Naomi Osaka deslumbra en Nueva York con homenaje a Iverson
Naomi Osaka, puro estilo en Nueva York: Iverson, titulares y dos ‘tie-breaks’
En cada Grand Slam, Naomi Osaka convierte el túnel de acceso a la pista en una pasarela. En Melbourne deslumbró con un traje de medusa espectacular. En París apareció con un vestido dorado, brillante, inspirado en la Torre Eiffel. En Londres, respetó la tradición con un kimono japonés blanco, sobrio y elegante.
En el US Open, tocaba subir un peldaño más.
Una entrada cargada de historia
Para su debut en primera ronda en Nueva York, la cuatro veces campeona de grandes irrumpió envuelta en una túnica blanca con capucha. No era un simple abrigo de calentamiento: sobre la tela, cosidos, aparecían recortes de periódicos con los grandes titulares de su carrera. Un collage de su propia historia, llevado al cuerpo.
Cada paso hacia la pista central contaba algo: títulos, portadas, momentos que la han definido dentro y fuera de la pista. Osaka no solo entraba a jugar; entraba acompañada por la memoria de todo lo que ya ha hecho en este deporte.
Debajo, esperaba el verdadero guiño de la noche.
Un homenaje directo a Allen Iverson
Al desprenderse de la capa, apareció el contraste: un conjunto completamente negro, de inspiración baloncestística, con estética clara de cancha NBA. No era casualidad. Osaka explicó después que ese look estaba inspirado en Allen Iverson, el base que cambió para siempre la forma de vestir en su liga a finales de los noventa y principios de los 2000.
“Es un pionero. Creo que es alguien a quien admiro mucho, porque ha hecho mucho en la moda, haya sido de forma intencionada o no”, dijo Osaka tras el partido. Para ella, Iverson no solo fue un genio del balón; fue un detonante cultural.
“Ha cambiado la forma en la que los jugadores de la NBA se visten. También creo que toda la conversación en torno a la ropa en el deporte y a expresarse a través del estilo… siento que es alguien a quien admiro en ese sentido”, añadió.
En Osaka, la referencia no es solo estética. Es una declaración: la tenista se ve a sí misma en esa línea de deportistas que entienden la pista como escenario deportivo y escaparate cultural a la vez.
Dos ‘tie-breaks’ para sellar el estreno
Entre tanta narrativa visual, había un partido que ganar. Al otro lado de la red, la rusa Anastasia Zakharova, número 101 del mundo, dispuesta a aguar la noche.
Osaka tuvo que trabajar cada punto. El primer set se decidió en un ‘tie-break’ apretado, 8-6, que marcó el tono del encuentro: pocas concesiones, muchos intercambios y una japonesa obligada a afinar en los momentos clave. El segundo parcial siguió el mismo guion. Zakharova resistió, Osaka buscó imponer su pegada desde el fondo, y de nuevo todo se resolvió en la muerte súbita.
Esta vez, la ex número uno del mundo no dejó margen: 7-3 en el desempate y 7-6, 7-6 en el marcador final. Sin brillantez desbordante, pero con la solidez competitiva que tantas veces la ha llevado a la cima.
La noche terminó como había empezado: con Osaka en el centro del foco. Primero, por lo que llevaba puesto. Después, por lo que fue capaz de hacer con la raqueta. Y en un US Open que siempre vibra con las grandes personalidades, su figura vuelve a lanzar una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede llegar cuando el tenis y el personaje vuelven a caminar al mismo ritmo?






