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Nigar Sultana renuncia como capitana tras derrota ante India

Nigar Sultana renuncia al brazalete para salvar su bate

En Korogi Sports Park, mientras el marcador seguía escupiendo cifras duras de digerir, Nigar Sultana tomó una decisión que va más allá de una derrota abultada. La capitana de Bangladesh en el formato T20I confirmó que dejará el cargo para centrarse en lo que siente que todavía no ha entregado del todo: sus runs.

Lo hizo después de una paliza. India las arrolló por 114 carreras en la semifinal de los Asian Games 2026, impulsada por una exhibición descomunal de Shafali Verma, autora de un centenar invicto de 100 en solo 49 bolas. El 195/4 que dejó India en el tablero no fue solo un total grande; fue un espejo incómodo para una alineación bangladesí que volvió a derrumbarse.

No me fui por estar herida

En los días previos se había instalado la versión de que Nigar quería abandonar la capitanía por falta de apoyo del board en los momentos más complicados. Ella lo desmintió con claridad.

«No, es totalmente falso que me haya ido porque estaba herida», explicó ante los periodistas tras la derrota. «Como bateadora, como jugadora, tengo mucho más que darle a mi país y a mi equipo. Quiero centrarme en eso, y por eso tomé esta decisión».

Nigar ya había comunicado al board que no deseaba seguir como capitana T20I después de los Asian Games. La semifinal ante India la deja, por tanto, a las puertas de su último partido al frente del equipo en este formato.

India golpea, Bangladesh se desploma

El guion del encuentro fue brutal en su sencillez. Invitadas a lanzar primero, las jugadoras de Bangladesh nunca lograron frenar el impulso indio. Shafali Verma impuso su ley desde el inicio, castigó cualquier error de longitud y construyó su primer centenar internacional T20I con una mezcla de potencia y frialdad que desbordó por completo al ataque bangladesí.

El 195/4 con el que se cerró la primera parte del duelo ya olía a sentencia. Y la respuesta de Bangladesh lo confirmó. Desde las primeras bolas de la persecución, la alineación se vio sin respuestas, sin anclas, sin nadie dispuesto a soportar el peso del objetivo. El equipo se desplomó hasta un 81 en 15.4 overs, sin resistencia real, sin una entrada que diera algo a lo que agarrarse.

Nigar no se escondió.

«Cuando persigues un total tan grande, este tipo de colapso es natural», admitió. «Con una bola un poco mejor podríamos haberlas limitado a menos carreras». Pero su análisis fue más duro con el propio bateo. «Cuando un equipo se derrumba por tan pocas carreras, nosotras, como bateadoras, claramente no asumimos ninguna responsabilidad. Si al menos una bateadora del top-order se hubiera quedado hasta el final, podríamos haber sumado más carreras».

El contraste estaba ahí mismo, en el mismo terreno. Sri Lanka había logrado 107 ante Pakistan en ese pitch unas horas antes. Bangladesh ni siquiera se acercó a esa cifra.

Preparación a medias, lamentos completos

Nigar también puso el foco en algo que no se ve en el marcador: la preparación. La lluvia en Japón recortó al mínimo el trabajo previo del equipo. Solo dos días de práctica antes de un torneo continental. Demasiado poco para un grupo que ya llegaba con dudas con el bate.

El partido programado ante China se esfumó por la lluvia. El amistoso que pretendían disputar también se cayó del calendario. Bangladesh aterrizó en el torneo casi a ciegas.

«Prácticamente no tenemos instalaciones de entrenamiento aquí», lamentó Nigar. «Si hubiéramos jugado ese primer partido contra China, habría sido mucho mejor para todo el equipo. Pero también perdimos esa oportunidad. En general, diré que todo el equipo jugó un cricket muy pobre».

No buscó excusas, pero sí dejó claro el contexto de una preparación improvisada, remendada sobre la marcha. El resultado fue un equipo sin ritmo, sin confianza y con un bateo que se desmoronó en cuanto el objetivo se disparó por encima de lo habitual.

Un último mando y una medalla en juego

La derrota ante India las saca de la carrera por el oro, pero no del torneo. Queda el partido por el bronce ante Pakistan. Y ahí se cruza la decisión personal de Nigar con la oportunidad colectiva de salir de Japón con algo más que frustración.

Será su último partido como capitana T20I. Un cierre simbólico y, a la vez, muy concreto: hay una medalla en juego y un rival al que Bangladesh conoce bien.

«Tenemos un buen historial contra Pakistan. Hay un sentido de positividad ahí», aseguró, mirando ya al siguiente reto.

La capitana que renuncia para rescatar a la bateadora tiene ahora un desafío claro: transformar ese “sentido de positividad” en runs, carácter y, si todo encaja por una vez, en un bronce que dé algo de luz a un ciclo que termina entre golpes y preguntas.