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Lindblad celebra el ‘dog fight’ en Monza y anhela más F1 intensa

Arvid Lindblad salió de Monza con solo cuatro puntos, pero con una sonrisa que decía mucho más que la hoja de tiempos. Para el piloto de Racing Bulls, el Gran Premio de Italia se pareció menos a una clásica procesión de F1 y mucho más a esas carreras salvajes de F2 y F3 que no dan respiro.

No fue un elogio vacío. Fue casi una reivindicación.

“F1 no tiene suficiente lucha en pista, es demasiado en fila india”, explicó después de la carrera, todavía con la adrenalina del Autodromo Nazionale di Monza en la voz. Y lo que se vio el domingo le dio argumentos.

Monza se convierte en un ida y vuelta constante

Las largas rectas de Monza y las últimas modificaciones reglamentarias volvieron a destapar un fenómeno que ya se había visto desde Australia: carreras de efecto “yo-yo”, con coches adelantándose y devolviendo la posición vuelta tras vuelta, usando la energía en puntos distintos del trazado.

En cabeza, la batalla fue intensa. El duelo interno de Mercedes entre George Russell y Andrea Kimi Antonelli marcó el tono, con Max Verstappen, Lewis Hamilton y Oscar Piastri entrando y saliendo del combate. En los últimos giros se sumó Lando Norris, para convertir la lucha por las posiciones delanteras en un tren de DRS al límite.

Durante varias fases de la prueba, Pierre Gasly y Franco Colapinto también se metieron en el grupo de caza. El pelotón medio libraba su propia guerra, hasta que la bandera roja cambió por completo el paisaje.

De la pelea cuerpo a cuerpo al silencio tras la bandera roja

Antes de la interrupción, Lindblad estaba instalado en una zona relativamente tranquila: octavo, con un margen cómodo respecto al grupo de Norris y Gasly. Por detrás, otro hueco considerable hasta la pelea entre Colapinto, Oliver Bearman y Yuki Tsunoda.

Era la típica estampa de F1 moderna… pero el desarrollo de la carrera no lo fue tanto. Para Lindblad, lo vivido en Monza recordó a esas categorías de formación donde nadie se guarda nada y los adelantamientos se suceden sin tregua.

“Si ves una carrera de F2 o F3, es así todo el tiempo”, apuntó. Y, aunque reconoce que no es necesariamente la forma ideal de mostrar los adelantamientos en la categoría reina, prefiere eso a una procesión sin sobresaltos. Lo llamó lo que fue: un “dog fight”, un combate cuerpo a cuerpo en el que todos se ensucian las manos.

Por eso la bandera roja le supo a poco. “Estaba un poco triste cuando salió”, admitió. Tras la reanudación, todos montaron el neumático duro y la carrera, para él, se apagó. Sin estrategia abierta, sin ventanas de parada, sin persecución real: “Diez segundos delante, diez segundos detrás, solo rodando”. Un contraste brutal con el caos controlado de la primera parte.

Puntos solitarios, pero oro para Racing Bulls

El resultado final puede parecer discreto: octavo, solo ante el cronómetro. Sin embargo, en el contexto del campeonato, fue un botín valioso. En la lucha directa contra Alpine, cada punto cuenta, y Racing Bulls salió de Monza con lo justo para mantener la ventaja.

Gasly terminó séptimo, Tsunoda décimo y Colapinto noveno. Con esa combinación, el equipo de Faenza conservó una renta de siete puntos en el Mundial de Constructores en la pelea por la quinta plaza. No fue una exhibición, fue un ejercicio de contención. Un daño limitado en un circuito que no les favorecía.

Lindblad lo definió como un “buen trabajo de salvamento”. Alpine fue claramente superior en las rectas, un arma letal en Monza. Racing Bulls, sin esa velocidad punta, tuvo que jugar a la defensiva. Y le salió.

Monza, daño controlado; el verdadero examen viene ahora

Hay un matiz que sobrevuela el fin de semana: el futuro de Tsunoda podría complicarse si Audi sigue adelante con su apelación, un frente abierto que puede alterar la tabla más adelante. De momento, los puntos son válidos y el balance es claro: Racing Bulls se marcha de Italia con la quinta plaza aún en sus manos.

Lindblad, por su parte, mira más allá del templo de la velocidad. Monza es un circuito extremo, casi un mundo aparte dentro del calendario, y en el equipo están convencidos de que su paquete rendirá mejor en las próximas citas. “Sabemos el coche que tenemos para las siguientes rondas”, subraya el británico. Y la confianza es evidente: creen que lo duro ya ha pasado.

Si lo que se vio en Italia es un anticipo de una F1 más agresiva, más imprevisible y menos en fila india, Lindblad ya ha dejado clara su postura: que vengan más “dog fights”. La pregunta es si el resto de la parrilla, y el reglamento, se atreverán a seguir ese camino.