por el título.
En Monza, en casa, ante las gradas llenas, el italiano firmó algo más que una victoria. Firmó un hito que llevaba 60 años esperando.
El italiano que despertó a Monza
Antonelli arrancó lejos, demasiado lejos, pero Mercedes le dio armas: una estrategia afinada al milímetro, un motor nuevo y explosivo y la libertad para atacar. El resto lo puso él, con una exhibición de adelantamientos en el Templo de la Velocidad.
Vuelta a vuelta fue escalando, aprovechando neumáticos en mejor estado y el ritmo que nadie más encontraba. El ruido en las gradas crecía cada vez que el coche plateado con bandera italiana en el casco se deshacía de otro rival. Monza olía a algo grande.
Hasta que llegó el susto.
El error que casi lo arruina todo
En la vuelta 49 de 53, ya a la caza del liderato, Antonelli se lanzó sobre Russell en la Variante del Rettifilo. Forzó el límite. Lo pasó. Se fue por la grava. Y con él pareció irse también la remontada perfecta.
«What the f*** happened there», bramó por radio, después de ver cómo la diferencia con Russell se abría hasta 1,7 segundos. El británico, que había salido segundo, 17 puestos por delante de su compañero, parecía tener un respiro. Mínimo, pero respiro al fin y al cabo.
Duró una vuelta.
Con neumáticos superiores, Antonelli borró ese margen en cuestión de curvas. Volvió a aparecer en los espejos de Russell, esta vez sin margen para dudas ni errores.
El adelantamiento que cambia un campeonato
La estocada llegó camino de la Variante Ascari. Antonelli se pegó a la caja de cambios del otro Mercedes, abrió el DRS y se lanzó con decisión. Esta vez no hubo grava, ni corrección, ni segundo intento. Solo un adelantamiento limpio, contundente, casi inevitable.
Russell, tocado en ritmo y en confianza, no tuvo respuesta. Vio cómo su compañero se alejaba y, con él, se escapaban puntos de oro en la lucha por el Mundial.
Antonelli cruzó la meta con 3,8 segundos de ventaja, amplió su liderato general de 59 a 66 puntos y se inscribió en una lista muy corta: la de los italianos que han ganado en Monza. El último había sido Ludovico Scarfiotti con Ferrari, en 1966. Sesenta años de espera, rotos por un chico que salió 19º.
Verstappen, Norris y un día gris para Ferrari
Detrás del duelo interno de Mercedes, Max Verstappen cerró el podio con la tercera posición, por delante del vigente campeón del mundo, Lando Norris, que solo pudo ser cuarto.
Oscar Piastri se llevó la quinta plaza y Lewis Hamilton, lejos del foco y sin ritmo para pelear por más, terminó sexto.
Para Ferrari, el Gran Premio fue una herida abierta. En casa, ante su público, todo se torció muy pronto: Charles Leclerc se estrelló a 160 mph en la segunda vuelta, dejando a la Scuderia sin su principal baza y sin opciones reales de pelear por el podio.
Mientras los tifosi digerían el golpe de Ferrari, las gradas encontraron un nuevo héroe local vestido de plata.
Monza, el Templo de la Velocidad, volvió a hablar italiano. Y el Mundial, desde hoy, tiene un nombre al que nadie puede dejar de mirar: Kimi Antonelli.






