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El Madring: El nuevo circuito que desafía a la Fórmula 1

El Mundial aterriza este fin de semana en un territorio desconocido. Madrid estrena el Madring, un circuito urbano-permanente que ya tiene una etiqueta tan llamativa como inquietante en el paddock: “mata coches”. Y no es un apodo gratuito.

Los primeros en descubrirlo de verdad fueron los pilotos de Formula 3 en un test de dos días hace apenas un par de semanas. El balance fue demoledor: 19 banderas rojas, tres chasis rotos, múltiples suspensiones destrozadas y una lista de piezas dañadas que hizo fruncir el ceño a más de un jefe de equipo.

James Vowles, director de Williams, lo resumió sin rodeos en declaraciones a Sport: “En el test de Formula 3 hubo 19 banderas rojas y tres chasis rotos, suspensiones rotas… Vale, son pilotos de Formula 3, pero es un circuito que mata coches”.

Vieja escuela, muros cerca y cero perdón

El Madring no se parece a los nuevos tilkódromos de escapatorias kilométricas y curvas clonadas. Los pilotos que ya lo han probado lo describen como una mezcla de Monaco, Macau y Jeddah. Vieja escuela, carácter propio y una constante sensación de ir corriendo contra un muro que nunca se aparta.

Freddie Slater, líder del campeonato de Formula 3 con apoyo de Audi, lo explicó con crudeza a The Race: las curvas son estrechas, nada indulgentes, y los muros se te echan encima en la salida. No se abren, no se alejan. Hay que conducir escapando de ellos, no abrazando la trazada ideal.

Y aquí llega la trampa: si no empujas, eres lento. Si empujas, te expones al error. El margen es mínimo. De ahí el reguero de coches dañados en el test. Slater, sin embargo, quedó fascinado: lo considera uno de los mejores trazados del calendario de F3 por ese toque “old school”, que le recuerda a viejos circuitos británicos y a Macau. No es casualidad que esté encantado de jugarse el título allí.

El primer gran susto llega casi de inmediato. La vuelta arranca con una chicane lenta al estilo Jeddah y un tramo a fondo por las curvas 3 y 4 que desemboca en la primera gran zona crítica: la segunda chicane, rápida, con el muro cerrándose en la salida. Fue un cementerio de monoplazas de F3.

Allí se esconde una parte enorme del tiempo por la larga sección en subida que viene después. Los pilotos arriesgan todo para salir lanzados cuesta arriba, pero el precio de un error es altísimo. Los pianos no perdonan: o los clavas o acabas contra el hormigón. Nada que ver con las vueltas de simulador en las que se “flota” sobre los bordillos como si nada.

Para rematar, la entrada a esa chicane es una de las dos zonas de máxima velocidad del circuito. Se espera que los F1 lleguen rondando los 340 km/h. Un lugar donde nadie querría sufrir un fallo de modo de motor como los que afectaron a Max Verstappen este año.

Superado ese punto, el trazado se sumerge bajo un paso inferior y empieza a trepar por otra secuencia delicada que también cobró varias víctimas en F3. Y aún no se ha llegado a la curva que más titulares ha generado.

La Monumental: la curva que exprime neumáticos y nervios

La estrella del Madring es La Monumental, una curva peraltada al 24% que hace parecer tímidas las curvas con peralte de Zandvoort. Pero antes de llegar a ella, el circuito ya ha enseñado los dientes: una chicane muy apretada y un rápido derecha-izquierda en las curvas 10 y 11, facilísimas de descolocar.

A partir de ahí, el coche sale disparado hacia La Monumental. Pirelli no se anda con rodeos: su ingeniero jefe, Simone Berra, la ha descrito como “la curva más severa” de todo el campeonato. Según sus cálculos, somete a los neumáticos a entre un 20 y un 30% más de energía que el peralte de Zandvoort.

La salida es completamente ciega y la curva no está limitada por la potencia, sino por el agarre. Es decir, el coche y las gomas sufren al máximo para darle al piloto la adherencia que necesita. En F3, muchos ensayaron líneas muy distintas, y se espera el mismo experimento acelerado en F1 desde el viernes.

Slater confesó que, dentro del coche, se siente casi como en un IndyCar rodando en un óvalo. En F3 roza el “a fondo”. En F2 y F1, la exigencia será mayor. La trampa está en el relieve: donde está la cresta, el coche puede hacer tope con dureza. Sobre el papel parece una curva sencilla; al volante, es una pesadilla técnica para encontrar el ritmo.

Y lo más inquietante para los ingenieros: La Monumental solo marca la mitad de la vuelta. Todavía quedan más curvas cerradas, como la derecha de la curva 17, y apenas hay respiro. Levantar el pie no es solución: si te guardas algo, desapareces de la zona competitiva.

Taito Kato, ganador del sprint de F3 en Monza, lo resumió con una frase que define bien el ADN del Madring: para ganar tiempo hay que acercarse al muro. Mucho. Es arriesgado, pero adictivo.

