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Liam Lawson brilla en el Gran Premio de España con Red Bull

Liam Lawson salió de Madrid con algo más que ocho puntos. Salió con la sensación de haberse asentado, por fin, en la parte seria de la parrilla.

El neozelandés arrancó octavo en el estreno del nuevo trazado de Madring y cruzó la meta sexto, igualando el puesto logrado en el Gran Premio de Gran Bretaña, pero firmando su mejor resultado vestido de Red Bull. En un circuito estrecho, con pocas zonas claras de adelantamiento, el botín sabe a premio gordo.

“Desde donde salimos, fue una carrera aceptable. Era súper difícil adelantar”, resumió Lawson, sincero, al bajarse del coche.

Red Bull le lanzó a una estrategia alternativa con el neumático duro, intentando abrir una ventana distinta al resto. El plan quedó a medias: el Virtual Safety Car apareció en el momento menos oportuno para él y le dejó aislado, sin tráfico directo, pero también sin la ventaja táctica que buscaba. “Estuve bastante solo”, admitió.

Pese a todo, sexto puesto, ocho puntos más al casillero y noveno en el Mundial con 59 unidades, a solo 12 de Isack Hadjar. Para un piloto que aún pelea por consolidarse en la estructura de Milton Keynes, no es un detalle menor.

Antonelli gana con la suerte de cara, Norris paga la decisión clave

Mientras Lawson rascaba cada décima para mantenerse en la zona noble, la historia grande del día se escribía en cabeza. Kimi Antonelli volvió a golpear. Y lo hizo con la frialdad de un veterano y la fortuna de quien vive en estado de gracia.

El italiano de Mercedes encadenó su segunda victoria consecutiva tras el triunfo en casa en el Gran Premio de Italia. En Madrid, no necesitó una remontada épica, pero sí supo leer el único momento decisivo de una carrera con pocas puertas abiertas: el Virtual Safety Car de la vuelta 15.

Hasta entonces, Lando Norris había hecho todo bien. Pole, buena salida, control del ritmo. Antonelli le había atacado en la primera curva, incluso llegó a pasarle cortando la trazada para evitar el contacto, pero tuvo que devolver la posición. El británico parecía tener el gran premio bajo control.

Entonces se paró el Aston Martin de Lance Stroll con problemas de frenos. Dirección de carrera activó el Virtual Safety Car. Antonelli, atento, se lanzó a boxes. Norris no. Ya había pasado la entrada al pit lane. Un giro tarde, una llamada dudosa de McLaren y la carrera se dio la vuelta.

El italiano cambió neumáticos, volvió a pista por delante del McLaren y se colocó en posición de oro. Charles Leclerc decidió no parar y se quedó liderando con Ferrari, pero en una estrategia diferente, condenado a una parada tardía. Norris, cuando por fin paró, lo hizo ya sin VSC y con una detención más lenta de lo normal por un problema en la rueda delantera derecha. Cayó hasta la quinta plaza.

Antonelli, consciente de lo que había ocurrido, no celebró a ciegas. “Suerte por el Virtual Safety Car, me siento un poco mal por Lando. Carrera muy fuerte, fin de semana fuerte, sigamos empujando”, dijo por radio. Después fue todavía más claro: “Es bueno ganar, pero no se siente tan bien porque creo que Lando hoy merecía ganar. Pero, en general, lo aceptamos.”

Norris, tercero al final, por detrás de Max Verstappen, no escondió su frustración: se sintió “increíblemente desafortunado” con el coche de seguridad virtual, convencido de que la victoria se le escapó por pura circunstancia.

Verstappen al podio, Leclerc se desploma al final, Hamilton KO

Detrás del duelo táctico entre Antonelli y Norris, Max Verstappen hizo lo que suele hacer cuando no tiene el coche más dominante, pero sí la consistencia: mantenerse cerca, no cometer errores y recoger lo que deje la carrera. El neerlandés llevó su Red Bull hasta la segunda posición, sólido, sin grandes sobresaltos.

Leclerc, que había apostado por no parar bajo el VSC y se colocó líder durante buena parte de la prueba, acabó pagando la factura. El desgaste del neumático y la obligación reglamentaria de montar otro compuesto le obligaron a una parada tardía que le sacó de la lucha por el podio. Terminó cuarto, con la sensación de haber tenido la victoria en las manos… durante demasiadas vueltas.

Lewis Hamilton ni siquiera tuvo tiempo de entrar en la batalla. El siete veces campeón del mundo solo completó siete giros antes de reportar problemas de frenos y retirar su Ferrari. Venía ya tocado del fin de semana anterior en Italia, donde solo pudo ser sexto tras un incidente temprano con Leclerc. En Madrid, ni eso.

George Russell, el otro Mercedes, cerró el día en quinta posición. No brilló, pero su regularidad le mantiene como principal perseguidor de Antonelli en el campeonato, aunque a una distancia que ya empieza a parecer un muro: 81 puntos con nueve carreras por delante.

Para Antonelli, el triunfo en Madring supone la octava victoria de la temporada. Números de aspirante firme al título, pero, sobre todo, de piloto que ha aprendido a ganar de todas las maneras: remontando en casa, aprovechando la ventana táctica en un circuito nuevo y seco como una tabla para los adelantamientos.

Choque entre Alonso y Sainz en un gran premio amargo para España

El regreso del Gran Premio de España a la región de Madrid, 45 años después de la última cita en Jarama, dejó un sabor agrio para los dos pilotos locales. Fernando Alonso y Carlos Sainz salieron desde el fondo de la parrilla y su carrera se torció casi de inmediato.

Se tocaron en las primeras vueltas. Alonso no se mordió la lengua: “Me ha estrujado contra el muro. En la salida ya se ha chocado con dos coches, ahora me ha apretado contra el muro en la frenada.” Sainz, que ya había tenido contactos con otros rivales en un arranque muy agresivo, recibió una sanción de cinco segundos por el incidente con el asturiano y terminó abandonando más tarde por un problema en el coche.

Para una afición que llenó las gradas del nuevo Madring, fue un golpe duro. El fin de semana había arrancado con ambiente de gran evento: se esperaban cerca de 350.000 espectadores a lo largo de los tres días, con el rey Felipe VI presente en el paddock, y la ciudad volcada en su regreso a la élite del calendario.

No todos celebraban. Unas horas antes de la carrera, varios cientos de vecinos del norte de Madrid se manifestaron contra la llegada de la Fórmula 1, vestidos con camisetas amarillas y pancartas de “Stop Formula 1 in Madrid”. Ruido, cortes de tráfico y el impacto medioambiental del gran premio se han convertido en el reverso incómodo de un contrato que ata la prueba a la capital durante diez años.

Sobre el asfalto, sin embargo, la historia fue otra: un circuito nuevo, pocas oportunidades de adelantamiento, un Virtual Safety Car que decidió el podio y un Lawson que, lejos del foco principal, siguió sumando argumentos para que su nombre deje de sonar a promesa y empiece a sonar a realidad.

La Fórmula 1 pone ya rumbo a Bakú para el Gran Premio de Azerbaiyán. Con Antonelli lanzado, Verstappen al acecho, Norris herido por la mala fortuna y Lawson creciendo en silencio, la pregunta es sencilla: ¿quién se atreverá a frenar la inercia antes de que el campeonato quede sentenciado?