Naomi Osaka y su desafío a los códigos del tenis
Naomi Osaka vuelve a encender el debate: “Si las que vienen detrás tienen un camino más fácil, vale la pena”
Naomi Osaka ya no solo rompe esquemas con la raqueta. También lo hace con la ropa. Y no piensa dar un paso atrás.
A sus 28 años, la japonesa, cuatro veces campeona de Grand Slam, se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles del tenis… y también de la moda en pista. En este US Open volvió a dejarlo claro: un vestido blanco con capucha para saltar a la Arthur Ashe en su debut ante Anastasia Zakharova, casi más cercano a una alfombra roja que a un calentamiento de primera ronda.
Debajo, un conjunto completamente negro, de inspiración baloncestística, con el que disputó el partido. Trenzas, cinta en la cabeza y un guiño directo a Allen Iverson, a quien definió como un “pionero” por todo lo que representó en la cultura y en la forma de vestir dentro de la NBA. Osaka quiso rendirle homenaje no solo en la estética, sino en la actitud: desafiante, sin miedo a incomodar.
La puesta en escena no se quedó ahí. En su duelo de octavos de final, que acabó con derrota ante Elena Rybakina, apareció con un abrigo decorado, otra pieza pensada para llamar la atención antes de que volara la primera pelota. Cada paso que daba hacia la línea de fondo alimentaba el debate: ¿es show innecesario o una nueva forma de expresión en un deporte históricamente rígido?
Las críticas no tardaron en llegar. Osaka las leyó. Y respondió.
En una publicación en redes sociales, la ex número uno del mundo defendió con firmeza su derecho a experimentar con su imagen, conectando este capítulo con otro momento clave de su carrera: cuando en 2021 se plantó ante la obligación de hablar con los medios en Roland Garros, alegando motivos de salud mental, y terminó retirándose del torneo.
“No me importa ser la primera en hacer algo y que me destrocen por ello”, escribió. “Esto ya pasó cuando hablé de salud mental y, por alguna razón, ahora está pasando con mi ropa lol”.
Osaka, hija de padre haitiano-estadounidense y madre japonesa, también subrayó el peso de sus raíces en la forma en que se presenta al mundo. “Soy literalmente haitiana, lo llevo en la sangre para ser así, mientras que las personas que vienen después de mí tengan un camino más fácil, vale la pena”.
No hay estadísticas que midan el impacto de un vestido con capucha o de un abrigo bordado en la evolución del tenis. Pero Osaka ya ha demostrado que no teme abrir puertas a golpe de decisión impopular. Lo hizo cuando habló de su ansiedad y su depresión en plena élite. Lo hace ahora, desafiando códigos no escritos sobre cómo debe lucir una campeona en una pista de Grand Slam.
En un circuito que lucha por rejuvenecer su imagen y conectar con nuevas audiencias, la pregunta ya no es si Osaka se viste “demasiado” para un partido. La verdadera cuestión es cuántas jugadoras se atreverán a seguir su camino cuando la tormenta de críticas cambie de objetivo.