¿Pista peligrosa o circuito de pilotos?

En Monza, durante el desfile de pilotos, el trazado madrileño fue tema central de conversación. Carlos Sainz reconoció que “todos parecían bastante sorprendidos” por lo que Madrid ha puesto sobre la mesa. Sorprendidos, sí, pero en el buen sentido: un circuito con personalidad propia, no otro urbano plano y genérico.

Sainz, embajador del gran premio, no es ajeno a la fama de “mata coches” que se ha ganado el Madring en F3. Falta por ver si ese calificativo se trasladará con la misma dureza a la F1, pero el español ya anticipa un fin de semana agitado: “todos esperamos coches de seguridad, banderas rojas y amarillas en clasificación”.

Gabriel Bortoleto, piloto de Audi F1, lo definió como un circuito “muy interesante, peligroso, pero a la vez muy desafiante”. Sergio Pérez, por su parte, rebajó un punto la alarma al compararlo con Jeddah: no lo ve “más peligroso” que el trazado saudí. Pero Jeddah también ha dejado coches destrozados y accidentes muy duros, como el de Mick Schumacher en 2022.

Que no sea “más peligroso” que Jeddah no significa que vaya a ser benigno. Ni mucho menos.

El lado positivo, al menos para los puristas, es que el Madring parece un circuito donde el piloto puede marcar diferencias. El trazado es muy técnico, abundan las curvas lentas, y el margen de error es ínfimo. Arvid Lindblad lo definió como “un auténtico circuito de pilotos”, y en el paddock se espera una clasificación al límite, con diferencias mínimas y espacio para una sorpresa al estilo Monza.

Pero esa misma naturaleza que promete una qualy explosiva alimenta las dudas sobre el espectáculo del domingo.

Temor a un trenecito el domingo

Todo apunta a una clasificación de infarto en Madrid. El problema es lo que pueda ocurrir después. O lo que no ocurra.

Las curvas son muy cerradas, las rectas escasean y casi no hay grandes frenadas. Eso se traduce en muy pocas zonas claras de adelantamiento. El diseño ofrece muchos puntos para recargar batería, lo que empuja el guion hacia una carrera más tipo Hungría que hacia un festival de adelantamientos como Monza, Silverstone o Spa.

Alex Albon lo ironizó con acidez: “No creo que vaya a haber ningún adelantamiento. Espero que hayáis tenido vuestra dosis en Monza y que ignoréis el próximo fin de semana”.

El caos, claro, siempre puede irrumpir. Un coche de seguridad en mal momento, una bandera roja, una relanzada desordenada… Pero hay un matiz importante: este fin de semana también corren allí F2 y F3, con cinco carreras entre ambas antes de la prueba de F1. Y F3 decide su título, con muchos pilotos jugándose el futuro a una carta.

El recuerdo de Baku 2016 está muy presente. En el primer fin de semana allí, la antigua GP2 firmó quizá su ronda más caótica, con 17 abandonos en dos carreras. El domingo, los pilotos de F1 levantaron el pie, conscientes del riesgo y del coste de cada error. El resultado fue un gran premio sorprendentemente gris para lo que luego se vio en años posteriores.

Sainz lo vivió en primera persona: recuerda bien aquella carrera “aburrida” y la tendencia de los pilotos de F1 a ser más disciplinados. La explicación es sencilla: representan a fábricas de mil personas, trabajan con piezas limitadas y conducen coches más rápidos, que en teoría son más fáciles de perder.

El español también señala otro factor: el aprendizaje en tiempo real. Un simple FP1 puede bastar para que los pilotos detecten pianos mal diseñados o elementos que generen situaciones peligrosas y lo comuniquen a dirección de carrera y a la FIA. El Madring va a ser un laboratorio en directo.

Un estreno bajo la lupa

Todo invita a pensar que alguien saldrá mal parado este fin de semana. Hay muy pocos puntos del circuito donde un error no acabe en golpe serio. Eso sí, Sainz pide calma a la hora de juzgar el trazado: quiere un “buen debrief” tras la carrera para analizar qué funciona y qué no, y si el nivel de caos potencial es “demasiado”.

El madrileño recuerda que Miami tuvo un debut que calificó como “un poco desastre” en 2022 antes de asentarse como “un gran gran premio”. Reclama esa misma paciencia para su ciudad.

Pero el contexto es distinto. Cada vez más ciudades compiten por un hueco en el calendario, y Madrid, pese a tener un contrato de 10 años, sabe que necesita causar impacto desde el primer día. No solo en las cámaras, también en la pista.

El Madring ya ha demostrado que puede destrozar coches y premiar manos. La clasificación promete ser un espectáculo de nervios, precisión y valentía. La incógnita está en si el domingo estará a la altura o si el “mata coches” se convertirá también en “mata carreras”.