Naomi Osaka brilla en Nueva York: moda y victoria en Arthur Ashe
Naomi Osaka tardó apenas unos segundos en recordar a todos que el US Open también es pasarela. Antes de pegar un solo golpe, ya había ganado el primer set estético de la noche.
Apareció en el Arthur Ashe Stadium envuelta en una túnica con capucha, de aire casi ceremonial, construida a base de paneles tipo patchwork cubiertos con recortes de prensa de sus propias gestas en torneos anteriores. Detrás, una larga cola de tul blanco flotaba sobre la pista como si ella entrara a escena más que a un partido. No era solo un “walk-on outfit”; era una declaración: Naomi está de vuelta y quiere que se note.
Minutos después, la dos veces campeona del US Open convirtió ese impacto visual en resultado deportivo: victoria por 7-6 (8/6), 7-6 (7/3) ante la rusa Anastasia Zakharova, número 101 del mundo, en un duelo mucho más apretado de lo que el ránking sugería.
De Iverson a la pista dura
En Flushing Meadows, Osaka compite con un atuendo inspirado en Allen Iverson, leyenda de la NBA y Hall of Famer. La referencia no es casual ni superficial. Ella misma lo explicó: es su homenaje a un icono que desafió moldes y convirtió la cancha en escenario de identidad.
“Es mi tributo a Iverson. Me gusta mucho”, contó después del partido. “Nike dijo baloncesto, así que dije: ‘¿Quieres baloncesto? Te daré baloncesto’. Me gusta expresarme a través de la ropa, y me alegra que lo apreciéis”.
No es un capricho aislado. En cada grande de la temporada, Osaka ha construido un relato visual propio. En Wimbledon, honró sus raíces japonesas con un conjunto inspirado en el kimono, rematado con un tradicional adorno kanzashi en el cabello, antes de cambiarse al clásico equipamiento blanco de Nike. En Roland Garros, irrumpió con una falda negra de Kevin Germanier y compitió con un conjunto en capas de amarillo, marrón y dorado, inspirado en el brillo nocturno de la Torre Eiffel. En Australia, su estética tomó como referencia la forma y movimiento de una medusa.
En Nueva York, el guion mezcla cultura pop, baloncesto y memoria personal. Y, entre tanta narrativa visual, hay un dato que no conviene olvidar: Osaka sigue sabiendo sufrir partidos.
Un inicio arrollador… y un aviso de Zakharova
La japonesa, cuatro veces campeona de Grand Slam, arrancó como si la noche fuese a ser corta. Se colocó 4-1 arriba en el primer set, dominando con autoridad, soltando el brazo y marcando el ritmo desde el servicio. Parecía un trámite.
Pero Zakharova no viajó a Nueva York para ser figurante. Se aferró al fondo de pista, ajustó los golpes y empezó a encontrar líneas. El marcador se apretó, la rusa fue ganando confianza y el set desembocó en un tie-break que convirtió el lujo de la túnica en algo secundario: tocaba competir.
Osaka mostró entonces otra de sus señas de identidad: la capacidad de responder cuando la cuerda se tensa. Se llevó el desempate por 8/6, apretando en los puntos clave y recordando a la versión campeona que tantas veces ha levantado este estadio.
La madrugada y los nervios del regreso
Lejos de rendirse, Zakharova volvió a forzar el límite en la segunda manga. Osaka no terminó de encontrar continuidad, dejó escapar ventajas y el partido se estiró hasta otro tie-break, esta vez con la noche ya convertida en madrugada neoyorquina.
Cerca de las 12:30 de la noche, con parte del público abrigado y otro tanto resistiendo al sueño, la japonesa volvió a templar el pulso. Cerró el segundo desempate por 7/3 y selló el triunfo en dos sets que, en realidad, exigieron mucho más de lo que el marcador podría sugerir a primera vista.
“Diría que me lo ha exigido todo”, admitió después, todavía sobre la pista, mirando el reloj interior del estadio. “No tengo ni idea de qué hora es. Gracias por quedaros”. No sonó a frase hecha, sino a alivio. A gratitud real por volver a ese escenario donde fue campeona en 2018 y 2020.
“Estoy agradecida de poder jugar otra vez en esta pista”, añadió. “Me dije a mí misma que no quería tener remordimientos. Quería salir y competir… Estaba un poco oxidada. Me pongo nerviosa en las primeras rondas. Quiero hacerlo bien y enseñaros nuevos conjuntos”.
La confesión encaja con lo que se vio: una Osaka aún en fase de ajuste, pero con el colmillo competitivo intacto en los momentos que deciden un partido grande.
Lo que viene: tenis por encima del vestuario
Cabeza de serie número 13 en este US Open, Osaka se medirá en segunda ronda a la checa Kateřina Siniaková, una rival incómoda, sólida y con experiencia en escenarios importantes, sobre todo en dobles pero cada vez más peligrosa también en individuales.
El desfile de moda seguirá, seguro. Habrá otro “look”, otra historia cosida a mano en cada prenda. Pero a partir de ahora, con el cuadro apretándose y las madrugadas de Nueva York volviéndose más frías y ruidosas, la pregunta es otra: ¿hasta dónde puede llevar este regreso una jugadora que ya sabe lo que es adueñarse de este torneo?
En la noche de Arthur Ashe, entre tul blanco, recortes de periódico y un guiño a Allen Iverson, Osaka dio una primera respuesta: todavía está aquí para ganar partidos difíciles. Y en este deporte, eso pesa más que cualquier túnica.






