Nikita Tszyu apunta a Estados Unidos tras polémico empate
Nikita Tszyu ha pasado de la duda a la convicción. Un mes después de admitir que creía haber perdido ante su compatriota Ben Mahoney en Brisbane, el superwelter australiano asegura ahora que, revisada la pelea con calma, el veredicto justo habría sido su victoria. Y con esa nueva certeza mira ya hacia el gran escenario: Estados Unidos.
El menor de los Tszyu salió de aquel combate con un empate y con la sensación pública de haber cedido el relato. Las tres tarjetas, muy dispares, dejaron la contienda en tablas. Mahoney celebró como si hubiera conquistado un título mundial, girando por el ring, brazos en alto, mientras desde el rincón rival Tim Tszyu no ocultaba su desdén. Su equipo habló de “atraco en la carretera”. El ruido fue inmediato.
Nikita, en cambio, sorprendió a todos con una honestidad poco habitual en este deporte: dijo que pensaba que había perdido. Hoy, tras ver la pelea repetida, el discurso es otro.
“No soy un muy buen juez”, reconoce ahora sobre aquel primer análisis. Ya con la cinta delante, se vio diferente: “La anoté 7-3. Siendo generoso, 8-4. Creo que gané la mayoría de los asaltos intermedios. Le di los dos primeros y los dos últimos, pero todo lo de en medio fue mío”. No se arrepiente de lo que dijo en caliente: “Era lo que sentía en ese momento”.
Esa mezcla de autocrítica y orgullo herido ha encendido algo. El invicto pegador de Sídney, 29 años, siente que sus mejores noches aún no han llegado. Y quiere que lleguen al otro lado del Pacífico.
Lección aprendida… y cambio de chip
Con un registro de 12-1-0 y 10 nocauts, Tszyu siempre ha llevado una progresión medida, sin precipitar saltos al máximo nivel internacional. Su equipo ha preferido construir carrera, no quemarla. La sombra de su hermano mayor también pesa: Tim dejó su cinturón IBO del peso superwelter en Estados Unidos ante Sebastian Fundora, perdió la revancha y sufrió un castigo severo en otra pelea mundialista frente a Bakhram Murtazaliev. América ha sido, de momento, un territorio hostil para el apellido.
Nikita no se asusta. Al contrario, ve en la batalla con Mahoney un punto de inflexión. “Creo que puedo descifrarlo”, afirmó en declaraciones a AAP. “Esta pelea fue una gran curva de aprendizaje y me puso muchas cosas en perspectiva. Tengo que ser mucho más profesional en la forma en que hago las cosas”.
Y ahí entra en escena su vida fuera del ring. Tszyu admite que ha llegado demasiado “humano” a las concentraciones. “No puedo estar haciendo jardinería cerca de la pelea. No puedo estar haciendo trabajos de carpintería cerca de la pelea. Son malos hábitos que tengo”. La conclusión es contundente: “Sí, tengo que ser un atleta profesional”.
Dicho de otro modo: menos serrucho, más guantes.
Arizona en el horizonte
El siguiente paso ya tiene boceto. No Limit Boxing, la promotora que guía su carrera, trabaja para colocar a Nikita en la cartelera del gran evento que encabezarán David Benavidez y Michal Cieslak en Phoenix, Arizona, el 12 de diciembre. Sería su carta de presentación ante el público estadounidense, en una noche con foco mundial.
No hay garantía aún. Si la fecha en Estados Unidos no se concreta, No Limit ya ha asegurado que Tszyu peleará al menos una vez más en 2026 en Australia. Pero el mensaje es claro: el círculo doméstico empieza a quedársele pequeño.
La polémica con Mahoney le dejó un empate, algo de ruido y una revisión incómoda frente a la pantalla. De ahí ha salido un boxeador que ya no se conforma con dominar en casa y que ha entendido que el talento, sin disciplina absoluta, no alcanza en la élite.
La siguiente vez que suene la campana, quizá sea en Phoenix. Y entonces ya no habrá espacio para dudas ni para jardinería. Solo para comprobar si el apellido Tszyu puede reescribir su historia en territorio estadounidense.






